Redacción Animal Político · 29 de octubre de 2025
Cuando reflexionamos nuestro trato hacia los demás animales, podemos pensar que las responsabilidades que tenemos hacia ellos dependen completamente de ciertas características esenciales, como su capacidad de sintiencia, racionalidad, autoconsciencia, etcétera. Aunque esto sea de gran importancia, también destacan otros aspectos más contextuales.
Durante la segunda mitad del siglo pasado aparecieron las teorías más importantes que explican y defienden que los animales no humanos sean considerados en nuestras acciones, se les respete y se acabe con su explotación. Exponentes como Peter Singer, Tom Regan y Gary Francione (aunque no son los únicos, pues Henry Salt y Bernard Rollin, entre otros, también tienen trabajos al respecto) tienen propuestas robustas acerca de esto y han sido muy importantes para el movimiento en defensa de los animales. Dichas propuestas denuncian las prácticas especistas que la humanidad realiza y la inmoralidad de seguirlas llevando a cabo.
Estas propuestas están enfocadas en las capacidades inherentes de los individuos; es decir, consideran que la importancia moral radica en ciertas características inherentes relevantes a los sujetos a los que se refiere. Por ejemplo, Singer realiza su propuesta reconociendo que todos los individuos con sistema nervioso funcional serán seres sintientes capaces de tener sus propios intereses, como evitar el sufrimiento y buscar el placer. Mientras que Regan considera que todos los individuos que tengan ciertas capacidades concretas, entre las que se encuentran ser sintientes, tener emociones, sentimientos y memoria, una identidad psicofísica, sentido del futuro, etcétera, serán sujetos de una vida y tendrán valor moral inherente. De esta forma, todos los individuos que cumplan con las características que señalan estos autores serán integrados a nuestro círculo de consideración moral.
Estos trabajos argumentativos eran urgentes (y siguen siéndolo), pues la violencia que ejercemos hacia los demás animales es inmensa y brutal. Sin embargo, no son los únicos aspectos que debemos considerar en lo ético. Hay otros elementos que hay que considerar para tener una representación más detallada de las necesidades e intereses de los animales y que son criterios que justifican un trato especial hacia ciertos individuos en una situación específica.
Estas propuestas orientadas a las capacidades eminentemente señalan deberes en negativo. Esto es, señalan responsabilidades de no daño o no interferencia hacia terceros. Así, lo que las teorías clásicas en ética animal indicarían es no causar dolor, sufrimiento y muerte a los animales. Esto en sí mismo ya es un enorme paso, pues históricamente la humanidad no ha tenido consideraciones mínimas de respeto hacia las vidas de los demás animales.
En alternativa a las propuestas clásicas, existe otro grupo de teorizaciones que la filósofa inglesa Clare Palmer llama propuestas orientadas a las relaciones. Éstas proponen criterios complementarios de consideración moral en virtud de causalidades relevantes. Existen relaciones moralmente destacables de diferentes tipos, por las cuales podríamos adquirir deberes especiales hacia individuos más específicos, como causal, de parentesco, contractual, etcétera. Estos deberes especiales son en realidad deberes positivos, pues requieren más que nuestra mera omisión en realizar ciertas acciones, sino que demandan realizar acciones específicas.
Esto es necesario porque si sólo tenemos deberes negativos hacia los animales, no podríamos explicar por qué tenemos responsabilidades especiales para ciertos grupos. Es cierto que debe de haber criterios básicos y universales para los individuos sujetos a consideración moral, pero ¿por qué tendríamos más responsabilidades hacia algunos animales que con otros? Respondo esto con dos casos.
El lobo gis mexicano (Canis lupus baileyi) fue exterminado de vida libre debido a las campañas de los gobiernos estadounidenses y mexicanos en la primera mitad del siglo pasado. Los lobos se cazaban por considerarse amenazas para los animales domesticados destinados a consumo humano que habitaban en granjas. En la actualidad existen programas de conservación y se hacen reintroducciones de lobos criados en cautiverio para regresarlos a vida libre.
El otro caso es el de la pica americana (Ochotona princeps), un lagomorfo de Norteamérica que vive en hábitat alpino y que es hipertérmico, lo que significa que cuando llega a más de 26 grados centígrados, su cuerpo no puede termorregular de forma correcta y su sobrevivencia se ve comprometida. En la actualidad se ve amenazado por los efectos del cambio climático. Por ello se han realizado esfuerzos de relocalizar a estos individuos mediante lo que se ha llamado migración asistida, pues el clima y el ambiente donde se encuentran las picas ya no les es propicio.
Estos dos ejemplos ilustran la manera en la que hemos afectado a ciertos animales de forma directa, como el caso del lobo, o indirecta en el caso de la pica. Debido a que hemos alterado sus vidas de forma negativa, deberíamos emprender acciones de justicia restitutiva para subsanar el daño que les hemos causado. Así, no sólo tendríamos que evitar dañarles, sino que ahora hay que realizar acciones en concreto, como los programas de conservación del lobo y migración asistida para la pica.
Es así como el tipo de relación que tengamos con los animales también debe contar para determinar qué tipo de responsabilidades en positivo tenemos hacia ellos, pero no para quitarles o comprometer los derechos negativos que hay que reconocerles. Esto mismo es lo que pasa en el caso humano, pues la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece garantías mínimas universales para todos nosotros que no están sujetas a discusión, mientras que queda de parte de nuestros estilos de vida, estatus político, labores y condiciones físicas el tipo de derechos positivos que tendremos.
* Ricardo Vega es biólogo y candidato a doctor en Filosofía por la UNAM. Ha impartido cursos en las facultades de Ciencias y de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la misma universidad. Sus áreas de interés son la ética y la filosofía de la biología.
Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad exclusiva de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.