blogeditor · 29 de julio de 2022
Recuerdo desde pequeña empezar a preguntarme: ¿por qué las cosas son así? ¿Por qué pertenecer a la comunidad LGBTIQ+ está mal visto? ¿Realmente existe un Dios? ¿Fue ese comentario machista? ¿Discriminamos sin darnos cuenta? Las respuestas a estas preguntas, como buena centennial, fueron contestadas por Internet. Pero nunca fueron indagadas ni formuladas directamente a mis entonces figuras de autoridad/referencia: mi familia o maestr@s; para ser honesta, me daba miedo preguntarles.
Durante los siguientes años, más de una vez evité tocar ciertos temas con ciertas personas para “no incomodar” o “para llevar la fiesta en paz”. Y es recientemente que empiezo a hablar de feminismo, legalización del aborto, comunidad LGBTIQ+, salud mental, agnosticismo, discriminación, misoginia, clasismo y demás temas “incomodos”.
Sé que no soy la única en una situación similar. Y lo que ahora me pregunto es ¿por qué hasta ahora? ¿Por qué tanto silencio?
Empecemos por hablar del sistema social. El movimiento natural de cualquier sistema es seguir como va; por eso las diferencias se conciben como errores o cosas mal hechas y son rechazadas, pues se salen de lo establecido y funcional. Lo anterior se puede resumir como el statu quo (orden social establecido) de una comunidad.
Clotaire Rapaille, en su libro El verbo de las culturas, determina que “aguantar” es el verbo para México, señalando que nuestra cultura es producto de múltiples siglos de abusos institucionales y frustraciones: cuando algo salgo sale mal no lo cambiamos, sino que lo aguantamos. Pareciera que entre más se pueda soportar, más orgullosos deberíamos sentirnos. Nuestra historia ha ocasionado que rechacemos lo disruptivo. Pero es que ¿cómo no hacerlo? Si la incertidumbre nos altera y el cambio nos asusta, poniéndonos en una situación realmente incómoda. Permanecer en la zona de confort y esperar a que alguien más haga un cambio es lo fácil.
¿Entonces qué es difícil? ¿Cuál es el verdadero reto? El reto es darnos cuenta de las problemáticas sociales que afectan a un grupo, cuestionarse el statu quo, estar dispuest@ a reaprender y salir de la comodidad de la ignorancia; eso es lo realmente difícil, porque ser crítico con nuestras acciones, por mínimas o “sin importancia” que sean, tiene repercusión en otras personas y realidades.
Hoy puedo decir con alivio y orgullo que muchas y muchos hemos dicho no al silencio, hemos decidido entrarle al reto, a lo difícil, y no solo participar sino generar todas esas conversaciones “incómodas”.
Tenemos el viento a favor. En la era de la infodemia debemos no creer nada y cuestionarnos todo, ser más libres, tener autonomía, mirar otras perspectivas y no callarnos.
Afortunadamente, al salir de universidad, encontré en mi lugar de trabajo, LEXIA, el ecosistema ideal para dar el salto a no dejar de hablar. Un lugar donde los cuestionamientos no faltan, las preguntas nunca son incómodas y la mirada se dirige siempre hacia todos los ángulos.
* Myrna Maravert (@MyrnaMaravert) es Trainee Cualitativo en LEXIA Insights & Solutions, pasante de la licenciatura en mercadotecnia por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla.