blogeditor · 30 de enero de 2015
Constancia y otras novelas para vírgenes
Carlos Fuentes
Alfaguara
México 1990
Pp. 381
Son cinco pequeñas novelas: Constancia, La desdichada, El prisionero de las lomas, Viva mi fama y Gente de razón. La escritura de los textos revela la enorme erudición de Fuentes.
Su construcción es compleja e incluso difícil, pero eso no impide el interés de seguir la narración. Esto a pesar de que en algunas ocasiones uno se encuentre inmerso-perdido, en el sentido y significado de las cosas.
Las cinco novelas tienen parentesco con Aura en la forma, pero también en el contenido. Fuentes penetra, se sumerge, en un mundo fantasioso, que no es la realidad, pero a partir de ahí la explica.
Él profundiza en el carácter de los personajes y a través de ellos indaga en los límites y posibilidades de la condición humana.
En los textos están siempre presentes los fantasmas del pasado y el presente y también el recuerdo y el amor que no tiene futuro.
Pienso que el hilo conductor de estos textos es “el deseo”. Fuentes en “Gente de razón”, el último de ellos, dice: “El deseo es como la nieve que se funde en nuestras manos”.
En la Constancia, el primer texto, los fantasmas de una familia de origen ruso, asesinados por soldados franquistas cuando intentaban embarcarse rumbo a Estados Unidos, se reencuentran después de cuarenta años.
La desdichada es un maniquí con forma de mujer que dos estudiantes preparatorianos compran para que les haga compañía; poco a poco ésta los hará enfrentarse para disputarse su amor y compañía.
En El prisionero de Las Lomas, el exitoso abogado Nicolás Sarmiento obliga al general Prisciliano Nieves a heredarle su casa y su fortuna a cambio de no revelar el secreto que lo encumbró como el Héroe de Santa Eulalia.
Viva mi fama cuenta los amores malogrados de Rubén Oliva y Elisia Rodríguez la “privada” del torero Pedro Romero, quien murió en su cama sin siquiera un rasguño hecho por un toro.
Finalmente, en Gente de razón los hermanos José María y Carlos María Vélez, reconocidos arquitectos, siguen los preceptos que les inculcó su profesor Santiago Ferguson: cada edificio es un ser vivo y con historia.