El conocimiento pedagógico docente ante un futuro incierto

Jorge Avila · 29 de abril de 2026

El conocimiento pedagógico docente ante un futuro incierto

Por Maura Rubio Almonacid

En el mundo actual, caracterizado por su complejidad e incertidumbre, es indispensable que la educación escolar se oriente prioritariamente al desarrollo de capacidades necesarias para que niñas, niños y jóvenes puedan gestionar sus aprendizajes, analizar, decidir y actuar con responsabilidad. Esto implica fortalecer habilidades para aplicar esos aprendizajes en la definición autónoma de sus trayectorias de vida y en el bienestar social.

Quizá la capacidad más importante es aprender a aprender. Esto implica formular preguntas y responderlas con base en información pertinente y confiable. También requiere ciertos prerrequisitos, como el desarrollo del pensamiento analítico y sistémico. Los desafíos de nuestro tiempo —la desigualdad social, la creciente complejidad del ecosistema digital o la crisis climática— son sistemas interconectados con efectos concatenados. Las y los estudiantes necesitan identificar y comprender patrones, relaciones y anticipar consecuencias no previstas. Este tipo de pensamiento se desarrolla trabajando con problemas reales.

Igualmente importantes son la colaboración y las capacidades de interacción social. El mundo es cada vez más global, diverso y basado en la colaboración. La capacidad de comunicarse con claridad, relacionarse adecuadamente aun en la diferencia y construir confianza son indispensables para la convivencia y, particularmente, para el trabajo. En la escuela, sin embargo, estas habilidades suelen desatenderse, aun cuando son altamente valoradas en el ámbito laboral y esenciales para el funcionamiento de las democracias.

El razonamiento ético y la responsabilidad cívica también deben formar parte de la base. Las y los estudiantes necesitan reflexionar sobre la justicia, la responsabilidad y el bienestar social. La educación debe formar ciudadanos capaces de contribuir de manera reflexiva a la sociedad.

Otra dimensión crítica es la alfabetización ecológica. Los desafíos ambientales que enfrenta el planeta están transformando las economías, las comunidades y la vida cotidiana. Es necesario que las y los estudiantes comprendan los principios básicos de los ecosistemas naturales y el impacto de la actividad humana sobre ellos para fortalecer decisiones orientadas a la sostenibilidad.

La alfabetización digital y tecnológica es igualmente urgente para comprender cómo la tecnología moldea la información y el comportamiento social. Esto incluye reconocer la desinformación, entender los algoritmos y relacionarse críticamente con la inteligencia artificial. En un mundo cada vez más mediado por la tecnología, el desconocimiento incrementa la vulnerabilidad.

La creatividad y la resolución de problemas completan este conjunto central de capacidades. A medida que la automatización reemplaza tareas rutinarias, el valor humano residirá en la capacidad de generar ideas, adaptar el conocimiento a nuevos contextos y diseñar soluciones a problemas inéditos.

El impacto a largo plazo de estas capacidades en la vida de las y los estudiantes es profundo. Quienes pueden aprender de manera continua están mejor preparados para adaptarse al cambio constante. En el ámbito laboral, estas fortalezas permitirán desempeñarse en actividades que requieren toma de decisiones basadas en información y conocimiento, así como el diseño y evaluación de soluciones. Con el tiempo, ello puede traducirse en mayor resiliencia laboral, es decir, la capacidad de superar obstáculos, adaptarse y mantener el bienestar emocional y la productividad. Además, estas habilidades fortalecen la agencia personal: las personas estarán mejor preparadas para tomar decisiones informadas sobre su vida y trayectoria laboral.

Sin embargo, existe un riesgo: si este tipo de educación no se ofrece con equidad, las brechas existentes se profundizarán. Las y los estudiantes que desarrollen estas capacidades tendrán mayores posibilidades de dirigir el curso de su vida. Quienes no lo consigan podrían enfrentar una mayor vulnerabilidad ante el cambio. Es, en esencia, una cuestión de equidad.

El papel de las y los docentes en el desarrollo de este amplio conjunto de capacidades es central y, al mismo tiempo, desafiante. Para lograr que las y los estudiantes desarrollen las habilidades necesarias para enfrentar un futuro incierto, se requiere enseñar de forma diferente. El futuro de la sociedad y la calidad de vida de quienes hoy cursan la educación básica dependen, en gran medida, de qué tan bien preparemos a estas y próximas generaciones. Esto subraya la importancia de la labor docente.

La OCDE publicó recientemente un estudio que examina qué saben los docentes sobre la enseñanza y cuál es su conocimiento pedagógico general (General Pedagogical Knowledge –GPK–): el conocimiento especializado que poseen para crear ambientes de enseñanza y aprendizaje efectivos, independientemente de la materia impartida. Este comprende tres dimensiones: instrucción, aprendizaje y evaluación. El conocimiento pedagógico es un componente clave de la competencia profesional docente y respalda la implementación de prácticas de enseñanza efectivas que derivan en mejores resultados para las y los estudiantes.(1)

El estudio, que incluyó a docentes de educación secundaria básica de ocho países, encontró una correlación clara entre el nivel de conocimiento pedagógico del profesorado y el desempeño estudiantil en la prueba PISA. Las diferencias dentro de los países son mayores que entre países, lo que implica que los docentes con distintos niveles de conocimiento pedagógico se distribuyen de manera desigual.

Entre los hallazgos más relevantes, el estudio señala que quienes cuentan con mayor nivel de conocimiento pedagógico dedican menos tiempo a mantener el orden en el aula y más tiempo a enseñar. Además, adaptan con mayor frecuencia sus estrategias, gradúan la dificultad cuidadosamente e introducen ejercicios de forma más estratégica. También reportan menos estrés laboral, lo que sugiere que un nivel más alto de conocimiento pedagógico favorece la resiliencia laboral docente.

Para que las y los estudiantes desarrollen las capacidades necesarias frente a un futuro incierto y lleno de desafíos, es indispensable que maestras y maestros cuenten con un conocimiento pedagógico sólido; que comprendan cómo aprenden sus estudiantes, cómo evaluar para mejorar y cómo construir ambientes de aprendizaje que fomenten la autonomía, la reflexión y la colaboración.

La docencia es una de las profesiones más complejas. Las decisiones cotidianas que toman maestras y maestros en el aula configuran trayectorias de vida. El reporte de la OCDE reafirma la importancia del conocimiento pedagógico en el desempeño escolar y más allá: en la vida.

Si niñas, niños y adolescentes necesitan desarrollar nuevas capacidades, quienes ejercen la docencia requieren fortalecer sus conocimientos pedagógicos. Lo que maestras y maestros saben sobre el aprendizaje es tan importante como la forma en que conducen la enseñanza. Para la política educativa, estos hallazgos reafirman la importancia de replantear la formación inicial docente, el desarrollo profesional continuo y las estrategias de acompañamiento y retroalimentación a su desempeño. Hoy es impostergable reimaginar cómo se lleva a cabo esa labor.

(1) OECD (2026), Results from the Teacher Knowledge Survey: What Teachers Know About General Pedagogy, TALIS, OECD Publishing, Paris. https://doi.org/10.1787/5542e88a-en

* Directora de Investigación, Mexicanos Primero