Cómo romper con prácticas autoritarias

blogeditor · 12 de noviembre de 2020

Cómo romper con prácticas autoritarias

Los regímenes autoritarios toman decisiones con mayor probabilidad de fracaso. Esto se debe a tres razones. La primera es que las vías para allegarse de información, análisis o evidencia útil para la toma de decisiones se cierran, lo que provoca que las decisiones se tomen con información limitada o sin evidencia suficiente. La segunda es que las capacidades o competencias de múltiples actores u organizaciones se desestiman ante la desconfianza de cooperar con perfiles no afines al grupo en el poder. La tercera es que, ante la reducción de interlocutores válidos, las alternativas de acción para resolver un problema particular se reducen o desaparecen por completo.

El fracaso en regímenes autoritarios observa un doble efecto: la incapacidad de resolver problemas públicos desde la gestión gubernamental por una estructura de toma de decisiones completamente vertical, y la incapacidad de generar un consenso social lo suficientemente amplio como para legitimar las decisiones tomadas como las mejores alternativas. En el primer caso, la capacidad humana limitada o la racionalidad limitada (como la denominó Herbert Simon) impide que un solo individuo tome todas las decisiones para todos los temas y que sea capaz de ver todas las aristas en cada una de esas decisiones. En el segundo caso, la toma de decisiones en problemas complejos, como el acceso universal a servicios de salud o a la educación pública, requiere socializar con anterioridad las posibles decisiones con el fin de interiorizar y apropiarse de los procesos, así como de anticipar retos de implementación. Si ello no sucede, las intervenciones de gobierno de política pública aumentan la probabilidad de fallar.

Una consecuencia negativa adicional de regímenes autoritarios es la centralización de la toma de decisiones. En países con tradiciones federalistas limita la capacidad de acción de gobiernos locales y reduce los recursos disponibles para la ejecución de políticas públicas locales. Estas políticas locales, en el caso mexicano, están establecidas en el artículo 115 constitucional: agua potable, drenaje, alumbrado público, recolección de basura, seguridad pública, calles, parques, entre otras. Perder capacidad de diseñar y ejecutar políticas públicas en estas materias reduce al mínimo la presencia del Estado en las localidades del país y agrava otros problemas como la inseguridad y la violencia. La centralización reduce a meros intermediarios o gestores a los gobiernos locales y municipales.

¿Cómo romper con estas prácticas autoritarias?

Primero, al no dejar de honrar los principios y valores democráticos de pluralidad, diálogo o construcción pacífica de consensos. Las sociedades democráticas, a pesar de gobiernos autoritarios, mantienen el flujo de información sustentada y con evidencia hacia los tomadores de decisión por cualquier vía disponible, aunque a veces parezca un diálogo de sordos. Debemos partir del supuesto, en todo momento, que entre más información exista en la arena pública será mejor, ya que aumenta la probabilidad de que ésta sea utilizada. Si las vías de interlocución para entregar esta información están cerradas o limitadas, lo idóneo es socializarlas por todos los medios de comunicación disponibles. Hoy, la diversidad de medios y redes sociales permite que la información tenga múltiples salidas.

La segunda es utilizar las competencias y capacidad que tenemos como individuos o como organizaciones para cooperar en la implementación de políticas públicas. La cooperación, nos recordaba John Nash, tiene mejores resultados en el largo plazo, ya que maximiza el beneficio colectivo. Subrayo esta idea, en la medida en la que logremos influir con nuestra capacidad en los procesos de implementación de política pública, podemos reorientar parte de los despropósitos que se impongan ante la centralización del poder político.

Por último, una sociedad democrática es tan compleja que las alternativas de acción siempre se pueden ejecutar o, al menos, se puede presionar para su implementación con los múltiples actores políticos y sociales que integran el sistema político. En el camino siempre encontraremos interlocutores honestos y comprometidos con causas sociales que busquen la ampliación del ejercicio de nuestros derechos. Con esos servidores públicos debemos construir.

@luisffernandez