Redacción Animal Político · 27 de marzo de 2024
En México hay, al menos, 20 especies en peligro de extinción; entre ellas están el ajolote, el jaguar, el lobo mexicano, el oso negro, la vaquita marina, la tortuga caguama, el guacamayo rojo, el ocelote, el manatí, el tapir, el mapache de Cozumel o mapache pigmeo, la musaraña de Los Tuxtlas, el picamaderos imperial o carpintero imperial.
Tristemente, esa lista no tiene fin. A ella se añaden más especies, como el colibrí, muy utilizado para rituales de amor, especialmente en febrero. Si reflexionamos en estos rituales poco entendemos de ellos y mucho podemos analizar de la manera en la que estas prácticas pueden perjudicar al ecosistema y a sus habitantes.
Los colibríes son aves pequeñas y coloridas pertenecientes a la familia Trochilidae, endémica del continente americano, conformada por aproximadamente 350 especies, 57 de ellas habitan en México y 13 son endémicas del país. Su peso promedio va de los cuatro a los seis gramos y miden de 10 a 13 centímetros, y son las únicas aves con la capacidad de volar en reversa y, gracias a su peculiar estructura musculoesquelética, pueden aletear hasta 200 veces por segundo y volar a una velocidad de hasta 95 km por hora.
Su relevancia cultural en México se remonta a la época prehispánica, en la que algunos sitios y emperadores aztecas reciben su nombre de estos animales (Huitzilíhuitl, también llamado Pluma de Colibrí), sin mencionar que muchos de los mantos y coronas de los tlatoanis portan con orgullo las plumas iridiscentes de estas avecillas. Para los mexicas, los colibríes guardaban relación con el dios Huitzilopochtli (colibrí azul zurdo) y las almas de los guerreros muertos en batalla y las mujeres que morían durante el parto se convertían en ellos.
Incluso, dentro de la mitología maya se menciona a los colibríes como una creación de los dioses para usarlos como sus mensajeros, de tal manera que transportaban los pensamientos y los deseos del mundo de los vivos al mundo de los muertos; de ahí el mito de que los colibríes traen buenas noticias o buena suerte.
El uso de los colibríes dentro de este misticismo romántico representa uno de los mayores daños hacia su especie, ya que por generaciones se han utilizado para rituales como “amarres”.
Hoy en día, se venden colibríes disecados en múltiples mercados de herbolaria como parte de rituales para conseguir pareja y en algunos estados del sur del país se consume el corazón del colibrí para atraer suerte en el amor; inclusive se han encontrado grandes exportaciones ilegales de estos animales a otros países, en donde se utilizan con el mismo fin.
Pero el colibrí no solamente es muy bello y atractivo visualmente, sino que también es responsable de la polinización de hasta 10,000 especies de plantas en el país, en ello recae su importancia para el ecosistema y la agricultura mexicana; sin embargo, cinco especies se encuentran en grave peligro de extinción debido a la destrucción del hábitat y a su comercialización con fines esotéricos.
Además, la reducción demográfica en las especies de colibríes es un indicador de cambio climático, debido a que una baja en el número de polinizadores menoscaba la riqueza de la flora en varios ecosistemas, y a su vez, los animales dependientes de estas plantas se ven obligados a abandonar su hábitat. Debemos recordar que esta interdependencia entre los colibríes y la biodiversidad es resultado de millones de años de evolución, por lo que acabar con estas avecillas sería menospreciar la historia natural del planeta.
Las autoridades han hecho un esfuerzo por promover la preservación de esta ave por medio de la creación de santuarios y la prohibición de la comercialización del colibrí. La Convención Internacional sobre el Tráfico de Especies Amenazadas (CITES) y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) de México han proscrito el tráfico de muchas especies de colibríes dentro de la república desde hace más de una década y se ha tipificado como un “delito contra la biodiversidad” dentro del Código Penal Federal.
Las condenas ascienden hasta nueve años de prisión y hasta 4,000 días de multa para los casos de caza y comercialización dentro de áreas protegidas, no obstante, sigue siendo muy común encontrar estas aves en venta dentro de mercados como los mercados de Sonora y de Tulancingo, y las detenciones por la compra-venta del colibrí con fines místicos siguen resonando en las noticias. Recientemente el US Fish and Wildlife Forensic Laboratory documentó que de 2013 al 2021 lograron recuperar 905 cadáveres de colibríes ingresados de forma ilícita a Estados Unidos y provenientes de México.
Este ejemplo y estos datos solo manifiestan cómo el uso y abuso de los animales tiene su origen en el pensamiento antropocéntrico, donde el ser humano adquiere una posición central y única en torno al cual giran y suceden todas las cosas y en el que los intereses del ser humano deben recibir atención por encima de cualquier cosa, este ha sido un pensamiento que ha dañado inmensamente a los demás seres vivos con quienes compartimos el planeta.
Como humanidad hemos construido esta visión, a lo largo de muchos años, pero debemos cambiar. Es importante tener consideración moral con los demás seres vivos, respetar su vida, su integridad y bienestar, y concebirlos como un fin en sí mismos y tratarlos como tales.
En la reflexión valdría la pena preguntarnos por qué mantenemos relaciones que tienden a ser perjudiciales para los demás animales 1 y en la acción debemos llevar a cabo campañas informativas o alzar la voz para respetar la vida de los animales.
Un ejemplo de ello es lo realizado por la doctora María del Coro Arizmendi Arriaga, ornitóloga y directora de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala, quien ha invitado en múltiples ocasiones a la población general a formar parte activa de la conservación del colibrí mediante la plantación de flores rojas o con colores llamativos (morado, rosa, amarillo) y de hojas péndulas (como el toloache), la creación de “jardines para colibríes” y, por obvias razones, evitando ser partícipe de la cadena de tráfico del ave. Pequeñas acciones como estas benefician a las especies, sus colonias y su desarrollo.
Podríamos empezar por informar a la población y educarla en relación con el bienestar animal, el cuidado y el respeto a otros seres vivos. Se pueden realizar acciones que favorezcan las condiciones de algunas especies animales y dejar atrás nuestros pensamientos económicos, que siempre están en función y en beneficio de los humanos, para respetar a los animales y valorar su vida.
Los rituales y la suerte depositada en los animales debe ser considerada una cosa del pasado. Somos artífices de nuestro destino y nuestras acciones tienen consecuencias; los animales no son culpables, pero tampoco son depositarios de nuestra mala o buena suerte.
* Blanca Rocío Muciño Ramírez es maestra en Diseño y Producción Editorial por la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco, donde obtuvo la Medalla al Mérito Universitario, y licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la unam. Ha actualizado sus conocimientos con cinco diplomados y más de 150 cursos de Bioética, trabajo editorial y comunicación. Actualmente se desempeña como secretaria técnica y responsable de edición y gestión de publicaciones en el Programa Universitario de Bioética (PUB). Itzel Martínez Castro y Abril Ivanna Álvarez Molina son médicas pasantes del Servicio Social por la Facultad de Medicina en el PUB.
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1 Rivero, P, Zooética una mirada filosófica a los animales, México, FCE/UNAM, 2019, p. 187.