Construir una silla

Redacción Animal Político · 12 de enero de 2025

“Una mañana en mi azotea estaba construyendo una silla. Tomé unas tarimas de la calle, las desarmé, las corté, las pulí y las lijé. Luego lo ensamblé todo junto y a la noche tenía algo en lo que me podía sentar. ¿Por qué no se puede ser igual con el feminismo o con el anarquismo? Ponemos tanto trabajo a cosas que no sirven, que no tienen una utilidad real en las vidas, al menos no con efecto inmediato o visible”, dice en “Vomitorium” (CC) la autodenominadx monstrux Diana J. Torres.

Diana habla de feminismo y anarquismo, pero su ejemplo aplica a muchas otras cosas.

Unos ejemplos: Trump en Estados Unidos. Milei en Argentina. Bolsonaro en Brasil. Todos casos recientes de facciones conservadoras que han construido sus sillas propias. Con lo que tienen de un lado y que conecta, en un punto al menos, con alguna de sus contrapartes. Porque aunque sean eso, contrapartes, a la hora de reagruparse, el objetivo es suficiente para hacer del pragmatismo herramienta.

Qué es cierto: que los resultados lo demuestran. Para ejemplo: el desastre organizativo que permitió a Trump tener una ventaja de meses sobre Kamala Harris en la más reciente contienda electoral en Estados Unidos. Que Biden se fuera de la contienda, hoy sabemos, fue más que por estrategia por apagar un fuego.

Al centro de tal crisis la constante fue el desacuerdo. Del lado republicano: el cierre de filas. La verdadera generación de cristal que acusa de eso a otra, gana y sigue ganando.

Y ahora, producto de ello, se nos viene encima a nivel global un mandato de cuatro años que le da una nueva dimensión al concepto “agente naranja”. Quién dude que hay humanos tan tóxicos como un arma química puede ahora poner en la misma página al Napalm y a tal ente adicto al autobronceado.

En “My mother: demonology, a novel”, la escritora Kathy Acker dilapida un futuro que no vivió en carne: “Morality and moral judgements protect us only from fear”. Algo así como -traducción libre de un servidor- “la moral y los juicios morales solo nos protegen del miedo”. Kathy falleció en 1997, mucho tiempo antes de que la llamada Cuarta Ola del Feminismo tomara la fuerza que hizo temblar al mundo entero en 2020. Mucho antes de que Ucrania, Rusia, Israel y Palestina fueran titulares a los que nos hemos acostumbrado. Mucho antes de que la emergencia climática nos tuviera con el agua en el cuello. Y con todo ese tiempo de por medio da en la misma diana: la de una urgencia de la que casi no se habla y nos está hundiendo en muchos sentidos.

Construir tal silla requiere de mucho más que buenas intenciones. Son necesarias, en efecto. Pero también se necesita mucha autocrítica. Tan sencillo cómo preguntarnos: ¿qué tanto sumo a los objetivos de este proyecto si decido acercarme de la manera en que quiero hacerlo?

Pienso que también se necesita tolerancia. Sí, terrible palabra por el dejo de condescendencia que puede llegar a tener y, sin embargo, justo por ello parece necesaria. Tal vez, a veces, y en aras de un fin común, haya cosas que pueden perder prioridad cuando pensamos en una agenda en común, por ejemplo.

No sobra recordar que este tipo de “agendas comunes” incluye que la ultraderecha no llegue al poder, derechos humanos y que no terminemos de quemar el planeta que nos queda.

Paciencia también es necesaria. A veces, y de manera muy lógica hasta cierto punto, el auge de movimientos y la viralización de sus causas nos hace pensar que los éxitos rotundos son inmediatos. Pero nada se construye de un día a otro aunque haya trending topics que nos hagan creer que sí. Las lecciones son duras, pero ahí están: de Occuppy Wall Street a la Cuarta Ola del Feminismo, la necesidad de reagrupación es inminente. Aunque no se vislumbra próxima.

En un país y un mundo tan polarizados como el que habitamos, parece como si nuestra disposición para separarnos de las causas que un día nos incomodaron -en aras de una íntegra (¿moral?) idea de congruencia- ganara terreno. Y probado está que la división beneficia a quién no la vive.

Une y vencerás suena a posibilidad en pleno inicio del llamado segundo cuarto de siglo. Posibilidad y promesa urgente. Construir una posibilidad, casi como construir una silla.

Más necesario que nunca para no olvidar que mientras dejamos de movernos, todo sigue temblando.

@mangelangeles