Redacción Animal Político · 11 de enero de 2023
En septiembre de 2020 se hizo viral el asesinato de Jessica González en Michoacán. El presunto responsable era Diego Urik, 1 con quien aparentemente la joven de 21 años tenía una relación de pareja. 2 A Diego, de 18 años, lo capturaron unos días después, en un hotel en Jalisco. Había rumores de que su mamá y su padrastro lo habían ayudado a escapar. Me acuerdo que en ese momento le pregunté a mi mamá qué haría si yo algún día la buscaba para pedir ayuda por algo así. La ingenuidad de su respuesta me conmovió mucho. Dijo que ella confiaba en que si yo en algún momento estaba en una situación parecida, enfrentaría las consecuencias de mis actos. A pesar de lo que dijo, yo estoy prácticamente segura de que mis papás —los papás de todos con sus hijos— harían lo imposible para brindarme protección, independientemente de qué hubiera hecho.
Esa reacción es tan normal, que incluso está prevista en el artículo 400 del Código Penal Federal, que establece una excepción al castigo para quien oculte información, auxilie al autor de un delito, altere pruebas o desvíe la información, entre otras. La excepción aplica para: “a) Los ascendientes y descendientes consanguíneos o afines; b) El cónyuge, la concubina, el concubinario y parientes colaterales por consanguinidad hasta el cuarto grado, y por afinidad hasta el segundo; y c) Los que estén ligados con el delincuente por amor, respeto, gratitud o estrecha amistad derivados de motivos nobles”. Es decir, la justicia penal reconoce que es muy complicado castigar a alguien por querer proteger a sus seres queridos.
Esto había sido así hasta octubre del año pasado, en que la Cámara de Diputados aprobó una minuta que, entre otras agravantes al delito de feminicidio, incluye que las excepciones previstas en el artículo 400 del Código Penal Federal no apliquen en el caso de feminicidio. Es decir, si la madre de un secuestrador lo auxilia, todo bien, pero si es un feminicida, tiene que ver primero por la víctima que por su hijo. No quiero que se malinterprete, porque en estas discusiones binarias estamos acostumbrados a interpretar cosas que no se dicen: por supuesto que el feminicidio me parece gravísimo y querría que los agresores enfrentaran a la justicia. Pero también creo que abuelas, madres, concubinas no deberían pagar por lo que hacen los hombres de sus familias.
Legislar con perspectiva de género no puede circunscribirse sólo a las víctimas de feminicidio. Sabemos que, en términos generales, los hombres que delinquen buscan apoyo con las mujeres no sólo para evitar la justicia, sino una vez que ya están adentro de las cárceles. Si uno compara las cárceles de hombres en días de visita y las de mujeres, verá que las mujeres de esos hombres privados de la libertad siguen visitándolos, les llevan comida, ropa, a sus hijos, cariño y hasta sexo. A muchas de las mujeres privadas de la libertad las abandonan aun cuando siguen siendo las proveedoras principales de sus hijos.
De las personas privadas de la libertad, apenas el 5 % son mujeres. 3 Es decir, la conducta criminal de las mujeres es mucho menos frecuente que en su contraparte masculina. Si uno las entrevista, conocerá también muchas historias de encubrimiento: entraron a bandas criminales que lideraba el novio, ocultaban las drogas que vendía su hijo, metieron mariguana a un penal porque su esposo les pidió que la fueran a vender. Son principalmente mujeres quienes auxilian a sus hijos, novios, padres, aunque hayan delinquido.
Nadie cree que esté bien encubrir a un feminicida, pero tampoco está bien olvidarse de las mujeres que rodean a ese feminicida. ¿Cómo es la vida de esas mujeres? ¿Pueden decidir no auxiliarlo? El voto suena bien, vende bien, pero resuelve poco. Sobre todo resuelve poco para las mujeres en general. Porque víctimas también pueden ser quienes viven en círculos de violencia, de miedo o incluso de cariño con hombres violentos.
Esta iniciativa 4 llegó al Senado ya. De ese voto dependerá lo que pase con esas otras mujeres frente a la justicia penal. Conociendo a nuestras senadoras y senadores, creo que pocos estarán dispuestos a dar una batalla impopular. Nadie querrá cargar con la acusación de defender a feminicidas cuando tal vez oponerse a esta reforma sea la manera de proteger a más mujeres. Ojalá nuestros legisladores —y nuestra sociedad— estuvieran más dispuestos a reconocer las complejidades de la naturaleza humana, de las situaciones de violencia, de la justicia penal y de la igualdad de género. En esos matices y sólo en esos es donde se puede construir justicia.
* Jaina Pereyra (@jainapereyra) es integrante del Consejo Consultivo de @LaCanaMx. La autora agradece a Fernanda Saud Maldonado por su colaboración para reunir la información necesaria.