¿Cómo es posible que falle y falle y falle la seguridad?

blogeditor · 16 de agosto de 2022

¿Cómo es posible que falle y falle y falle la seguridad?

Lo que sigue intenta responder a esta pregunta desde un enfoque institucional. ¿Las instituciones responsables de la seguridad ciudadana funcionan mejor si se les controla o si se les deja operar “en libertad”? Les voy a platicar de esto que llamo la paradoja de la seguridad. Este tema es quizá el desafío más importante para las políticas e instituciones responsables de la seguridad ciudadana: cómo equilibrar la reserva de información, la transparencia y la rendición de cuentas. En mi experiencia nacional e internacional, es extraordinariamente difícil.

La ONU publicó un modelo comprensivo de rendición de cuentas con controles internos y externos múltiples. Invito a mirarlo. Consenso: es necesaria la operación simultánea de controles internos y externos antes, durante y después de las operaciones. Lo desarrollé en este texto en el 2019, pensando en la Guardia Nacional como la promesa sexenal de seguridad.

Colisionan dos impulsos: uno a favor de la opacidad expansiva y otro a favor de la opacidad restrictiva. Todo el tiempo las operaciones del sector de la seguridad están atravesadas por esta tensión. El equilibrio adecuado está en zona gris: los extremos no funcionan. El problema surge cuando la opacidad gana por encima de todos los controles internos y externos. Gana cuando las prácticas de las instituciones civiles y militares, a nombre de la seguridad, son alejadas y escondidas evitando las consecuencias del buen y el mal desempeño y el aprendizaje institucional.

Y así es como “la puerca tuerce el rabo” (decía mi madre): sin controles eficaces administrativos, penales, legislativos e incluso sociales, el sector de la seguridad se descompone. Lo he confirmado con operadores en países de todo tipo en 4 continentes. El veneno más dañino que corroe y destruye las políticas e instituciones de seguridad es el colapso de los contrapesos internos y externos. El asunto se vuelve mucho más grave cuando gobiernos y sociedad prefieren y/o toleran la débil o nula rendición de cuentas.

Aquí la paradoja: a nombre de la seguridad, prolongamos la inseguridad. A nombre de la seguridad, pierden los controles democráticos y gana la arbitrariedad en las prácticas. Y entonces no hay aprendizaje basado en la experiencia ni corrección; por eso se repite la falla.

Uno de los ejemplos más contundentes es incrementar el despliegue armado policial y militar. Se repite y se repite y se repite la misma oferta y demanda social, sin pasarla por los controles internos y externos que permitan la rendición de cuentas. Si no hay manera de saber qué hacen las instituciones de seguridad civiles y militares, a través de medios de control que no puedan ser anulados por la cadena de mando político y operativo, entonces no hay nada que hacer: todo en lo oscurito y sin consecuencias formales.

Difícil de creer, pero así es: esas instituciones armadas que operan en las calles y parecen estar a la vista, esconden lo más que pueden sus prácticas, fallas e incluso aciertos. La savia de la reforma democrática de la seguridad son los controles. Sin ellos, jamás.

El anclaje discursivo que revienta esa reforma muchas veces es nada menos que la seguridad nacional (y también la llamada “razón de Estado”). Son refugios. Así es como no logramos asegurar a nuestras instituciones de seguridad. No están aseguradas si no son controladas. La clase política y las cabezas operativas en la inmensa mayoría del país están alineadas hacia el extremo de la opacidad, repito, a nombre de nuestra seguridad. Así jamás habrá seguridad.

@ErnestoLPV