Consumir cannabis y hacer deporte, en primera persona

blogeditor · 30 de julio de 2021

Consumir cannabis y hacer deporte, en primera persona

En lo que va del año, he rodado poco más de 2 mil 500 kilómetros en bicicleta, es decir: más o menos la distancia que hay entre la Ciudad de México y Mexicali. He corrido 415 kilómetros, unos cuantos por encima de la distancia que hay entre la Ciudad de México y el puerto de Veracruz, y entre una y otra, también he nadado 35 kilómetros.

El deporte ha estado presente en mi vida desde que tengo memoria. Siempre lo he hecho por gusto y, ahora más que nunca, lo valoro como una parte fundamental en mi vida por el efecto positivo que tiene en mi salud mental. Es mi desestrés, mi válvula reguladora de presión.

He practicado varias disciplinas. Fútbol, Tenis, Natación, Box, Crossfit, Squash y desde hace aproximadamente 9 meses, entreno para Triatlón, que para quienes estén leyendo este texto y hayan realizado por lo menos uno, saben  la dedicación que conlleva entrenar para tres disciplinas distintas al mismo tiempo. Mi esfuerzo se vio recompensado en mi primer triatlón, donde terminé entre los primeros 5 competidores de mi categoría.

En honor a la verdad, mi categoría, aunque es muy competitiva (25 a 29 años) no es élite, y la cantidad de kilómetros recorridos que mencionaba al inicio, ni de cerca está al nivel de triatletas profesionales. Pero lo presumo porque, detrás de cada kilómetro nadado, corrido o rodado, hay una serie de sacrificios que bien podrían haberme llevado a tirar la toalla en cualquier momento y no lo hice. En otras palabras, ¿qué necesidad tengo de despertarme a las 5:00 am en un sábado o domingo para ir a andar en bicicleta o ir a correr? La disciplina y el compromiso conmigo mismo son probablemente mis mayores orgullos desde que inicié mi aventura en los triatlones.

Precisamente la falta de esas cualidades, es decir la falta de disciplina y de compromiso, son algunos de los estigmas que más acompañan a quienes consumen cannabis. Estos estereotipos que desafortunadamente ya se han vuelto parte de nuestra sabiduría popular, aseguran que quienes consumen cannabis son flojos, incumplidos, lentos o apáticos. Sumado a eso, está la idea de que el cannabis y el deporte son agua y aceite.

Yo soy usuario de cannabis. Llevo siéndolo de forma habitual desde hace poco más de 5 años. A la vez soy una persona funcional, con una licenciatura y un posgrado y un empleo de alto impacto y responsabilidades, que hace triatlones, además de colaborar con el Instituto RIA en su tiempo libre.

Parecería que me estoy definiendo como una persona extraordinaria por hacer lo que hago, pero es todo lo contrario. Soy una persona normal. Y consumir cannabis no vuelve mi vida anormal. No me impide cumplir con mis responsabilidades laborales, no me limita para entrenar 6 o 7 días a la semana, ni es un obstáculo para tener una vida familiar y social normal.

Y considero que lograr un cambio positivo en torno a la despenalización y la regulación de la cannabis, va atado a normalizar la conversación sobre la planta. Que consumirla no nos define.

De acuerdo con una encuesta publicada por Consulta Mitofsky en julio de este año con muestra nacional, el 56% de la población estaría a favor de la legalización de la cannabis. A pesar de ser una cifra mayoritaria, el hecho de que entre 4 y 5 personas de cada 10 no se declaren a favor, es síntoma de una polarización más que de un consenso.

¿Por qué es relevante cambiar esa tendencia?

Es cierto que en los últimos 5 años se han dado más cambios más significativos en torno a la situación legal de la cannabis de los que se habían dado en los últimos 50.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación ya había generado jurisprudencia sobre el uso adulto de la cannabis, declarando que es inconstitucional prohibir su uso, y dándole a las dos Cámaras del Congreso un plazo para legislar sobre el tema. Sin embargo, a pesar de haber solicitado una serie de prórrogas para cumplir con la sentencia de la corte y de haber trabajado dos proyectos de ley (uno, el original en el Senado, y otro, con varias modificaciones, en la Cámara de Diputados) que abordan la creación de un marco legal que regule las actividades relacionadas con la cannabis, el Congreso no cumplió con lo que la Corte le estableció. Lo anterior derivó en que en días pasados, la Corte se brincara al Congreso y decretara por sí misma lo que le había instruido al Congreso: que es inconstitucional prohibir el consumo adulto de la cannabis.

La pelota vuelve a caer en la cancha del Congreso, para legislar sobre las reglas generales bajo las cuales se podrá llevar a la práctica el dictamen de la Corte.

Normalizar la cannabis y cambiar la tendencia expuesta en la encuesta de Consulta Mitofsky contribuirá en que regularizar su situación sea políticamente rentable para una mayoría de funcionarios en cuyos hombros recae legislar sobre el tema.

Es fácil criticar a las y los legisladores por su inacción a pesar de la sentencia de la Corte.

Pero, dicho de forma coloquial, ellas y ellos no se mandan solos.

La naturaleza de su cargo (funcionarios elegidos por la gente para representarlos en la toma de decisiones) los ata a la opinión popular. Y, de nuevo citando la encuesta de Mitofsky, hay más de un 40% que sigue sin apoyar la legalización de la cannabis. Independientemente de que la evidencia demuestra, de forma objetiva, que los beneficios de legalizarla supera con creces los aspectos negativos de hacerlo, la percepción pública aún no alcanza un consenso general sobre la legalización.

Es por eso que volver cotidiana la conversación en torno a la cannabis tiene el potencial de cambiar esa percepción y, a la vez, hacer que el costo que le puede representar políticamente a un legislador o legisladora apoyar e impulsar su legalización, sea mucho menor.

Y aunque parezca que esta idea es una especie de operación hormiga, dialogando y predicando con el ejemplo, se puede lograr.

Todo empieza con abrir la conversación.

* Luis Daniel Santiago Vidargas (@ldsanvid) es comunicólogo, analista y estratega de marketing y comunicación política.