blogeditor · 23 de septiembre de 2020
El 21 de septiembre es el Día Internacional de la Paz. Este año en México, lo conmemoramos con cifras devastadoras en materia de homicidios, nuestra percepción de inseguridad y una falta generalizada de acceso a la justicia. Además, seguimos con una estrategia de seguridad militarizada y sin vistas a una justicia transicional integral. Hablamos mucho de guerra y poco de paz en el país y queremos cambiar nuestro acercamiento con el tema y buscar mecanismos para construirla desde lo cotidiano.
Desde los espacios académicos, se han identificado tres aproximaciones y abordajes de estudio sobre paz: la paz negativa, que es la ausencia de violencia o la amenaza de violencia, la paz positiva, que se enfoca en las actitudes, instituciones y estructuras que crean y sostienen sociedades en paz y la paz sostenible que, más que centrarse en el objetivo, comprenden un proceso en el que se promueven elementos para prevenir la formación de conflictos. Los mismos factores que nos llevan a la paz también tienen otros resultados que buscamos como: una economía vibrante, la prevención y resolución de conflictos, mayor inclusión social y niveles de resiliencia que nos permitan potenciar nuestras capacidades.
Por esa razón, durante 2019, desde el Instituto RIA y ReverdeSer Colectivo implementamos una serie de talleres en cinco lugares del país para explorar las nociones de paz, la construcción de paz y los mecanismos para empezar a emprender un camino hacia ésta. Las personas participantes principalmente provinieron de colectivos de familiares de personas desaparecidas, colectivas feministas, autoridades a nivel estatal y municipal, activistas cannábicas y personas de comunidades cultivadoras.
En los talleres centramos la discusión, más que en conclusiones, en preguntas que se responden en los informes. ¿Qué es la paz para la población mexicana? ¿Cómo se puede comenzar a construir verdad?¿Cómo podemos construir un camino hacia la paz y quienes son los actores necesarios? Sin duda tendremos que incluir a todos los actores relevantes, incluyendo autoridades, colectivos, familiares de personas desaparecidas, movimientos sociales, personas que actualmente forman parte de actividades ilegales y muchos más.
“Somos sobrevivientes de una ola de violencia”, señalaron cuando se abordaban las bases fundamentales de la memoria durante uno de los talleres. Esta frase demuestra un reconocimiento de la violencia reciente, además de las violencias históricas y estructurales; de los impactos individuales, familiares, colectivos, comunitarios y sociales, sus efectos y mecanismos de reproducción. Regresando a la narrativa tradicional de violencia y control social, nos hace cuestionar lo aprendido, a “reeducarnos” o atravesar una “deconstrucción personal” -como lo señalaron durante los talleres- y, yendo más allá de lo individual, hacia la dimensión colectiva, comunitaria.
Cinco comunidades con experiencias muy distintas probablemente no alcanzan a abarcar la complejidad que se requiere para construir una política nacional de cultura y construcción de paz. Sin embargo, la experiencia y saberes de las más de 200 personas desde diversas comunidades que integran este análisis nos permiten vislumbrar nociones, criterios, principios y rutas de acción que deberían ser consideradas como pauta por las autoridades locales, estatales y nacionales en conjunto con organizaciones de la sociedad civil y sociedad en general en sus esfuerzos hacia la construcción de un país en el que se garantice el respeto y protección a los derechos humanos, la dignidad y la paz.
Esta semana, junto con ReverdeSer Colectivo, lanzamos dos publicaciones como resultado de los talleres, donde profundizamos sobre la metodología, los aprendizajes y los pasos que tenemos que tomar desde lo cotidiano hasta la política pública para fortalecer la construcción de paz en México. Les invitamos a leerlos, compartir, comentar y construir de una forma colectiva. Es urgente #ConstruyamosPaz.