blogeditor · 8 de abril de 2012
“¿Es permanente la relación con mi esposa y hasta el fin de la vida?”, preguntó el escritor colombiano Marco Tulio Aguilera a Pedro Botero, su “informador del Amazonas” que domina el arte del I Ching, texto o herramienta que “se cree que describe la situación presente de quien lo consulta y predice el modo en que se resolverá en el futuro si se adopta ante ella la situación correcta”, según la bendita Wikipedia.
Lo que Pedro Botero le respondió a Marco fue casi incomprensible: “Para ser fuego necesitas adherirte a la madera. Debes estar adherido, condicionado, basarte en algo, con lo que el fuego tuyo adquirirá claridad. El fuego es sin forma definida, se adhiere a las cosas que arden y así brilla su claridad”.
Ante estas palabras, Marco extrajo la conclusión de que él es el fuego y “L” -su esposa con quien lleva más de 25 años de casado- la madera. Son el uno para el otro y para funcionar se necesitan.
Después de una entrevista sobre su nuevo libro, Historia de todas las cosas, desvío la conversación hasta el tema de este blog: el amor.
Ahí, en el restaurante del hotel Gillow, entre café y pan dulce, Marco Tulio se descubre como un hombre enloquecido por las mujeres, sus encantos, sus historias, y alguien que le apuesta al amor.
¿Qué podía esperar de un hombre que le hizo semejante pregunta al I Ching y que en su trayectoria como escritor ha publicado libros como El imperio de las mujeres, Cuentos para antes de hacer el amor y Cuentos para después de hacer el amor?
Aunque Marco vive una parte de su vida entre la seducción de la ficción, para estas cosas del corazón es muy realista: “El problema es encontrarse con la persona adecuada, lo que es muy difícil, pero posible. Y si uno no se encuentra con la persona adecuada, uno puede hacer a la persona adecuada, porque el amor se fundamenta en la tolerancia y en la libertad de cada uno, de la capacidad de crecer”.
Y es tan realista que admite los resbalones que ha tenido en este terreno, aunque en verdad se asume como un hombre “demasiado reprimido”: “Amo a mi mujer, pero que quisiera yo con todas, pues con todas. Cuando el cuerpo envejece, la imaginación crece. El tiempo pasa y uno no puede andar de seductor, pero sí puede imaginar. He tenido alguna debilidad por ahí, pero el mundo no es perfecto, la gente no es perfecta”.
Por todo lo que cuenta Marco, “L” lo conoce demasiado bien, aunque a veces asume cosas de más. Su esposa escribió un libro, Historia de la infidelidad, “porque ella cree que le he sido infiel con todas las mujeres que se me cruzan enfrente”.
Este colombiano lo sabe, “el amor no es perfecto, tiene caídas y uno tiene que saber que la vida es un ciclo, unas veces estás arriba, otras abajo. Si uno entiende eso entonces puede sobrevivir a las partes bajas”.
Marco Tulio dice que para que exista el amor los dos tienen que crecer juntos espiritual y físicamente, compartir actividades, deportes.
En este desayuno, el cual ya parece más de amigos que de periodista-escritor, Marco lanza una frase cruel, pero muy acertada –ojo chic@s, que aplica para tod@s-: “Si tú eres una persona activa física e intelectualmente, estás leyendo y actualizándote, no tienes nada de qué hablar con un imbécil que se la pasa viendo el futbol”.
Después de soltar una carcajada, los papeles se invierten. Ahora Marco es el entrevistador y yo la entrevistada. El escritor me pregunta: “¿Y tú, qué pasa con el amor?” Ahí es cuando mi risotada se apaga.
“Mucho, pero al mismo tiempo nada…”. Y le confieso que siempre he sido muy problemática para ese tema.
“Mmmmta esas como tú son las más divertidas en el amor, pero también las más difíciles, complicadas”, dice Marco con un tono que revela una especie de “lástima” por el hombre que se atreva a conquistarte. La bendición para él, casi casi.
¿Y si le digo a Marco que me dé el contacto de Pedro Botero para que, como a él, me lea el I Ching? Ando medio perdida.
Este video va para Marco Tulio y su amada “L”: