Convención internacional sobre plásticos: uno pone, otro propone, negocian y lo descomponen

Redacción Animal Político · 22 de agosto de 2025

Convención internacional sobre plásticos: uno pone, otro propone, negocian y lo descomponen

¿Qué pasó con el Tratado Internacional contra la Contaminación por Plásticos que ya debería estar firmado y en marcha? Decidimos posponerlo y no ser drásticos con los plásticos.

Soy Thelma González, química por parte de la UNAM y biotecnóloga por parte de la Universidad de Glasgow. Llevo más de 7 años trabajando con bacterias y hongos capaces de degradar plástico para lograr mi objetivo de vida: acabar con la contaminación por plástico en el mundo.

Es de dominio público que desde los años 80, el plástico que utilizamos para productos (algunos absolutamente banales), se ha acumulado por una mala planeación de producción de plásticos y gestión de residuos.

Pero fue hasta el 2010 que las alarmas comenzaron a activarse por acumulación de residuos plásticos por aquí en ciudades, por allá en ríos y por acullá en barrancos, siendo ignoradas por gobiernos y sociedad hasta que un fatal día en marzo 2022 nuestro tiempo se acabó.

En marzo del 2022 descubrimos por primera vez que en muestras de sangre de diferentes humanos alrededor del mundo había microplásticos. El haber ignorado las acumulaciones de plástico solo había hecho que esos se rompieran en pedacitos y poco a poco se introdujeran en diversos ecosistemas, en las plantas, los animales, nuestros intestinos, pulmones, riñones, hígados ¡y hasta en nuestros cerebros! Las consecuencias de esto aun no nos quedan del todo claras, pero no se augura nada bueno.

La ONU inmediatamente convocó a todos sus países miembros y por medio de la UNEP (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente) designó a un encargado para hacer un tratado internacional para evitar una catástrofe de salud ambiental y salud pública que traerán consigo los plásticos y microplásticos. Los países acudieron al llamado lo más pronto posible.

Se planearon cinco rondas de negociación, una cada seis meses, denominadas INC (Intergovernmental Negotiating Committee on Plastic Pollution).  Pero al llegar al día final de las cinco negociaciones aún no se tenía un texto con el que todos los países estuvieran de acuerdo. Sin embargo, se logró generar un buen boceto de 32 artículos con el que, según la perspectiva de algunos optimistas, podría haber un tratado contra la contaminación por plástico pronto. Sólo haría falta una sesión más para alinear desacuerdos y darle al mundo un instrumento legalmente vinculante que nos llevara al camino de la protección y la salud.

Así es como llegamos a la sesión INC 5.2 en Ginebra, Suiza, el 4 de agosto del 2025, con representantes de más de 170 países listos para negociar los últimos detalles del tratado, firmarlo y celebrar la hazaña humana con un chapuzón en el lago Lemán.

Logré acudir a las negociaciones de este tratado para poder entender mejor cómo podría acercarme a mi propósito de acabar con la contaminación por plástico gracias a la organización Ágora, que me hizo la invitación al conocer mi trayectoria. Estando ahí, me di cuenta de que no sólo hay diplomáticos de amplia carrera política en la negociación, también hay activistas, miembros de la sociedad civil, periodistas y comunicadores que estamos presentes con la oportunidad de expresar nuestras preocupaciones y ser escuchados por las delegaciones de todos los países.

Vi un poco de todo. Acuerdos, protestas, indirectas, optimismo, negacionismo, decepción y mucha esperanza en un futuro libre de efectos negativos del plástico. Todo menos indiferencia.

El director del INC, el ecuatoriano Luis Vayas Valdivieso, subrayó enérgicamente la instrucción del tratado: “Nada está acordado hasta que todo esté acordado”. Pero, ¿por qué habría países que no estén de acuerdo con limitar la generación y distribución de contaminantes en el mundo?

