blogeditor · 6 de diciembre de 2016
Por: Carlos A. González Martínez
Los hechos
El domingo 6 de diciembre del 2015, de las 9 de la mañana a las 5 de la tarde, se llevó a cabo la Consulta Ciudadana sobre el Corredor Cultural Chapultepec – Zona Rosa (CCCh-ZR). Al filo de las 11 de la noche, el Instituto Electoral del Distrito Federal (IEDF) estaba dando a conocer los resultados: la opción del “No” había ganado. Los números, después se supo con el conteo oficial, fueron: 63.45% por el “No” y 35.27% por el “Sí”[1]. Abrumador, casi el doble.
De esta forma, una de las obras insigne del gobierno del entonces Distrito Federal, con una inversión estimada en aproximadamente mil millones de pesos, fue cancelada debido a que la participación ciudadana así lo decidió. Aunque los resultados de la Consulta no eran vinculatorios (nada obligaba a su observancia) el jefe de Gobierno se comprometió a aceptar los resultados, y cumplió: el Corredor Cultural no se construyó.
Con ello se abrió una historia que aún no se medita ni escribe suficientemente. Las líneas que siguen pretenden ofrecer algunas piezas para armar el rompecabezas.
Los desafíos
Primer desafío: organizar la Consulta. Primer asunto a resaltar: el debate sobre quién y cómo organizarla duró más que la propia consulta. En efecto: las primeras notas periodísticas sobre su realización comenzaron a circular en agosto del 2015. Buena parte de agosto y todo septiembre y octubre fueron días de diversas especulaciones sobre los términos de su realización y la convocatoria finalmente se emitió el 6 de noviembre, para realizarse el 6 de diciembre. Tres meses de especulaciones, un mes de consulta.
El asunto que rondaba ese debate no era menor, pues suponía, entre otras cosas, decidir realizarla en el marco de la Ley de Participación Ciudadana, o no. Bajo el gobierno de la autoridad electoral y participativa, o no.
Finalmente, se optó por la vía de la ley y la institucionalidad y ello dio origen a otros desafíos: ¿cómo garantizar que el procedimiento se apegara correctamente a un marco legal no necesariamente suficiente?; ¿cómo determinar adecuadamente el territorio donde debía realizarse?; ¿cómo confeccionar el padrón de participantes?; ¿cómo resolver (bien y rápido) el extenso galimatías de asuntos logísticos, financieros, materiales y humanos, incluidos los cívicos, institucionales, mediáticos y políticos que implicaba su realización?; ¿cómo definir la o las preguntas?; ¿cómo garantizar las condiciones de equidad indispensables e indiscutidas?; ¿cómo dar voz sin infraccionar a quienes desearan seguir expresando su opinión por fuera de los causes de la convocatoria institucional?; ¿cómo lograr informar efectiva y eficientemente a todas y a todos?; ¿cómo propiciar un debate real y una reflexión libre entre las y los convocados?; ¿cómo lograr con todo ello una experiencia exitosa y replicable de participación ciudadana?; ¿cómo aprovechar la consulta para construir ciudadanía en un contexto de casi nulo tejido social, escasísima cultura cívica y, en cambio, un inmenso mar de controles clientelares y gremiales, así como la acción corrosiva de actores contestatarios poco edificantes?.
Es imposible narrar en tres cuartillas cómo medianamente se logró, sólo se anota que semejante pretensión requirió de 2 sesiones del Consejo General y 10 de su Comisión de Participación Ciudadana, donde se tomaron un total de 15 acuerdos; además de 3 foros informativos organizados por el IEDF; 2 sesiones de grabación de spots; 199,983 paquetes informativos repartidos, un debate público transmitido en vivo; 857 personas contratadas para recorrer todas (y todas, son todas) las calles de la Delegación Cuauhtémoc distribuyendo casa por casa (literal) los folletos y discos compactos informativos, entre muchas otras cosas y acciones.
Los resultados
Ya se dijo: ganó el “No”. Ahora agregamos: nadie cuestionó, ni impugnó, los resultados. La consulta fue legal y legítima, y sus resultados se acataron. Los ganadores aquilataron su triunfo y los perdedores lo reconocieron. Algo que debería ocurrir más seguido, sobre todos si la administración y gobierno de los procesos electorales y participativos se realiza también de manera adecuada: legal y legítimamente.
Un tema que después habrá que discutirse con más cuidado es el carácter ciudadano y/o participativo de la consulta, como objeto de estudio. En la consulta participó el 4.81% de quienes fueron convocados: 22,380 personas de un listado electoral de 465,017. Ello con los datos de toda la delegación. Los datos de las colonias directamente involucradas, en tanto perímetro del propuesto corredor son diferentes: 10.4% en la Colonia Juárez, 8.96% en la Roma Norte I y 8.96 en la Roma Norte II.
Ya Animal Político publicó en su oportunidad (8 de diciembre, dos días después de la Consulta), un espléndido texto de José Merino y Fierro donde se desmenuzan los datos sobre los que un día habremos de volver[2].
Las lecciones aprendidas
En nuestros días y circunstancias mexicanas y chilanga, la construcción de ciudadanía implica ahora esfuerzos y resultados en tres ámbitos: la cultura cívica; las leyes y las instituciones, y; los gobiernos responsables. Para todos hay lecciones aprendidas. Veamos.
En síntesis, el proceso de la Consulta y sus resultados implican:
Como podrá apreciarse, a un año de su realización la Consulta nos trae no pocas lecciones aprendidas para una Ciudad que, por cierto, se encuentra en pleno proceso Constituyente. Al tiempo.
* Carlos A. González Martínez es Consejero Electoral del Instituto Electoral del Distrito Federal. El autor, en tanto entonces Consejero Presidente de la Comisión de Participación Ciudadana del IEDF, presidió el ejercicio de la Consulta Ciudadana del Corredor Cultural Chapultepec – Zona Rosa en la Ciudad de México.
[1] Los porcentajes no suman 100% porque falta agregar el 1.28% de opiniones nulas.
[2] “En ninguna de las colonias cuyas mesas de votación (sic) se encontraran a menos de 2 mil 300 metros (¡2.3 Kilómetros! Nota del Autor) del proyecto, ganó el Sí. Tampoco ganó en ninguna de las colonias en donde más del 40% de las viviendas tiene Internet.” Así presentó Animal Político el artículo “Por qué ganó el no al #CCCHapultepec?”.
[3] Destacan, en la experiencia de la Consulta, las expresiones ciudadanas e incluso profesionistas que plantearon alternativas efectivas al proyecto oficial, por ejemplo: “Otro Chapultepec es Posible”, “Así No” y, desde luego, “Así Sí”.
[4] Al respecto puede remitirse al libro Sociología de la Acción Pública de Pierre Lascoumes y Patrick Le Galès.
[5] El 4.81% de participación parece no corresponderse con la “viralización” del debate, sobre todo opositor, en las redes sociales. Un magnífico video de los Supercívicos, opositor al proyecto del corredor, tiene 136,144 visualizaciones en YouTube. En la consulta participaron 22,380 personas, de ellas 14,201 se expresaon por el No.
[6] Se recordará la interesada filtración de una nota preliminar del titular de la unidad jurídica del IEDF donde, desde una posición poco “garantista”, desautorizaba la realización de la Consulta.
[7] Véase, como referencia fundamental, la Estrategia Nacional de Cultura Cívica del INE.