blogeditor · 21 de mayo de 2014
Por: Gustavo Rivera Loret de Mola (@gustavoriveral) y Gerson J. R. Mata (@GersonJRMata)
Partiendo del supuesto de que la productividad de los congresos depende del número de días que sesiona el Pleno durante un periodo legislativo (a más días mayor productividad), la Cámara de Diputados aprobó el pasado 24 de abril un dictamen que amplía los periodos ordinarios de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) de 150 a 200 días. En nuestra opinión, para incrementar la productividad de la ALDF es necesario modificar el funcionamiento de las comisiones legislativas, estableciendo mejores elementos de control y fiscalización de sus actividades y facilitando la evaluación del nivel de cumplimiento con sus obligaciones.
Las comisiones son la columna vertebral del trabajo parlamentario. En ellas se analizan proyectos de ley y se elaboran dictámenes sobre temas específicos para que después sean discutidos y aprobados en el Pleno, lo que en principio propicia la especialización de los legisladores, incrementa la calidad de la legislación y hace más eficiente el trabajo parlamentario. En la medida en que las comisiones sesionan periódicamente y realizan satisfactoriamente el análisis legislativo, contribuyen a incrementar la productividad y, sobre todo, la calidad de las leyes aprobadas por los congresos. Sin embargo, el funcionamiento de las comisiones es una de las principales deficiencias de la ALDF.
[contextly_sidebar id=”14b40624956ab150aa45263ef54d9bf2″]Aunque se sabe que existen 37 comisiones ordinarias y nueve especiales, se sabe muy poco sobre su trabajo, aún menos sobre los recursos que ejercen. Por ejemplo, aunque las comisiones no tienen la obligación de presentar un informe periódico de sus labores (una deficiencia en sí misma), sobresale que sólo cinco de las 37 ordinarias publicaron un informe de gestión al finalizar el Primer periodo ordinario de sesiones (septiembre-diciembre 2012). La ausencia de informes de gestión es un obstáculo para conocer y evaluar el trabajo de las comisiones al interior y fuera de la Asamblea, así como para conocer si cumplen o no con obligaciones elementales como sesionar por lo menos una vez al mes.
Al sobreestimar el impacto del número de sesiones del Pleno en la productividad de la ALDF, las iniciativas presentadas por el PRD y la ALDF en la Cámara de Diputados, desvinculan el trabajo en comisiones del resto del trabajo parlamentario, insinuando que los periodos de receso equivalen a vacaciones pese a que éstos únicamente aplican a las sesiones del Pleno. Las distintas áreas y órganos que integran a la ALDF funcionan sin interrupción a través de la Diputación Permanente, sus órganos de gobierno y las comisiones legislativas.
Un segundo problema con las iniciativas es que asocian la productividad con la cantidad de leyes aprobadas, cuando la calidad suele ser la principal deficiencia de la legislación en México. Para incrementar la calidad de las leyes es necesario fortalecer el espacio donde son presentadas, analizadas y perfeccionadas, no el espacio donde son debatidas y votadas. En este sentido, fortalecer el sistema de comisiones tendría un impacto mayor en la calidad –y por ende en la productividad— del trabajo legislativo. Incrementar el número de sesiones del Pleno podría ser efectivo como elemento complementario al fortalecimiento del sistema de comisiones, no como el eje de la reforma.
Un diagnóstico incompleto del problema implica desaprovechar la oportunidad de impulsar una reforma más profunda a la ALDF, que sobresale como el congreso de mayor presupuesto en 2013 –recibió $1,472.3 millones de pesos— y uno de los de menor transparencia en México. Es probable que una reforma de este tipo mejore la percepción ciudadana de la ALDF en el corto plazo. Asimismo, puede ser conveniente armonizar la duración del trabajo del Pleno de la ALDF con los del Senado y la Cámara de Diputados. Sin embargo, la baja productividad de la ALDF depende más de su funcionamiento interno, en especial de la discrecionalidad del trabajo en comisiones, que del número de sesiones del Pleno.
Ante la oportunidad que presenta este debate, conviene modificar los reglamentos de las comisiones para incrementar la calidad de las leyes aprobadas por la ALDF. Desafortunadamente esta modificación depende de los asambleístas, los principales beneficiarios de un sistema de comisiones opaco y poco institucionalizado. Por lo tanto, mantengamos el dedo en el renglón para impedir que la opinión pública se distraiga del principal problema de la ALDF: la escasa transparencia y rendición de cuentas de sus comisiones legislativas.
* Gustavo Rivera Loret de Mola es Director General de Integralia Pública, A. C. y Gerson J. R. Mata es Director del Programa Legislativo del mismo organismo.
Con datos de Reporte Legislativo