Colonizar los autónomos

blogeditor · 8 de febrero de 2021

Colonizar los autónomos

Después del descontento del presidente con el pleno de INE, además de su declaración a favor de la eliminación de algunos organismos autónomos, algunas de estas agencias estatales comenzaron a organizar foros y charlas para defender su importancia en la democracia mexicana. ¿Quiénes son los protagonistas de estos espacios? Predominantemente consejeros, comisionados, exfuncionarios y expertos que han participado en el diseño de estos organismos.

La legitimidad de los autónomos parece ser un ejercicio de auto referencia: su eficiencia está ligada a la experticia de quien los dirige; su calidad es asegurada por el prestigio de sus voceros, y su autonomía depende de la independencia de quien los gobierna. El problema es que la pertinencia de estos organismos no es profesional ni moral, sino social, por lo que desconcierta verlos proyectados como un mundo de burocracias hiperespecializadas, alejados de la ciudadanía casi igual que los partidos, pero con escasos mecanismos políticos de rendición de cuentas.

En un provocador artículo, Estévez, Magar y Rosas muestran lo ingenuo que puede ser pensar en los organismos autónomos como agencias dirigidas por perfiles independientes y neutrales; pero la contraparte no necesariamente es una mejor posición, pues reconocer su vínculo con el sistema de partidos llevaría a asumir como natural su colonización cuando existan mayorías que no requieran del consenso con otras fuerzas políticas. De hecho, eso pasó en el 2003, cuando PAN y PRI dejaron al PRD fuera de la elección de consejeros, pavimentando el camino a la dramática elección del 2006.

Entre el recuerdo y la evidencia, es difícil no aceptar la parcialidad de los consejeros del IFE que fueron electos a la mitad del trienio de Fox; tampoco las que, en ocasiones, parecen decisiones sesgadas del organismo garante de acceso a la información; mucho menos que este tipo de organismos se han convertido en un campo de carreras políticas y burocráticas. Pero esto no convierte a los organismos autónomos en aliados de los grupos de poder. Todos los partidos políticos, e incluso privados como Televisa y TvAzteca han enfrentado pública y jurídicamente decisiones de estas agencias estatales, en ocasiones, boicoteando su legitimidad.

Instituciones como el INAI o el INE surgen por presión social y necesidades de legitimidad de la clase política. Como una suerte de pacto entre diferentes partes, su pertinencia no puede depender de cercos de virtud y el prestigio de sus dirigentes, sino del reclamo permanente de a quienes más sirve su funcionamiento. Es entendible que en ocasiones molesten a las estrategias de quienes buscan dominar el ejercicio del poder político, así como que su defensa corra a cargo de quienes buscan ponerle límites.

La creación y el mítico funcionamiento del IFE al final de los noventa, estuvo ligado a la inserción de cuadros de Alianza Cívica, lo fue facilitado por el grupo de consejeros no alineados con el partido oficial. La ley de acceso a la información y la creación del IFAI fueron impulsadas por comunicadores y académicos articulados en el grupo Oaxaca, cuya propuesta fue acogida por legisladores de distintos partidos motivados por debilitar el monopolio de la información gubernamental, en un periodo que parecía de apertura del sistema político.

Hay un universo de organizaciones sociales que, desde una diversidad de espacios públicos y de negociación, contribuyen a la creación y la consolidación de los organismos autónomos, pero en raras ocasiones estos colectivos logran incidir directamente en su funcionamiento. ¿No sería momento de repensar un modelo de gobernanza para dotar de poder a las asociaciones en la dirección de estas debatidas agencias estatales?

México está relativamente rezagado de la oleada regional de innovaciones institucionales en materia de participación ciudadana. Por supuesto que mucho de esto tiene que ver con una escasa voluntad de las autoridades, pero también con un montón de colectivos, ONG y agrupaciones sociales que, por desconfianza o principios, se niegan a insertarse a disputar sus proyectos de democratización en los propios aparatos del Estado.

* Héctor Manuel Gutiérrez Magaña es maestro en ciencias políticas por la FLACSO Ecuador y actualmente es estudiante del doctorado en Ciencias Sociales de FLACSO México. Se especializa en la investigación de temas sobre democracia y participación ciudadana.