Comunidad-Estado: déjame aplanarte la curva (II)

blogeditor · 8 de mayo de 2020

Comunidad-Estado: déjame aplanarte la curva (II)

Le dejaré los problemas de mañana a mi yo de mañana”.

One-Punch Man

 

La nación-estado hace un llamado emocional tan inteligente que el #espirituidentitario que surge de su propuesta parece capaz de trascender tanto la identidad comunitaria como la historia misma para justificar su existencia. Nos hace sentir como si su presente se fue construyendo desde los tiempos de Abraham, como si todo el proceso de la historia fuera para que Benito Juárez llegara a la silla presidencial o Fidel sacrificara al Che. O #Obama. La estrategia argumentativa de la nación-estado es totalmente brillante y sigilosa, y parte de ambas cualidades es que generalmente no parece razonable siquiera empezar una conversación que cuestiona su propia existencia. Es decir, hablar de si México (o cualquier nación-estado) existe o no, es totalmente ridículo, y en sobredosis de #espirituidentitario o #nacionalismo, hasta pudiera ser considerado traición. Cuando en realidad, el Estado de México tiene el doble de población en la mitad del territorio que Suiza, e Iztapalapa tiene mas población que Kosovo (la nación-estado más nueva).

Para no ir muy tan lejos –ya que se puede decir que Cristo era un revolucionario comunitario durante el Imperio Romano o que la historia de la comunidad judía o tlaxcalteca es una lucha constante por defender su identidad ante nacionalismos o intereses de #espiritusidentitarios impuestos– empecemos en el siglo XVIII, el cual se caracterizó por las reacciones organizadas de comunidades amenazadas por el poder hegemónico imperialista e #ilustrado. Este periodo de nuestra historia, comienza con la institucionalización global de la extracción masiva y violenta de recursos comunitarios para el beneficio de un poder central X (o esa élite nebulosa). Aquí se institucionalizan el tráfico de personas (esclavitud) y el tráfico de bienes (comercio) que aceleran el progreso de un grupo especifico de comunidades: ubicadas en Europa. Este siglo culminó en un juego de Risk donde las comunidades europeas reclamaron como suyas #territorios en el mundo, y las revoluciones subsecuentes ocasionadas por la mala administración de esos #territorios, como las revoluciones francesas y gringas.

El siglo XIX abrió con la independencia #identitaria de comunidades en #territorios como México, Brasil, y el subsecuente fragmentado imperialismo europeo se vuelve hacia el sur de Asia, Medio Oriente y África. Pero la lucha de las comunidades no paró solo porque otras nuevas identidades nacionales se les imponían. Un ejemplo es la República Federal de América Central, que junto con México se independizó de España en 1821, y luego del Imperio Mexicano en 1823, y después en 1841 la República se disolvió en los países independientes de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, que hoy siguen teniendo problemas entre sus mismas comunidades identitarias. Recordemos que durante este periodo la Península de Yucatán intentó independizarse de México. Dos veces. Porque #MayaNoEsAzteca.

La exitosa y constante supresión de identidades comunitarias que no dejaban de luchar condujo a la urbanización masiva y a niveles mucho más altos de productividad, ganancias y prosperidad. Con el siglo XX, la combinación de tecnologías administrativas de extracción y represión y las relaciones de dominación entre gobiernos y gobernados, concentraron de manera inmediata los recursos materiales y no materiales en la esfera mas alta de cada sociedad. Políticamente hablando, la única forma de que una comunidad/identidad local pudiera mantenerse viva en este sistema de gobernanza conscientemente hegemónico, era llegar a ese “Poder”. Por eso, con la caída del mundo de Berlín surgieron miles de otros muros, para precisamente defender identidades.

Desde esta perspectiva, la nación-estado puede interpretarse como la herencia de pensamientos imperialistas y supremacistas adoptados por las comunidades elitistas para promover, institucionalizar, legitimar un modo de dominación caracterizado por la extracción masiva de recursos materiales, humanos y simbólicos. El problema no es quien esté en la élite, #BenoJuárez #Obama. El problema es que esa élite sigue existiendo. Desde el Egipto de Moisés. Incluso los procesos de autodeterminación que naciones-estado han llegado a llamar #democracia solo es una versión civilizada del machismo inherente en primates peleándose enfrente a la población para convertirse en alfas y posarse en la cima del árbol para dirigir desde ahí, desde esa silla deseada, a la identidad/comunidad con la que se sientan mas identificados. Es todo muy romántico y totalmente atractivo… para changos.

Gradualmente, las personas se identificaron menos con su comunidad local y más con el #espirituidentitario que profesa la nación-estado. Esta incepción, este cocowash colectivo sobre la identidad, viene de la heredada transferencia masiva de recursos de las comunidades a la nación-estado, no solo por cadenas de producción y suministro, sino también por dominación y violencia, educación y salud, creencia y recaudación. Así, las relaciones entre gobernantes y gobernados se debilitaron por la necesaria y primordial interacción entre gobernantes nacional y gobernantes regionales, dejando totalmente fuera de la ecuación de toma de decisiones (aunque no de la retórica) a las comunidades/identidades que reclamaban representar. Sin siquiera la posibilidad de autodeterminación, las comunidades se debilitaron aun mas ante el aparato centralizado de la nación-estado que monopolizaba la interacción de sus comunidades ante el comercio internacional y la globalización.

