blogeditor · 5 de agosto de 2018
Por: Carolina Hernádez Nieto (@CarolinaHNieto)
El panorama que refleja el Informe CEDAW 2018[1] y las recomendaciones que hace para nuestro país no es algo nuevo. Es más, al igual que en otras materias de interés nacional, refleja el sobrediagnóstico que existe de algunos puntos que lastiman y hieren día a día a la sociedad mexicana.
Al igual que en la mayoría de los informes que en materia de derechos humanos se han realizado para México, el informe de la CEDAW 2018 confirma que, en gran parte, las condiciones que nos parecieran inamovibles y normalizadas son consecuencia de una apatía generalizada y falta de voluntad política para querer transformar esta realidad ya conocida.
Frente al próximo cambio de administración federal y, en teoría, un aparente “ánimo” de transformación paradigmática sobre el futuro del país, consideramos necesario reconfigurar también la estrategia para resolver las consecuencias de un sistema que cobija relaciones desiguales basadas en el género.
Si bien la desigualdad a causa del género se vive en la mayoría de relaciones de las que formamos parte, el trabajo que desempeñamos y la cercanía que tenemos con personas que buscan ejercer su derecho al acceso a la justicia es causa de que, en este espacio, centremos nuestra atención a este punto recomendatorio; para ello, retomaremos no sólo el informe CEDAW 2018, sino el trabajo realizado por las compañeras de EQUIS: Justicia para las Mujeres, Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE) y el Instituto de Liderazgo Simón de Beauvoir a través de su publicación 51%. Una agenda para la igualdad[2].
La CEDAW señala que los estereotipos discriminatorios y el desconocimiento de los derechos de las mujeres por parte de las instituciones estatales en el sistema judicial, ministerial e incluso, la policía, ocasiona prácticas estructurales que obstaculizan el acceso de las mujeres a la justicia, y nosotras sumaríamos en este diagnóstico, a las personas con identidad genérica diversa.
Asimismo, la CEDAW subraya las barreras económicas, lingüísticas y geográficas en las que se desarrollan personas indígenas, rurales o que viven con alguna discapacidad.
Por ello, recomienda al Estado mexicano:
Estos puntos ya han sido abordados por el gobierno mexicano, pero los esfuerzos han sido insuficientes, ya que como observamos las condiciones continúan existiendo y el acceso a la justicia continúa obstaculizado.
En 51%. Una agenda para la igualdad, se reconoce también que en México se ha invertido una gran cantidad de recursos para crear mecanismos institucionales guiados a prevenir, atender y sancionar la violencia de género en el acceso a la justicia[3], sin embargo, la desconfianza en las instituciones continúa siendo uno de los principales motivos para que las personas agraviadas se resistan a denunciar los hechos.
Ante estas condiciones, el gobierno mexicano ha llevado a cabo las siguientes acciones:
Otra de las medidas que prevén acciones para el acceso a la justicia por parte de mujeres y a las que deberían sumarse las personas con identidad de género diversa, pudieran ser las que aparecen en las Declaratorias de Alertas de Violencia de Género, mismas que dependerán del contexto y las necesidades de la entidad federativa en que se active.
No obstante lo anterior, estas acciones comparten una característica que impide saber si están o no, funcionando: rendición de cuentas y acceso a la información que generan. Toda política o programa público necesita y debe ser evaluado a efecto de estar en condiciones que permitan la continuidad o reformulación de estrategia, de ahí que urjamos al equipo de transición la propuesta de evaluar a fondo los rubros públicos que tienen como objetivo evitar la obstaculización al acceso a la justicia. Para ello, retomamos las recomendaciones hechas en 51%. Una agenda para la igualdad:
Consideramos que a los discursos e intenciones de transformación realizadas por el equipo de transición del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, debe sumarse la evaluación y transparencia en la rendición de cuentas de programas encaminados a buscar el acceso a la justicia de las mujeres y personas con identidad de género diversa, o de lo contrario, no deberá sorprendernos que ante un escenario de violencia generalizada las deficiencias que se tienen documentadas hasta ahora, se continúen perpetrando.
[3] De acuerdo con la información de ese trabajo: De los más de 40 millones de mujeres que hay en México, 66.1% ha enfrentado algún tipo de violencia (ENDIREH 2016). Sin embargo, cada año sólo se presentan 150 mil denuncias por violencia de género, de las cuales, 11% resultan en investigaciones por parte del Ministerio Público. De éstas, únicamente 2.4% reciben sentencias condenatorias.