blogeditor · 8 de abril de 2014
Dicen que el primer paso para resolver un problema, cualquiera que éste sea, es definirlo correctamente. Y por muy obvio que parezca esto, casi nunca se lleva a la práctica, como es el caso de la inseguridad en México.
Recuerdo muy bien cuando en Diciembre del 2006 el entonces estrenado presidente Felipe Calderón encabezó el primer operativo de su gobierno en contra de la delincuencia organizada. Vestido de uniforme militar (que le quedaba muy grande), dio la orden de que las fuerzas federales se dirigieran a Michoacán para auxiliar al gobierno del estado, en ese entonces encabezado por uno de los herederos de la franquicia Cárdenas, en el combate a la delincuencia organizada.
A esa incursión le siguieron muchas otras, cuyo objetivo aún es un misterio para la mayoría de los mexicanos (no dudo que para el entonces sesudo director del CISEN también haya sido un verdadero misterio sin resolver). Algunos especulaban que la intención era perseguir y encerrar a los malos de Malolandia que encabezaban las principales organizaciones dedicadas al narcotráfico; otros más decían que la intención era reducir la violencia en el país, que como el Melate, iba creciendo semana con semana, mes con mes, año con año; otros decían que era para reducir el número de homicidios (algunos “expertos” han inclusive afirmado que a pesar de que las bases de datos de homicidios que presentaron las autoridades federales era un verdadero fiasco, éstas eran “consistentemente inconsistentes”).
Sin embargo, lo que si quedaba sumamente claro es que sin un objetivo concreto por parte de la dizque “estrategia de combate al crimen organizado” (llamada efímeramente por el entonces presidente Felipe Calderón “guerra contra el narcotráfico”) era en extremo difícil evaluar si las acciones emprendidas por el gobierno federal estaban sirviendo para maldita la cosa.
[contextly_sidebar id=”854f407c614841a8a1a952d2aff5a1f0″]Es decir, era casi imposible evaluar la estrategia de combate a la corrupción del gobierno de Calderón. ¿Cómo evaluar una política si no sabemos con la mínima claridad y coherencia cuál es su objetivo, qué problema concreto busca resolver? Lo único que veíamos eran espectáculos televisivos donde se presentaba a los ciudadanos en horarios estelares que se había detenido en X operativo a un “delincuente”, con nombre y apellido, violando a todas luces el debido proceso y sus derechos humanos (en rara ocasión se usaba el término “presunto delincuente”), y siendo juzgado de manera multitudinaria a través de los medios de comunicación.
Para acabarla de amolar, se hace constitucional la figura de arraigo que, ante la incapacidad de los ministerios públicos del país de armar adecuadamente un caso, primero mandaban detener a una persona (por alguna presunción de cierto “testigo protegido”) y luego averiguaban. El resultado es que, en no pocos casos, las autoridades federales hicieron un tremendo papelote al tener que dejar ir a las personas que arraigaron ante la imposibilidad de demostrarles su culpabilidad, como fue el caso del llamado “michoacanazo”.
Einstein decía que locura es hacer mil veces las mismas cosas esperando resultados distintos, y parece que en lo que respecta a la estrategia de seguridad, los mexicanos estamos locos de remate.
La actual administración federal parece no sólo estar reproduciendo las acciones que el gobierno calderonista realizó para enfrentar a la delincuencia organizada (ahora no sólo dedicada al tráfico de drogas, sino también de armas, a la extorsión, al secuestro, a la piratería, a la trata de personas, al robo de vehículos, al robo de camiones de carga en carreteras, y un largo etcétera), sino que tampoco ha definido con claridad cuál es el problema y sobre todo, cuál es EL OBJETIVO que busca alcanzar y cuáles son las metas concretas que intentará cumplir.
Mientras esto no se defina con claridad y logre articular de manera mínimamente coherente una política en materia de seguridad pública a nivel nacional, será en extremo complicado cambiar la realidad que día a día estamos padeciendo 112 millones de mexicanos.
También es preciso reconocer que ha habido acciones acertadas, como la detención de algunos líderes de cárteles, que sin embargo seguimos sin saber qué es exactamente lo que buscan lograr con ello.
Estamos a tiempo de que se definan con claridad estos objetivos y una vez que esto se logre, será mucho más fácil obtener el respaldo ciudadano.
La Miscelánea de Don Marce
Como ya habíamos platicado en el #DanzónPolitikón de la semana pasada, en estos días se está llevando a cabo la pasarela de aspirantes y suspirantes a comisionado o comisionada del nuevo instituto autónomo que se encargará de garantizar nuestro derecho a la información pública a nivel nacional, y de la protección de nuestros datos personales.
Como era de esperarse, ya empezaron los apoyos y las denostaciones, en los distintos medios de comunicación (incluyendo las redes sociales), a los distintos candidatos y candidatas. Trapitos al sol por aquí y por allá están saliendo a relucir, si X o Y candidato hizo alguna travesura en su pasado lejano o cercano, o si es o no merecedor del apoyo de los 10 expertos que acompañan al Senado de la República en la pasarela. Lo que sí puedo decir es que por un lado las preguntas que les están haciendo a los y las suspirantes son un verdadero trasatlánticos (sólo faltaba que hubieran sido de opción múltiple), y por el otro, no hay propuestas por parte de los candidatos que me haga decir ¡Uórales, éste sí sabe!
Yo por lo pronto, sigo pensando en mis gallos y/o gallinas para la quiniela que aún no he llenado.
La panza es primero
Debo confesar que en este preciso momento, me está siendo muy difícil escribir esta sección sobre todo porque a partir de esta semana empecé una nueva dieta (Operación Ballena 6.0). Mi meta es bajar de 10 a 12 kilitos. Sin embargo, ahí va la recomendación de la semana.
Para todos aquellos que la pizza les gusta un titipuchal, les sugiero le caigan a Urban Pizza que está en el corazón de la Colonia Roma. Se preguntarán qué tiene de especial las pizzas de este lugar. Pues resulta que en vez de ponerle salsa de tomate como base a las pizzas, le ponen pesto, lo que las hace, además de diferentes, deliciosas. En verdad, en verdad les recomiendo que se den una vuelta y las prueben. Les van a encantar. La dirección es Chiapas 173, Colonia Roma, está casi esquina con Medellín. El teléfono para que la pidan a domicilio (si viven por la zona) es el 55647279. Éntrenle ustedes que pueden.