Cómo otros países cobran impuestos a quienes más tienen

blogeditor · 30 de junio de 2022

Cómo otros países cobran impuestos a quienes más tienen

Carlos Slim, el mexicano más rico del mundo según Forbes, tiene una riqueza neta de 62.8 billones de dólares. ¿Qué tanto es eso? Si Slim metiera su fortuna al banco, tan solo por los intereses que le pagarían tendría el ingreso promedio de más de 400 mil mexicanas y mexicanos. Así, sin mover un dedo. Es normal que a muchos nos parezca que esta situación no debe seguir así. La imposición progresiva del capital, aplicada por muchos países alrededor del mundo, es uno de los métodos para corregir este problema. Al respecto, tanto por sus efectos sobre la desigualdad como por los recursos que pueden aportar a las finanzas públicas, se ha hablado mucho del impuesto a la riqueza neta. Sin embargo, este impuesto enfrenta gran oposición de ciertos sectores de la población (las personas millonarias, que son pocas, pero poderosas), por lo que podría ser difícil de instrumentar.

Entonces, es necesario conocer opciones de política tributaria sobre el capital, tal vez más modestas, pero no por eso menos útiles en limitar los privilegios de las personas más ricas. Con este objetivo en mente, es útil observar lo que hacen otros países del mundo. Contar con una perspectiva internacional sobre la imposición a la riqueza nos puede dar algunas lecciones valiosas para México y del potencial que tiene esta forma de recaudación. Antes, hablemos de dos factores que distinguen a los sistemas tributarios sobre el patrimonio: el número y el monto recaudado por este tipo de impuestos.

1. Número de impuestos

Al hacer una comparación sobre el número de impuestos a la riqueza que se cobran en los distintos países, encontramos casos muy diferentes. En un extremo, están los Emiratos Árabes o Arabia Saudita, que básicamente cuenta con solo impuestos recurrentes, como el predial. Del otro lado están países como España, que cobra impuestos de la herencia y las ganancias de capital, también impuestos sobre la riqueza neta. Lamentablemente, México está más cerca de la primera categoría que de la segunda: a nivel federal sólo contamos con impuestos sobre las ganancias y las ganancias de capital; por su parte, los gobiernos subnacionales cobran la tenencia vehicular, en el caso de algunas entidades, y el predial, para los municipios.

2. Monto recaudado

Además, los países difieren no sólo en la cantidad y los tipos de impuestos sobre el patrimonio que cobran; también hay diferencias en torno a la recaudación que suponen estos impuestos. Hay países como Francia, que recaudan hasta el 4% del PIB en ingresos por impuestos sobre la riqueza. Mientras otros como Hong Kong o India recaudan casi nada. Dentro de este mismo grupo podemos incluir a México que, de la suma de todos sus impuestos al capital, sólo obtiene un 0.3% del PIB (el mismo porcentaje desde el inicio del siglo). En resumen: recaudamos pocos impuestos sobre el capital, y de los pocos que recaudamos sacamos muy poquito para las finanzas públicas.

Ahora bien, debemos preguntarnos si el que unos países recauden tanto y otros tan poco tiene que ver exclusivamente con el número de impuestos que se cobran. La respuesta es no. Por ejemplo, Australia sólo cobra impuestos sobre las ganancias al capital y sobre la propiedad inmobiliaria; sólo con estas dos imposiciones le basta para recaudar más que España, que cobra todos los impuestos a la riqueza. Esto implica que un sistema de imposición al capital limitado pero eficiente, con tasas impositivas elevadas y con pocos beneficios fiscales, puede ser más provechoso que uno con muchos tipos de impuestos, pero poroso. Esto podría representar un aprendizaje para México, en donde si bien el momento político no favorece la aprobación de nuevos impuestos, podría concentrarse en afinar los que ya tiene.

Otro descubrimiento importante es que no existe una correlación exacta entre los impuestos sobre la riqueza medidos en relación con el PIB y la prosperidad económica; es decir, tanto los países ricos como los países en desarrollo pueden recaudar sumas elevadas (o bajas) de impuestos a la riqueza. Para ilustrar lo anterior está el caso de Colombia, país con características similares a las nuestras, y que recauda más impuestos a la riqueza de las personas que, por ejemplo, Suecia. Si en Colombia –tan parecido a México en muchas cosas– puede cobrar una buena cantidad de impuestos a la riqueza para limitar la desigualdad y nutrir sus finanzas públicas, no hay razón por la que en México no se pueda.

También es interesante notar los cambios que han experimentado los sistemas fiscales a lo largo del tiempo. Aunque se ha señalado en muchas ocasiones, no deja de ser importante mostrar una coincidencia entre los sistemas de imposición que no deja de ser alarmante: los países se mueven en una misma dirección, tendiente a abandonar el impuesto sobre el patrimonio y el impuesto sobre sucesiones y donaciones; en menos de 15 años, ocho países de la OCDE dejaron el primero, y en un transcurso de 35 años, otros ocho países de ese mismo grupo cancelaron el segundo.

A pesar de lo anterior, hay algunas señales de esperanza que nos podrían anticipar cambios en favor de la justicia fiscal. Esto se ve, por ejemplo, en la renovada atención que la tributación sobre el patrimonio ha atraído en los últimos años. Además, hoy en día un 70% de las y los mexicanos queremos una sociedad más igualitaria. Es probable que esta nueva demanda por la redistribución se cristalice en alguna política fiscal que haga que se redistribuya la riqueza de las personas millonarias del país, aquellas que pueden vivir de los intereses, de los intereses, de los intereses de su fortuna.

* Emmanuel Ramírez Casillas es investigador en el programa de Justicia Fiscal de @FundarMexico.