Confianza y el sector salud

Redacción Animal Político · 12 de febrero de 2025

Confianza y el sector salud

La confianza se basa en la creencia, presunción o hipótesis -más o menos duradera- de un sujeto sobre la conducta o comportamiento de los demás, ya sea una persona, un grupo, una institución, etcétera. Suele resultar complejo determinar las razones que dan fundamento a la confianza, pero en general podemos decir que un elemento importante es la consistencia y coherencia de las conductas en el tiempo. Es difícil tener confianza en una persona o entidad de la que no podemos prever su respuesta.

De acuerdo con Onora O´Neil, la confianza requiere un ejercicio racional que evalúe la competencia, la honestidad y la fiabilidad del otro. 1 En el ámbito de la bioética, O’Neill argumenta que la autonomía del paciente no debe ser vista desde un individualismo absoluto, sino como una práctica en la que médicos e instituciones generan confianza a través del respeto, la información clara y la ética profesional. Este enfoque relacional de la autonomía da por sentado que el encuentro clínico entre pacientes y profesionales de la salud se fundamenta en la confianza mutua, lo que posibilita en última instancia que el paciente tome mejores decisiones.

A diferencia de la confianza individual, donde entran en juego factores con carga emocional como es dirigirse por su nombre al paciente, hacer contacto visual, ser empático, etcétera, la confianza social es más amplia y se refiere a la credibilidad de las instituciones, normas, estructuras o sistemas que regulan la vida en común. Así, por ejemplo, la confiabilidad institucional suele fundamentarse en factores como la eficiencia, la rendición de cuentas, la imparcialidad y la competencia, entre otros. Como resulta lógico, en el sector salud existe una interdependencia entre la confianza individual y la institucional.

En la actualidad, en México y el resto del mundo existe un clima de desconfianza generalizado que desafortunadamente ha permeado el sector de la salud, tanto a nivel individual como social. A nivel individual, un factor explicativo resulta del excesivo énfasis en la educación tecnocientífica que recibe el personal de salud. Por ejemplo, en la enseñanza médica la formación humana se reduce a unas cuantas clases de bioética, antropología e historia de la medicina. Dada la sobrecarga curricular en Medicina, recientemente se han propuesto enfoques de educación bioética transversal que, entre otras estrategias, intentan resolver la problemática. Sin embargo, aún estamos lejos de obtener algún resultado palpable, ya que es un gran reto el currículum oculto al que se somete al personal de salud durante su enseñanza.

Como consecuencia, hoy en día los profesionales de la salud en general suelen normar su conducta clínica principalmente con lineamientos tecnocientíficos, dejando de lado -en la abrumadora mayoría de los casos- los factores emocionales, socioeconómicos y culturales, entre otros, de un paciente en particular. Esta situación también se ve fomentada por los intereses de la industria, que instrumentaliza a los profesionales de la salud y pacientes, muchas veces a través de una publicidad engañosa, para comercializar tecnologías y servicios sanitarios. Es aquí donde la confianza institucional toma protagonismo, ya que los colegios de médicos generales y especialistas se ven beneficiados por la industria farmacéutica y de diagnóstico, entre muchas otras, para organizar eventos académicos que, entre otras funciones, sirven de palestra para vender cualquier producto vinculado a la salud. En nuestros días se ha normalizado que los profesionales sanitarios promuevan los intereses de la industria en diversas actividades académicas, cuando en realidad deberían estar al servicio de los intereses de los pacientes.

Debido a distintas razones, el sector público sanitario ha sido pauperizado a lo largo de las décadas, por la falta de inversión en infraestructura y en la calidad de la atención. Este contexto promueve que la población en general desconfíe de la calidad, de la fiabilidad y de la consistencia de los servicios que ofrece el Estado, que al mismo tiempo ha favorecido la medicina privada. En busca de servicios de salud más oportunos y expeditos, los pacientes asisten a servicios sanitarios privados, lo que ha incrementado significativamente el gasto de bolsillo de la población mexicana. Desafortunadamente, la medicina privada no está exenta de problemas ya que, además de la inevitable mercantilización sanitaria y muchas veces banalización de los recursos tecnológicos en medicina, encontramos la deletérea falta de regulación. Por regulación, no nos referimos exclusivamente a la normatividad jurídico-sanitaria, sino también a la autorregulación de los profesionales de la salud, emanada de una autonomía autolegislativa como propuso Kant en su momento. Imprudencia, irresponsabilidad e impericia son las primeras causas de problemas legales en el ámbito sanitario tanto privado como estatal.

