Redacción Animal Político · 2 de noviembre de 2024
Imaginemos una “democracia” en la que 29 millones de personas no forman parte de las decisiones que les afectan; quizá pensemos que en realidad no es una democracia. En México hay justamente 29 millones de niñas, niños y adolescentes y está contemplado en diferentes leyes y tratados internacionales su derecho a participar; sin embargo, rara vez ellas y ellos forman parte de las decisiones públicas, es decir, su derecho se queda en el papel.
Pero no nos desanimemos, vamos avanzando en una convicción social de la importancia de escuchar a las niñas, niños y adolescentes. Escuchar todavía no es una participación plena que indicaría formar parte de todas las decisiones que les afectan en temas educativos, de salud, recreación, justicia, protección etc., pero es un primer paso.
La tarea no es sencilla, todavía no contamos con canales óptimos que nos permitan integrar a niñas, niños y adolescentes a los procesos de decisión; la mirada sigue puesta en los adultos y los espacios que existen surgen de los mayores de 18 años y no de las infancias y adolescencias. Es lo que llamamos adultocentrismo.
Contamos, es cierto, con ejercicios sistemáticos que abren la puerta a dicha participación: es el caso de la Consulta infantil y juvenil organizada por el Instituto Nacional Electoral (INE) y que del 1º al 30 de noviembre está disponible en el sitio web o en casillas instaladas en espacios públicos y oficinas del INE en todo el país.
La importancia de esta consulta es que se realiza por décima ocasión y esto genera cada año información relevante como resultado de sus opiniones. Está dirigida a niñas, niños y adolescentes de entre 3 y 17 años, y las boletas se dividen por rangos de edad (de 3 a 5, de 6 a 9, de 10 a 13 y de 14 a 17 años). Y aunque toda la consulta tiene el objetivo de contar con información sobre las opiniones de todas y todos, se adecúa el lenguaje y se toma en cuenta las habilidades cognitivas de cada rango. La información que se recaba es principalmente la opinión de niñas, niños y adolescentes sobre espacios comunitarios seguros, cuidado del medio ambiente y los animales, prevención de adicciones; una sección adicional con pregunta abierta para que puedan expresar qué problema les preocupa y una sección final donde se recopilan datos para determinar si es una niña, niño o adolescente con discapacidad, pertenece a un pueblo indígena o es afrodescendiente. Cabe aclarar que la boleta de 3 a 5 años incluye dibujos a modo de respuesta y puede ser llenada también por niñas, niños y adolescentes de otras edades que no sepan leer o escribir.
Vale la pena apoyar este tipo de ejercicios, es importante estar atentos a los resultados para comprender mejor lo que las infancias y adolescencias opinan; sin embargo, también es importante recordar que consultar es sólo un primer paso. Para que la participación sea un derecho cabalmente ejercido se requiere que esas opiniones se integren a las decisiones de los temas que les competen.
Si eres familiar o docente de niñas, niños y adolescentes en México te invitamos a que apoyes la consulta; todavía depende de los adultos que ellas y ellos puedan acceder a este tipo de instrumentos. El INE como institución garante de la democracia hace un esfuerzo positivo en el camino de lograr mayor y mejor participación de NNA, pero depende de la ciudadanía que este tipo de ejercicios sean realmente efectivos.
El camino es largo, falta que como sociedad pongamos a las infancias y adolescencias al centro de los procesos, que empecemos por escucharles, sí, pero también por incluirles plenamente en los procesos de decisión. Falta generar espacios pensados en ellas y ellos, desde sus perspectivas y enfoques, con metodologías lúdicas y adaptadas a su edad y nivel de desarrollo. Falta que las escuelas, parques, centros de salud y demás espacios se diseñen pensando en ellas y ellos, en garantizar sus derechos.
Falta mucho, pero vamos avanzando y le debemos a instituciones como el INE que contemos con iniciativas pertinentes. Veamos hacia adelante para que esas 29 millones de voces formen parte de la vida pública, es decir, de lo que es de todas y de todos.
* Laura Ramírez es directora de Fortalecimiento de Comunidades Educativas en Mexicanos Primero.