Un ejemplo claro es que en todos los museos y centros antropológicos de, por lo menos, Oaxaca, existen bodegas que revientan de cajas atascadas con #artefactos que el gobierno central no ha #catalogado. ¿Por qué necesitaría el gobierno nacional validar la historia de una identidad comunitaria mucho más antigua que la misma nación-estado? Para capturar, subyugar y controlar esa identidad comunitaria; para que la región de Oaxaca siga extremadamente ignorante del poder de su #espirituidentitario y se asuma como parte de algo, y no como un todo.

Y no es nadie en particular. No es EPN, ni AMLO, ni Televisa, ni Juárez, ni Hidalgo ni Slim, ni quien haya sido el último en gobernar Monte Albán. Ni son los gringos, ni su Fondo Monetario Internacional. Es el diseño del sistema dentro del cual votamos, ese que nos educa para no pensar en él.

En todos los libros de texto tradicionales de ciencias políticas en todo el mundo, la nación-estado se presenta claramente como una estructura jerárquica: el gobierno nacional y luego los estados; las comunidades urbanas y metropolitanas en la parte inferior, y más abajo las comunidades rurales y en una esfera aparte, muy aparte –como si fueran reliquias administradas por la Instituto Nacional de la Nostalgia y la Ternurita– están las #originarias que milagrosamente han logrado sobrevivir milenios de tanta y tanta opresión y pues, hay que cuidarlas, a medias, no tanto, e ignorarlas el resto del tiempo porque no entran exactamente en lo #nacional, verdad. En esta estructura, los gobiernos nacionales son los adultos en el sistema, que establecen la dirección hacia el futuro, y las comunidades urbanas y rurales son los infantes que esperan su domingo, y las #originarias se mantienen mendigando en la periferia de este sistema como para contrastar literalmente la realidad del #ProgresoCivilizatorio o #DesarrolloEconómico, o lo que sea, pero ahí siguen luchando por su identidad.

Pero no todo es malo. Los gobiernos nacionales e internacionales han dicho que ya no se trata de reexaminar el modelo de desarrollo que ha seguido nuestro mundo, ya sabemos que necesita cambiar, y dado que delegar nuestra protección y procesos de toma de decisiones a otros es una locura, debemos terminar las dependencias estratégicas que existen solo para preservar la competencia económica global la sociedad debe tomarse un descanso y refugiarse en casa (si es que tienes casa). ¿Tomarán medidas para suspender o condenar todas las políticas y códigos, leyes e índices sin sentido que sustentan un sistema que sacrifica a las comunidades, sus idiomas, ideas y espacios de vida por ganancias?

Todas ya conocemos la gráfica de #elHorror. La X marca Tiempo y la Y el número de contagios o casos graves. Y luego otra línea (H), paralela al Tiempo, marca la capacidad total del sistema de salud. Una primera curva se eleva bruscamente para mostrar qué sucede si la enfermedad se propaga sin control, atravesando la línea H. Una segunda curva muestra lo que sucede si la propagación de covid-19 se desacelera por las medidas de confinamiento y demás milagros políticos. Se mantiene por debajo de esa línea H. La gráfica, entonces, resalta la necesidad de una acción social urgente: disminuir la propagación de la infección a través del control poblacional para evitar que los servicios de salud se  abrumen. Pero, ¿alguien se pregunta sobre la línea H, esa que representa la capacidad de cuidados críticos disponibles en un sistema de salud? Esta línea es, de hecho, el producto de elecciones políticas nacionales e internacionales por las que las comunidades que hoy sufren no tienen voz ni posibilidades de decisión sobre su futuro. La curva necesita ser aplanada porque las políticas nacionales han creado esa línea, solo para lucrar con la asistencia sanitaria.

Y ve. A medida que los mercados bursátiles se desploman, las acciones de Gilead Sciences aumentaron un 20%. Inovio Pharmaceuticals ganó 200%. Alpha Pro Tech ganó 232%. Y las acciones de Co-Diagnostics aumentaron de un dólar a 17, 1,700%, con el anuncio de un kit de prueba para Covid-19.

Contrariamente a las declaraciones de gobiernos nacionales, la cuarentena no es la única arma en este conflicto contra la enfermedad… cómo organizamos nuestra comunidad también es importante. Esta es ya una crisis de naturaleza sistémica detonada por una enfermedad. Incluso cuando se dirigen en la dirección correcta, las políticas públicas nacionales, por sí solas, nunca son suficientes para cambiar las cosas. Eso necesita personas. Y las personas están en las comunidades.

Probablemente hoy comprendamos esto mejor: el costo de delegar la provisión de máscaras faciales y productos farmacéuticos, de los que dependen tanto pacientes como personal de salud y trabajadores de cadenas de distribución y suministro esenciales (que inexplicablemente no tiene ningún equipo proyectivo) y nuestro sustento (agua y alimentos), a un sistema cuyas decisiones nunca ocurren en nuestras comunidades.

Esta serie de calamidades pasadas y presentes se suma a la ansiedad política de un futuro imprevisible, lo que podría justificar que líderes y organización locales comiencen a disociarse con las políticas nacionales para reencontrar su #espirituidentitario en la comunidad (consultable aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí).

Y si la nación-estado es concepto político heredado de un pensamiento imperialista, entonces el concepto de trabajo moderno es necesariamente descendiente de la idea de la esclavitud.

* Nemer Naime es escritor y sociólogo que ha destinado su creatividad a desarrollar y liderar estrategias de comunicación y promoción de la salud a través de la cultura y la educación en la frontera México-Estados Unidos, África Subsahariana y México. Tipazo.

 

Comunidad-Estado: el horror y la solución (I)