Redacción Animal Político · 10 de abril de 2023
Ser competitivas en el mercado es de los principales retos de las empresas; sin embargo, este impulso por sobresalir entre las preferencias de los consumidores no debe estar por encima del bienestar de sus trabajadores y, mucho menos, a costa de castigar los salarios. Eso las convierte en fábricas de pobreza, un círculo tramposo que debe cambiar.
En México se volvió costumbre que las empresas, de todo giro y tamaño, paguen mal a sus colaboradores.
Datos del IMSS refieren que, al cierre del año pasado (diciembre 2022), más de 4 de cada 10 trabajadores con empleo formal (45 %) no tenían un salario suficiente para comprar dos canastas básicas al mes; son casi 10 millones de personas que bajo esta circunstancia les impide superar el umbral de pobreza.
Estamos hablando de que alrededor de 4.7 millones de personas tenían un salario equivalente al costo de 1.5 canastas básicas (CB) y otras 4.6 millones, su salario no les alcanzaba para completar el costo de dos canastas básicas (ganan entre 1.5 y 2 CB).
Es decir, todas ellas ganan menos de 8,600 pesos al mes.
Y usando múltiplos más simples, es grave que 11.6 millones de personas con trabajo formal registrado en el IMSS tengan un salario menor a 10 mil pesos al mes. Son el 54 % del total de personas con trabajo formal en el sector privado. Sólo 2 de cada 10 ganaban más de 20 mil pesos al mes.

Esta situación es generalizada en el país, pero hay estados donde la tendencia es más marcada: En Sinaloa, 62 % de los trabajadores que cuentan con empleo formal tienen salario insuficiente, mientras que en Guerrero y Oaxaca es el 61 %.
¿Y en dónde están ocupados esos trabajadores? Resulta que más de la mitad de las personas con trabajo formal sin salario suficiente trabajan en medianas y grandes empresas; es decir, los consorcios comerciales, las tiendas departamentales, bancos, por ejemplo, que emplean a una gran cantidad de personas, pero con salarios precarios que no alcanzan para cubrir las necesidades básicas que permitan a sus colaboradores contribuir a que su familia deje de ser pobre.

Son 5.1 millones de personas; es por ello que en Acción Ciudadana Frente a la Pobreza hemos insistido en que es indispensable que las grandes y medianas empresas actúen para cambiar esta realidad en el país. Además, para las que se consideran “socialmente responsables”, pagar un salario suficiente debe ser una tarea ineludible y urgente.
En México, la pobreza está estancada desde hace por lo menos 15 años. Todas las discusiones sobre si la pobreza “bajó” o “subió” discuten sobre “décimas o unos cuantos puntos porcentuales”, como si fuera el tipo de cambio, el crecimiento del PIB o la inflación.
No es así. Mientras alrededor del 40 % de la población en México viva en pobreza, nuestra economía estará estancada, pues millones de personas no ejercen plenamente su productividad y tampoco son parte del mercado interno, pues sólo sobreviven con lo básico.

Es una contradicción que una de las causas de la pobreza se genere en el sistema laboral, cuando debería ser la vía para salir de ella. Hoy, al igual que hace 20 años, millones de trabajos son, en realidad, fábricas de pobreza, como lo hemos venido mostrando en el Observatorio de Trabajo Digno. Y ahora también lo mostramos con los datos de trabajos formales registrados en el IMSS.
Acción Ciudadana Frente a la Pobreza sostiene que desde el sector privado y del ámbito gubernamental se deben tomar medidas para que toda persona que trabaje goce del derecho humano a la remuneración suficiente para sostener a una familia y vivir con dignidad, como lo establece la Declaración Universal de Derechos Humanos y nuestra Constitución.
Está muy bien para el país que la dinámica empuje a las empresas a ser competitivas en el mercado, y que se aprovechen nuestras ventajas geográficas para establecer nuevas inversiones vinculadas a las cadenas de suministro de la industria en toda Norteamérica (el famoso “nearshoring”). Lo que no se vale, es que el desarrollo y el crecimiento estén basados en castigar las condiciones laborales y salariales de la mayoría de las personas trabajadoras. La productividad de México está estancada, en parte, por los bajos salarios.