Redacción Animal Político · 27 de julio de 2022
Nombrar es un compromiso con el intelecto y con la opinión pública, contar muertos es una estrategia que apunta hacia el suceso sin comprometerse.
Rossana Reguillo
Evaluar la eficacia de un modelo de seguridad a partir del aumento o reducción de asesinatos es posible en países donde la violencia no esté desbordada. En México ha sido un error centrar la crítica o fincar esperanzas en las políticas de seguridad que solo miran al número de asesinatos.
Ahora que se presentan las cifras de asesinatos en 2021 surgirán voces que piden analizar con lupa la pequeña reducción o criticar la alta meseta que no se logra revertir. Estas cifras de asesinatos se esperan año con año como si fueran la revelación numérica del horror, como el número que detona la crítica o el aplauso, el éxito o el fracaso. Muy lejos de la realidad ambas posturas.
Sobra evidencia que indica que mientras los asesinatos han mostrado una muy pequeña reducción, las desapariciones han aumentado de manera importante. Por citar algunos ejemplos. El diario Noroeste ha reportado que “aunque las cifras oficiales muestran que los homicidios han disminuido en Sinaloa los últimos años, lo cierto es que los desaparecidos vinieron a ocupar su lugar”. Algo similar encontró México Evalúa para la Ciudad de México.
¿Será que tanto grupos criminales como agentes del Estado han decidido reducir los asesinatos desapareciendo cuerpos? ¿Lo harán para “no calentar la plaza” o para reducir las cifras de asesinatos? No lo sabemos ni lo sabremos, ya que nunca se hacen las investigaciones y menos se analizan los fenómenos.
La única fuente para consultar el número de personas desaparecidas es el portal creado por la Comisión Nacional de Búsqueda. Esta herramienta tiene muchos problemas. La información no se encuentra actualizada, los años más recientes tardan muchos meses o años en ser actualizados, se desconocen los faltantes que las fiscalías de todo el país no han enviado, los datos fluyen a cuenta gotas, se desconoce la enorme cantidad de desapariciones que no han sido denunciadas o el número de desaparecidos que no se encuentra con vida. A pesar de todo lo anterior, por los datos disponibles sabemos que las desapariciones se encuentran en aumento.
Evidentemente es perverso omitir del análisis de la seguridad al fenómeno de las desapariciones. Mucho se escribirá y se dirá en estos días haciendo solo el análisis sobre asesinatos. Hacerlo así es aceptar la narrativa del gobierno, del actual y de los anteriores. Nada más sesgado.
No, en México la seguridad debe ser evaluada por las cifras de asesinatos y también por la de desapariciones, tortura, trata con fines de explotación sexual, trata con fines de esclavitud, reclutamiento forzado de menores de edad, tráfico de migrantes, desplazamiento forzado, apropiación de tierra y territorio, extorsión, cobro de piso y secuestro. Las cifras precisas de estos fenómenos se desconocen. A diferencia de los asesinatos en los que hay un cuerpo y es inevitable para las autoridades registrarlo, el resto de fenómenos requiere denuncias que no se hacen, investigaciones que se omiten, registros que son un desastre. Adicionalmente, se debe incluir en el análisis del modelo de seguridad a la impunidad que para estos casos en México rebasa el 95%.
Por la información disponible podemos afirmar que aunque los asesinatos han disminuido ligeramente, las desapariciones crecen y crecen y el resto de las violencias es omitido de las mediciones precisas. No hacer estas aclaraciones al hablar de los asesinatos es miope.