blogeditor · 13 de diciembre de 2016
En el mundo se calcula que existen entre 8,000 y 10,000 coleccionistas que acuden de manera habitual a galerías y ferias internacionales y que, cada uno, maneja al menos un millón de dólares para compras, según el economista alemán Magnus Resch.
De éstos 3,111 son visibles, dice el fundador de la base de datos de arte Larry´s List. Los más, sobre todo los suizos y rusos, hacen todo lo posible por permanecer lejos de los reflectores. Los que salen a la luz buscan prestigio social, beneficios fiscales y comprar en las galerías en condiciones ventajosas.
En la actualidad tiende a crecer el tipo de coleccionista, más bien especuladores, que compra barato a creadores jóvenes, vende rápido las obras y gana buen dinero. La editora y fundadora de la revista Ivorypress asegura que para éstos las obras de arte son un commodity como el oro o el petróleo.
Siguen existiendo los coleccionistas tradicionales animados por la pasión o la adicción a tener arte porque les gusta y lo gozan. Son personas que mantienen una relación afectiva con las obras y se implican con los artistas y las galerías.
La famosa coleccionista venezolana Fontanales-Cisneros plantea que “han surgido una multitud de nuevos coleccionistas que no sé ni cómo llamarlos. Un coleccionista tiene que tener valor, tiene que gustarle la investigación y buscar cosas nuevas”.
Ella es la dueña de una de las mejores colecciones de arte latinoamericano que existen en el mundo. El acervo tiene más de 2,000 obras que se exhiben en la Fundación CIFO con sede en Miami.
El coleccionismo del siglo XXI se debate entre el tener y ser. La posesión de la obra es importante, es condición para ser coleccionista, pero “si solo se basa en acumular al final pierde sentido y por tanto se pierde la ilusión”, dice Juan Bonet, empresario y coleccionista español.
Y añade que “se puede tener pocas obras y ser un gran coleccionista. Todo depende se tienes un compromiso profundo con el arte y los artistas y te alejas de esa plaga bíblica que son los especuladores”.
Al arranque del siglo XXI, la adquisición de las obras de arte se divide en dos grandes grupos; los coleccionistas tradicionales y el creciente sector, cada vez más grande, de los especuladores del arte, que compran y venden solo para hacer dinero.