En este orden de ideas, el liberalismo como sistema socioeconómico, más allá de sostener las ideas de libre mercado y la iniciativa privada, defiende la libertad individual y la igualdad ante la ley. Sin embargo, se enfoca en los aspectos procedimentales que garantizan la libertad, reduciéndola a una perspectiva de derechos legales, en lugar de enriquecer la reflexión y la vida moral. En la sociedad actual la autonomía, que tiene como prerrequisito la libertad, suele ser confundida con autosuficiencia, teniendo como efecto neto el florecimiento del individualismo. En este sentido, hay que recordar que el individualismo contemporáneo se caracteriza por ser hedonista, irreflexivo, narcisista y emocional, lo que conduce a la pérdida de grandes ideales y valores colectivos. 2 Claramente, este contexto no es favorable para la cohesión y la confianza sociales.

Además, la salud está inmersa en lo que comúnmente se denominan determinantes sociales. Entre éstos destaca el papel que tiene la educación poblacional. Al igual que la salud, ésta cuenta con varios prerrequisitos: uno importante son las fuentes de información. A pesar de que en la actualidad vivimos en la era del conocimiento, es difícil confiar en la información que nos ofrecen tecnologías como internet. Otras, como la inteligencia artificial, se usan para persuadir o manipular con distintos fines, más que para adquirir destrezas que promuevan la autoconfianza y la toma de decisión racional para la vida cotidiana de las personas. En este punto es importante recordar los estudios de Thaler y Susntein que, entre otros, resaltan la importancia de los factores contextuales para la toma de decisión. 3 Así, es natural que en una sociedad hiperindividualista en la que no hay contexto informativo confiable, surja la intolerancia y la radicalización, lo que a su vez brinda un caldo de cultivo propicio para que se propaguen diversas ideologías, como el transhumanismo y el posthumanismo, cuando paradójicamente en el mundo aún no hemos terminado de entender los límites de las capacidades humanas ni crear condiciones de justicia apropiadas para que las personas desarrollen su potencial natural.

Se hace evidente, entonces, que fomentar la confianza es necesaria para la vida moral. Cuando hay confianza en que las leyes y las normas son justas, y que los líderes y ciudadanos actuarán éticamente, la sociedad se vuelve más cohesionada y las personas están más dispuestas a cumplir con las reglas y colaborar, fomentando así el bien común. No obstante, la confianza requiere competencia, es decir, demostrar con una serie de prácticas que la atención de la salud se hace bien y de manera humana. Perseguir esto es un valor social invaluable, que restaura la cohesión social. Por lo tanto, más allá de lo obvio, y con el riesgo de sonar ingenuo, una pregunta guía en cualquier reforma del sector salud tendría que ser: ¿cómo recuperar la confianza en la sociedad de la posverdad y del hiperindividualismo?

* Néstor Medina Castro es médico ginecoobstetra subespecialista en Medicina Materno-Fetal por la UNAM y maestro en Ciencias Médicas por la misma institución. Realizó un Fellowship en Diagnóstico Prenatal en el Hospital Vall d’Hebron en Barcelona, España. Certificado en Londres, Inglaterra, por la Fetal Medicine Foundation. Asimismo, cuenta con un doctorado en Bioética por la UNAM. Ricardo Páez Moreno es médico, filósofo, especialista en teología moral y doctor en bioética. Es profesor y tutor del Programa de Maestría y Doctorado en Bioética de la UNAM y miembro del Programa Universitario en Bioética, UNAM.

 

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1 O’Neill, O. Autonomy and Trust in Bioethics. Cambridge University Press, 2002.

2 Lipovetsky, G. La era del vacío: Ensayos sobre el individualismo contemporáneo. Anagrama, 1999.

3 Thaler, R. H. y C. R. Sunstein. Nudge: Improving Decisions about Health, Wealth, and Happiness. Yale University Press, 2008.