Redacción Animal Político · 12 de marzo de 2026
Por Patricia López Rodríguez*
¿Qué tiene que ver un conflicto en Oriente Medio con el precio de la gasolina en México? Mucho más de lo que parece. En la economía global, los mercados energéticos reaccionan rápidamente a tensiones en las regiones donde se produce gran parte del petróleo mundial. Cuando aumenta el riesgo de interrupciones en el suministro, los precios internacionales del crudo suben, y ese incremento acaba repercutiendo, directa o indirectamente, en el costo de la energía, el transporte y, finalmente, en el costo de la vida de las familias mexicanas.
Cuando estalla un conflicto en Medio Oriente puede parecer un evento lejano para la vida cotidiana de los mexicanos, pero en una economía global interconectada sus efectos pueden sentirse rápidamente en el precio de la gasolina, el transporte o incluso los alimentos. Esto ocurre porque la región concentra una parte importante de la producción mundial de petróleo, por lo que cualquier escalada del conflicto genera incertidumbre sobre el suministro energético.
Ante el riesgo de interrupciones, por ejemplo, en rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz o en el Golfo Pérsico, los mercados anticipan escasez y los precios internacionales del crudo tienden a subir, incluso antes de que la producción se vea afectada. En el contexto reciente, las tensiones entre Estados Unidos, Israel e Irán han impulsado este aumento, llevando la mezcla mexicana de exportación a niveles cercanos a los 70 dólares por barril, su punto más alto desde mediados del año pasado.
Este precio es aproximadamente un 28% superior a la proyección de la Secretaría de Hacienda para 2026, que estimaba un precio promedio de alrededor de 54.9 dólares por barril. A primera vista, esto podría parecer una buena noticia para México, ya que el país sigue siendo exportador de petróleo.
De hecho, cuando el precio del petróleo sube, el gobierno puede recibir mayores ingresos petroleros. Según estimaciones oficiales, por cada dólar adicional en el precio del barril de petróleo, las finanzas públicas podrían obtener aproximadamente 13 mil millones de pesos en ingresos adicionales. Desde esta perspectiva, el aumento en los precios del crudo podría representar un alivio temporal para las finanzas públicas.
Sin embargo, el impacto del petróleo en la economía mexicana es más complejo y tiene efectos mixtos. Si bien un precio más alto del crudo puede beneficiar los ingresos del gobierno, también ejerce presión sobre los precios de la energía y el transporte.
El segundo canal de transmisión son los precios de los combustibles. México importa una proporción significativa de la gasolina que consume, lo que significa que las variaciones en los precios internacionales del petróleo influyen en última instancia en el precio que los consumidores pagan en las gasolineras.
Cuando el precio del petróleo sube, también lo hacen los costos de producción, refinación y transporte de combustibles. Esto ejerce una presión al alza sobre el precio de la gasolina y el diésel, dos insumos clave para el funcionamiento de la economía. Para evitar que estas fluctuaciones internacionales se trasladen íntegramente al consumidor, el gobierno utiliza un importante instrumento fiscal: el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS). Este impuesto se aplica a productos como la gasolina, el diésel, el alcohol, el tabaco y las bebidas azucaradas, y tiene dos objetivos principales: generar ingresos para el Estado y desincentivar el consumo de bienes que pueden generar costos sociales, como problemas de salud o contaminación.
En el caso de los combustibles, el IEPS también funciona como un mecanismo de ajuste para estabilizar los precios. Cuando el precio internacional del petróleo aumenta, el gobierno puede reducir el IEPS o aplicar incentivos fiscales para evitar que el aumento se traslade íntegramente al consumidor final. Por el contrario, cuando el precio del petróleo baja, el gobierno puede recaudar una mayor proporción del impuesto para mantener la recaudación fiscal.
Este mecanismo ayuda a amortiguar los aumentos abruptos en los precios de la gasolina y a evitar los llamados “gasolinazos”. Sin embargo, no elimina por completo el impacto de los shocks energéticos. Si los precios internacionales se mantienen altos durante un período prolongado, el costo fiscal de subsidiar los combustibles puede llegar a ser significativo y limitar el margen de maniobra del gobierno.
Además del precio de la gasolina, el aumento de los precios del petróleo también puede generar presiones inflacionarias en toda la economía. Los combustibles son un insumo transversal: afectan el transporte de bienes y servicios.
Cuando suben los precios de la energía, también lo hacen los costos de producción y transporte. Este aumento puede trasladarse gradualmente a los consumidores a los precios finales que pagan, desde los alimentos hasta el transporte público.
Para los hogares, esto se traduce en una pérdida de poder adquisitivo. Las familias de bajos ingresos suelen ser las más afectadas por estos shocks, ya que una mayor proporción de su gasto se destina a bienes esenciales como transporte, alimentos y servicios básicos.
Además de los precios de la energía, los conflictos internacionales también pueden afectar la economía a través de los mercados financieros. La incertidumbre geopolítica suele generar volatilidad en los mercados globales, lo que puede provocar fluctuaciones en el tipo de cambio.
Si el peso se deprecia frente al dólar, el costo de las importaciones, incluyendo combustibles y otros insumos de producción, aumenta. Esto puede intensificar las presiones inflacionarias y amplificar el impacto del shock energético inicial.
Paradójicamente, el aumento en los precios del petróleo no garantiza mayores ingresos sostenidos para México. Aunque el país sigue siendo exportador de crudo, la producción de Petróleos Mexicanos (Pemex) ha mostrado una tendencia a la baja en los últimos años: en septiembre de 2025 se ubicó alrededor de 1.65 millones de barriles diarios, cerca de 6 % menos que el año anterior, mientras que las exportaciones también han disminuido, alcanzando apenas unos 294 mil barriles diarios en enero pasado. Esto implica que el país podría no aprovechar plenamente el alza de los precios internacionales del petróleo. Al mismo tiempo, la dependencia de México de las importaciones de gasolina mantiene a la economía vulnerable a choques externos en los mercados energéticos.
En este contexto, conflictos aparentemente lejanos como los de Medio Oriente terminan teniendo efectos concretos en la vida cotidiana, ya sea a través de la inflación, el precio de los combustibles o el costo de bienes básicos, recordándonos que en un mundo interconectado el petróleo sigue siendo una variable clave tanto para las finanzas públicas como para el costo de vida de las familias mexicanas.
*Profesora de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Tecnológico de Monterrey