Comunicar con gotero

blogeditor · 4 de diciembre de 2014

Comunicar con gotero

La anécdota sigue siendo motivo de burla en mi familia. Terminada la primera ronda de exámenes finales para graduarme de la prepa, decidí que me merecía un premio por tan grande esfuerzo y me fui con mis amigos a Ixtapa. En ese momento, el hecho de haberme ido a extraordinario de Filosofía me parecía un detalle menor que solventaría con facilidad a mi regreso. No ameritaba, por supuesto, afligir a mis padres con la noticia de un tropiezo momentáneo.

Fue una chiripada que volviera al cuarto desde la playa justo en el momento en que sonó el teléfono de la habitación. Era mi madre para preguntarme, palabrotas más palabrotas menos, qué carajos hacía yo en la playa si había reprobado Filosofía y tenía que presentar un examen extraordinario en una semana. Más que sentirme culpable, debo reconocer que lo que me inquietaba era saber cómo diablos se había enterado.

Ese día, a pocos metros del mar y con mi cerveza aún en la mano, supe que había que pagar para tener derecho a presentar un examen extraordinario. Hoy agradezco esa vocación de los maristas por descafeinar la diversión y que se hayan tomado la molestia de avisar a mis padres de mi pequeño secreto.

¿Y a qué viene todo esto? Bueno, como todos sabemos, el viernes 1 de noviembre el Jefe de Gobierno del Distrito Federal fue sometido a una intervención quirúrgica por un “problema de arritmia”, es decir, un problema de frecuencia cardiaca; es decir, un problema del corazón. Luego de una complicación durante el procedimiento, que ahora sabemos puso incluso en riesgo su vida, el Jefe de Gobierno está bien y en franca recuperación. Desde luego, no hay más que celebrarlo. Punto y aparte.

[contextly_sidebar id=”dbh5MoOkamUxguelyh4U3pSliyV57z6M”]Ahora bien, ¿cuándo nos enteramos los capitalinos de que esta cirugía le sería practicada? Uno esperaría que los habitantes de la ciudad capital del país nos enteráramos de este tipo de asuntos con una prudente anticipación y por una vía oficial, pero no fue el caso. ¿Nos enteramos un día antes, al menos? No. ¿Nos enteramos el mismo día, previo a la operación? Tampoco. Nos enteramos el mismo día, después de que la intervención fue realizada. Y la mayoría lo hicimos a través de las redes sociales, no por la “nota informativa” que fue subida en la página de internet del Gobierno del Distrito Federal.

Dicha nota consigna que el Jefe de Gobierno “fue sometido a una intervención quirúrgica programada”. Es decir, no era una emergencia, era un procedimiento agendado semanas antes. En esa misma nota se asienta que “el Jefe de Gobierno se encuentra hospitalizado, estable y recuperándose”. Para ese momento, según nos volvimos a enterar después -no por el gobierno del DF, por supuesto-, Mancera había sufrido una perforación cardiaca durante la intervención, por lo que había tenido que ser operado a corazón abierto. Insisto, eso no aparece en la primera nota informativa del GDF.

Aquél debe ser el peor escenario para un jefe de prensa. Suponemos que por estrategia se decide no informar anticipadamente a los ciudadanos y medios de comunicación para evitar especulaciones, cobijados además en el hecho de que la cirugía era más o menos de rutina y que sería practicada en viernes, día óptimo para minimizar el impacto de una posible filtración. Nunca sabremos si la estrategia –que seguimos suponiendo existía- incluía informar algo después de la operación, pues lamentablemente el Jefe de Gobierno tuvo la mala fortuna de hacer efectivo el improbable 1 o 2 por ciento de probabilidades de sufrir una perforación cardiaca durante este tipo de procedimientos (el dato es aportación del cirujano que atendió la emergencia).

De acuerdo con una nota de Reforma del domingo 3, el mismo médico reconoció posteriormente que “el sangrado que tuvo (Mancera) pudo matarlo”. Y aquí vale la pena detenernos un poco y recapitular: estrategia de comunicación de bajo perfil – y cero transparente-, procedimiento en teoría sencillo, fin de semana en puerta y… ¡zas! De pronto el jefe está en riesgo de morir. El jefe de sus empleados, quiero decir – incluyendo al de prensa-, pero también NUESTRO Jefe de gobierno, el de los chilangos, pues.

Lo que vino después fue una reacción natural con la información con que se contaba: al principio mensajes de apoyo, solidaridad, deseos de pronta recuperación, etc. Luego fueron surgiendo detalles de la intervención y sus complicaciones y vino el desconcierto, cierta preocupación, incertidumbre, en fin, que todos nos clavamos en que la vida de Mancera había estado en peligro, pero ya se encontraba estable y en franca recuperación.

¿Y la comunicación social, apá? ¿Fue buena, mala? ¿Fue oportuna para los ciudadanos? ¿Fue pareja para los medios? Pues no, en eso nadie parece haber reparado, ni ciudadanos ni medios.

Leo una nota del periódico El Sur de Guerrero, del 26 de octubre. Refiere la participación de Rubén Aguilar en una conferencia ante estudiantes de las carreras de comunicación y mercadotecnia del estado. Teniendo como contexto la situación en la entidad, y particularmente en Iguala, Rubén les confirmó lo que seguramente muchos de esos jóvenes pensaba: “a los políticos les aterra hablar con la verdad”. Pero fue más preciso aún: “creen que nos van a hacer pendejos, pero lo único que da congruencia al político es la verdad”.

El caso de la comunicación oficial sobre la intervención quirúrgica de Mancera palidece, desde luego, frente a la de la investigación sobre los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos; a la del operativo para capturar al ex alcalde de Iguala y su esposa; a la de lo sucedido en Tlatlaya, incluso a la de la ya famosa “casa blanca” de la esposa del presidente Peña; sin embargo, a todos ellos aplica eso que también dice Rubén: “Comunicar es Gobernar”.

Cuando la estrategia de comunicación de las autoridades no se basa en criterios de transparencia sino en la técnica del gotero, del cálculo político, decir la verdad, a tiempo, siempre representa un peligro. Sin embargo, tarde o temprano aparece un aguafiestas que nos recuerda sobre el examen extraordinario que olvidamos pagar.

 

*Fernando Morales (@femoralesa) es comunicólogo por el Tec de Monterrey y especialista en Comunicación y Gestión Política por la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido director de comunicación social en el gobierno federal y actualmente se desempeña como consultor en comunicación y relaciones públicas en los sectores público y privado.