Redacción Animal Político · 16 de agosto de 2023
Hola, mi nombre es Francesca y soy usuaria de drogas. Soy una más de ese 5.5 % de la población mundial que las consume. A mis 44 años me gusta asumirme como tal. De adolescente fumé mariguana, pero no fui usuaria habitual sino hasta hace 10 años. A los 26 probé una vez salvia y otra éxtasis, fueron experiencias de mucho disfrute. A la semana siguiente me volvieron a ofrecer, dije que no. Dieciséis años después volví a tomar, fue hermoso.
Tengo tres enfermedades crónicas, debilitantes y sin cura que me fueron diagnosticadas; decidí usar drogas distintas a las prescritas para intentar entender mis dolores, no sólo los físicos. La Huachuma/San Pedro en contextos ceremoniales fue la que en un momento más consumí y fue determinante para mi salud. Conocí la Ayahuasca en la misma época. Dolorosas y positivas experiencias. Pocos años después, en el año que cumplí 40, vinieron los hongos (macro y micro dosis). A los 42 el LSD, 2CB y la temida por prohibicionistas (y por mí), cocaína. La Ketamina llegó a mí el año pasado para tratar una depresión crónica que me acompaña desde que tengo recuerdo. Un doctor, ocho inyecciones de realidad.
La vida siempre me dolió, la melancolía, el estado basal. Sentirme ajena. Andar con una carga invisible pero opresiva. Desasosiego. Dualidad persistente. Anhelo que ardía por encontrar un sentido en medio de una falta de propósito. Tocar el peso de la existencia, el recuerdo de lo efímero. Resistir e insistir.
Mi consumo de drogas es un acto de rebeldía ante la inevitabilidad de la muerte, una afirmación de que, a pesar de la transitoriedad de la existencia, puedo encontrar valor y trascender en las cosas que me rodean. La mirada se enfoca en detalles sutiles que suelen pasar desapercibidos. Encuentro momentos de conexión genuina. Belleza y dolor. Resplandecer. La esperanza de encontrar un sentido personal, de acoger la vida con todas sus contradicciones y de encontrar la plenitud en existir: el presente, la vivencia y la apertura. Adaptabilidad y determinación para seguir, incluso en los momentos más intrincados.
La enfermedad fue una primera gran maestra. El budismo como filosofía. Las drogas para el autoconocimiento y el placer. Placer, ¿por qué se banaliza esto? ¿Por qué sería poca cosa? ¿Por qué se interpreta como un capricho, una nimiedad?
La vida es ruda y sublime. Pienso que no tiene otro sentido más que vivirla y yo he decidido que lo haré de la manera más placentera posible. Las drogas me dan placer. Las drogas me ayudan a ser una mejor persona, a ser una mejor madre, abuela, amiga, pareja, trabajadora. Una mejor persona de mí para mí. Aceptarme. Aceptar el dolor, aceptar todas las emociones como parte integral de la experiencia humana y aprender a gestionarlas. Todas las emociones pueden desempeñar un papel importante y me brindan la oportunidad de comprenderme mejor y al resto. Esto implica reconocer y validar mis emociones, sin juzgarlas o reprimirlas, y desarrollar habilidades para expresarlas y regularlas adecuadamente. Las drogas no hacen eso en mí como si fueran un ente, lo que hago con sus sensaciones es mío, ellas son una herramienta para el estar. Para el bien estar.
Estoy cansada de tener que excusarme por sentir eso. Estoy cansada de que el juicio del resto pretenda interferir en mis decisiones. Cansada de que se nos caricaturice. Cansada de que se confunda uso con abuso. Al igual que una persona que bebe alcohol no necesariamente tiene un problema con él, igual pasa con las personas que usamos drogas. Que yo diga que consumo sustancias no significa que en todo momento las use.
No conozco a una sola persona que no consuma drogas, legales o ilegalizadas. Pastillas de prescripción con o sin receta, alcohol, tabaco, azúcar, café, etc. Estoy cansada del argumento de que eso hace menos daño, porque hay una falsa creencia de que la legalidad es igual a seguridad. Entiendo el miedo, entiendo que los más de 60 años de prohibición han calado, pero evidencia hay, lo que falta son las ganas de aprender.
Socialmente es común que el consumo de drogas sea aceptado cuando tiene un fin terapéutico, ¿por qué? ¿No tengo el derecho de consumir sólo porque me da placer? ¿Acaso el placer no es terapéutico? El término “terapéutico” se refiere a algo que tiene propiedades o efectos curativos, sanadores o beneficiosos para la salud física, mental o emocional de una persona. ¿No es eso también el placer? Es algo que busca el bienestar y promueve la curación o el crecimiento personal. La autonomía del cuerpo se aplica a todo, no sólo a lo que nos gusta.
En el debate sobre su uso, es fundamental alejarse de los estigmas y prejuicios que rodean este tema. Es necesario poner cara a las estadísticas relacionadas con el consumo de drogas, y reconocer que es posible tener un uso no problemático de las mismas. La realidad es que un porcentaje significativo de personas que usan drogas no experimentan problemas asociados. Yo estoy dentro del 87 % que no tiene problemas en su uso. La UNODC en su último informe menciona que sólo el 13 % del total de personas usuarias en el mundo padecen trastornos por consumos.
Sé que las drogas son peligrosas. Es real el infierno que personas con usos problemáticos viven y también sus familias y seres queridos. Lo he visto. Lo he leído. Comparten testimonios en redes. Aparecen en televisión. Van a centros educativos a hablarnos.
Pero una realidad no excluye a la otra.
La seguridad y los riesgos asociados con las drogas, tanto legales como ilegalizadas, varían según múltiples factores, como la dosis, la frecuencia de uso, la vía de administración, el contexto social, los recursos individuales y colectivos a los que tiene acceso cada persona y la manera singular como cada una responde a los retos y situaciones que la vida presenta. Por eso la mejor manera de alejar a la gente de los peligros es con educación. Que los seguros cubran la salud mental. Que los centros de rehabilitación tengan la capacidad de escuchar, entender y ayudar a las personas con el mayor respeto y mayor empatía posible. Que la abstinencia no sea la única alternativa frente al consumo y menos que esté asociado a la religión. Que se dé en colegios y universidades charlas con información verdadera. No cucos. Explicarle a menores los peligros de consumir cuando sus cerebros no se han terminado de desarrollar. Que sepan qué drogas y dosis son letales. Advertirles que comprar en el mercado paralelo puede ser fatal. Control de daños. Es fundamental estar informada sobre los posibles riesgos y efectos secundarios de cualquier sustancia que se esté considerando utilizar, ya sea legal o ilegalizada.
“El placer es el principio y el fin de una vida feliz”, decía Epicuro. Epicuro consideraba el placer como el objetivo supremo. Su concepción del placer iba más allá de lo superficial y momentáneo. Creía que la búsqueda del placer sabiamente elegido y moderado era esencial para alcanzar la felicidad y la virtud.
Es así como quiero vivir. Es así como las drogas me ayudan a vivir.
* Francesca Brivio Grill (@franbrivio @proyecto_soma) es participante del curso “Estrategias de reducción de riesgos y daños frente a sustancias. Un diálogo con América Latina”, impartido por Angélica Ospina-Escobar / Programa de Política de Drogas (PPD), del 3 de febrero al 18 de marzo de 2023.