Parece contraintuitivo, pero tiene mucho sentido cuando uno toma en cuenta que en este tipo de tratados no sólo están en la mesa argumentos pragmáticos y científicos, sino geopolítica y dinámicas de poder en su máximo esplendor. Hubo momentos de tensión, de participaciones contradictorias, sesiones innecesariamente largas y comentarios irrelevantes durante los diez días de negociación.

Aquellos países con mayor producción de plástico o con mayor producción de contaminantes plásticos abogaban por un tratado débil, frágil y prácticamente voluntario. Alargaban innecesariamente las sesiones e interponían objeciones a cada detalle para ganar tiempo.

Aquellas naciones donde la industria del petróleo esta más desarrollada se oponían fuertemente a poner un freno a la producción de plásticos, argumentando que si el reciclaje y la gestión de residuos se hiciera de forma adecuada, no tendrían que preocuparse por la cantidad de plásticos que se siguiera produciendo. Ni siquiera consideraban necesaria la inclusión de la definición de plástico en el tratado o la mención explícita del nombre químico de sustancias de mayor peligro dentro del texto.

Sin embargo, les voy a decir otra cosa contraintuitiva: me da gusto que no se haya firmado. No es que no quiera lo mejor para este planeta, es que el texto que proponían firmar en las últimas horas de negociaciones era uno que no incluía puntos clave de vital importancia para disminuir la contaminación por plástico:

  • No podría hacerse más estricto al pasar de los años.
  • No había mención del impacto a la salud humana que podrían tener los plásticos.
  • No se mencionaba en absoluto el derecho a un ambiente sin contaminación como derecho humano.
  • No había una lista de “químicos de peligro” que por lo general se usan como aditivos en productos plásticos.
  • No se pretendía regular la producción de plásticos en ningún país.
  • Aquellos países más contaminadores o de mayor producción no estaban precisamente obligados a apoyar (o al menos pagar) por el gran problema que estaban generando.

Los países más afectados por la contaminación por plástico son las islas pequeñas localizadas en el sureste asiático, quienes argumentaban ni siquiera producir plástico, pero estar recibiendo toneladas de residuos diarios porque las corrientes marinas arrastran los desechos a sus costas. Estos delegados buscaban que hubiera una sanción monetaria a los países sin correcta gestión de residuos o que existiera un fondo de apoyo internacional que pudiera impulsarlos a innovar para resolver ese problema que no habían causado y que ahora tenían que enfrentar.

En general, colectivos de observadores externos, desde los científicos más pragmáticos hasta los más apasionados activistas acordaron que el tratado propuesto iba a ser débil y poco útil ante la gran crisis que estamos por enfrentar. Firmar cualquier texto para sentir que “hicimos algo” sólo nos iba a retrasar en tomar medidas verdaderamente urgentes y radicales para proteger a la población mundial. Las delegaciones de cada país, en especial de aquellos países más afectados, saben perfectamente que un tratado débil los alejaría más de cuidar a sus ciudadanos.

Por eso me da gusto que no se haya firmado un tratado débil y frágil que sólo beneficiaría a quien más contamina. Necesitamos acciones contundentes para exigir nuestro derecho humano de vivir con dignidad y salud.

¿Qué sigue entonces? Nos vemos de nuevo en seis meses, en una locación aún por definir, con dinámicas de negociación diferentes, argumentos renovados, conocimientos actualizados, procesos más flexibles y mucha más determinación para lograr lo imposible: unir a toda la humanidad para actuar de manera segura y firme en contra de la contaminación por plástico.

* Thelma Gonzalez (@thelmaniaca) es Química Farmacéutica Bióloga de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y Maestra en Ciencias por la Universidad de Glasgow, Reino Unido. Fundadora de “Spootnik”, empresa dedicada a crear vasos, platos y cubiertos comestibles para evitar el uso de plásticos desechables de un solo uso. Actualmente lidera el proyecto de divulgación de la ciencia denominado “Biothelmología”, en donde, por medio de infografías en redes sociales, habla de temas de sustentabilidad, contaminación, cambio climático y biotecnología.