blogeditor · 13 de mayo de 2013
La Nomenklatura mexicana exhibe una gran desconexión entre el discurso y la práctica. Se celebran alianzas que resolverán La Pobreza y el Hambre, con proveedores de comida chatarra.
El nieto de Malcolm X es asesinado a golpes en Garibaldi: ahí donde la policía del DF despierta a indigentes con cubetazos de agua fría y sonoras mentadas de madre, para que el espacio luzca bonito.
Vivimos una transición en espiral que no llevó a ningún lado y retrasó cambios impostergables.
En algo contribuye la cursilería alentada desde la cúspide, desde tiempos inmemoriales. El ‘Trabajo Fecundo y Creador’, de la campaña de Adolfo Ruiz Cortines, presidente de 1952 al 58. La galanura de López Mateos, con todo y autos deportivos (debilidad compartido por otro caudillo cutre, el argentino Carlos Menem). Díaz Ordaz como defensor de la Nación agradecida ante las amenazas de su imaginación (represión y muerte que canceló vías democráticas). Echeverría, el titán Tercermundista. López Portillo, o Quetzalcoátl-Quijote. (Su hermana la Poetisa y Encarnación moderna de Juana de Asbaje). De la Madrid en principio oponiéndose nacionalísticamente a que la ayuda internacional llegase puntualmente a México, después del sismo de septiembre 1985. CSG conminando a su audiencia cautiva en la tele, para que ésta se ponga de pie al unísono y entone el Himno Nacional después del anuncio de la liquidación y/o renegociación de parte de la deuda externa mexicana.
So-li-da-ri-dad es nuestra, ah… con el trabajo se demuestra
La historia de esta desmesura ética y estética es amplia, e incluye países que fueron o siguen siendo totalitarios. Abarca, por ejemplo, a Corea del Norte y sus sucedáneos en lugares como Azerbaiyán, que hace de Tlaxcoaque (con sus referencias históricas erróneas y propaganda contra las y los armenios, en el sitio donde se extrajeron cadáveres con huellas de tortura en los separos de la policía política de México, tras el sismo del 19 de septiembre de 1985), un rincón adicional de Bakú.


El candidato Zedillo lustrando calzado durante su campaña. Vicente Fox y Marta Sahagún sellando su amor: besándose frente a la Basílica de San Pedro. Felipe Calderón jugando a ser milico: ataviado en verde olivo, al inicio de su administración.
Enrique Peña Nieto, Angélica Rivera y el cuento de hadas sexenal producido por televisoras, revistas…
Son categorías que incluyen espacios importantes de la vida nacional; reflexiones que en otro contexto –el de entreguerras- fue elaborado por autores de ficción, ensayistas y críticos de arte.
Para el austriaco Hermann Broch, el kitsch aspiraba únicamente al Efecto, mirando hacia un pasado petrificado y eternamente repetible. Con herramientas y recursos para su reciclaje adaptadas a distintas épocas y circunstancias, pero con su núcleo indestructible. Prosperando por y para la inautenticidad y simulación que conforman sus cimientos. Mentiras impías que suelen disfrazar exitosamente su debilidad.
En México se perpetúa el kitsch como brújula y ardid de sometimiento. Una forma política de vida.
Su receta fantasiosa: Peña Nieto regalando a las madrecitas el mejor de los obsequios (según sus propias palabras), en su día: reformas pactadas con los partidos. La realidad: Madres que marchan en recuerdo de sus hijas e hijos desaparecidos por Avenida Reforma, hasta el Ángel de la Independencia. Que organizan huelgas de hambre y que exigen Justicia: que la autoridad dé con el paradero de sus seres queridos.


Por un lado #LadyAlfa3 o #LadyPorsche, amedrentando a elementos policíacos después de chocar el Boxter que conducía a exceso de velocidad. Por el otro, Laura Rodríguez, la víctima arrollada, con severas lesiones, en estado grave y de pronóstico reservado. (Algunos medios dan por hecho que Laura Rodríguez sufrió muerte cerebral).
O #LadyProfeco y su padre que recibe el espaldarazo definitivo de un presidente cuyo gobierno no iba a ser de amigos (¿pero sí de cómplices?).
Nada más sencillo que comparar el cursi andamiaje y vocabulario oficial: sus señuelos retóricos y enclenque sintaxis monumentaloide: escenografías del Vacío como Ruta Única para Resolver los Problemas Nacionales, con los testimonios y vivencias de los que padecen sus embates.
Es el único recurso con el que parece contar un entramado político y empresarial cada vez más alejado de las necesidades de amplios sectores de la población. Sectores náufragos del progreso; de los beneficios de una efectiva separación de poderes, y cruciales equilibrios estructurales. Sin propuestas que no sean reediciones de lo Irrepetible, el kitsch de Obra y Palabra se asoma como el último valladar ante el caos y la barbarie en sus numerosas manifestaciones. Sólo es el espejo distorsionado de una Casa de Horrores en la que se ha convertido la realidad en muchos lugares del país. El Eterno Retorno de la programación de siempre.
Conforme avance el sexenio, más delirios producirá este culebrón. Tendremos que prepararnos: afilar nuestra crítica.
Las oposiciones mexicanas –su gran mayoría- participan en la farsa. Se ve difícil que recuperen el peso específico que tuvieron a lo largo de los últimos quince años. Mimetizan sus proyectos al de la casta de brahmines tricolores dominante.
Los logros ciudadanos: parciales e inconclusos, pueden revertirse. No hace falta ser muy perspicaz para atisbar en la irrupción del kitsch institucionalizado, el anhelo de lo que fue -y no puede volver jamás. Se podrá avanzar en la profundización de cambios perdurables sólo si ejercemos la capacidad activa de resistir mediante el disenso. Algo que pasa por señalar cómo se aleja la retórica y sus instrumentos visibles, de la esfera cotidiana.