blogeditor · 18 de mayo de 2021
Llovió sin parar y provocó la emergencia. Era septiembre del 2018 en Sinaloa. Años después, se detectó que un exfuncionario había comprado 4 millones de pesos en colchones a una empresa fantasma, para ayudar a las personas damnificadas por aquella tormenta que afectó a 11 municipios del estado. Los colchones eran usados, fueron recogidos de la basura y forrados por una empresa que nunca fue identificada. Este es uno de esos casos resultado de la falta de mecanismos de control para evitar actos de corrupción durante una emergencia.
Esto me lo refirió una querida colega y tenaz activista de derechos humanos que ha buscado combatir la corrupción en distintos frentes. Llámese inundación, derrumbes, sismos, accidentes o pandemia, todas son situaciones de riesgos que enfrentamos con -o sin- información. Las consecuencias en cada caso pueden permitir salvar la vida, contar con más elementos de recuperación. Con la finalidad de tener información oportuna es que ya contamos con un Protocolo de Apertura y Transparencia Ante Riesgos, listo para activarse. En seguida les cuento.
Emergencias y hermandad
Las situaciones de riesgos nos han mostrado escenarios de limitaciones en el ejercicio de los derechos humanos, de revictimización a la población afectada, de multiplicación de prácticas de corrupción. Es por ello que la apertura institucional y garantizar el derecho a saber son claves para que las personas cubran sus necesidades de información. Contar con fuentes confiables, de manera oportuna y de calidad, evita la circulación masiva de noticias falsas que agudiza la vulnerabilidad.
Ante un contexto de pandemia por COVID19 y de recuperación social posterior, las circunstancias económicas han puesto en riesgo los avances en desarrollo y han afectado a personas en vulnerabilidad. El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) estimó que el incremento de pobreza extrema por ingresos será de 6.1 a 10.7 millones de personas en 2020.
Incluso, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha referido que derivado de las consecuencias económicas de la pandemia, “se requiere de un nuevo pacto social que incluya la universalización del acceso a los derechos, ingreso universal y un sistema de cuidados”. De ahí el apremio por aplicar acciones de apertura institucional que permitan contrarrestar estas realidades y empoderar a personas en situación de vulnerabilidad, para entonces estar en posibilidad de cocrear soluciones a sus necesidades.
La Organización de Naciones Unidas (ONU) refirió que la pandemia significará décadas de retraso en la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (entre los que se encuentra la eliminación de la pobreza). De tal forma que tomar estas múltiples crisis representa una oportunidad para contribuir con la generación de paz positiva a través de la cocreación de soluciones a necesidades en grupos en situación de vulnerabilidad, de acciones de un Estado Abierto reflejados en un Protocolo de Apertura y Transparencia Ante el Riesgo que permita a las personas contar con información para satisfacer sus requerimientos.
La ONU advierte que la complicación económica y social arriesga en mayor medida a los grupos en mayor vulnerabilidad, que se ven en situaciones de incremento de violencia a causa de las carencias. El valor social de la cocreación, que es una herramienta pública en un Estado democrático de derecho, tiene características muy similares a la mediación, es un mecanismo para resolver conflictos.
Prevenir con apertura
Hermanados por la pandemia es que nos apremió trabajar para contar con un Protocolo de Apertura y Transparencia ante Riesgos, que concentrara la información, acciones y sinergias que requerimos para que la luz de la información se mantenga encendida ante las emergencias para que tengamos #PrevenciónConApertura.
La cuarentena por COVID-19 alcanzó también a la transparencia y a las acciones de apertura. Los plazos del derecho de acceso a la información se suspendieron de manera inicial en todo el país y en algunos casos se restablecieron para el caso de actividades esenciales; sin embargo, la falta de una política y de instrumentos normativos de apertura en situaciones de emergencia ha conducido a vulneraciones no sólo en el derecho de acceso a la información, sino en muchos otros derechos.
Así, la situación de emergencia por COVID-19 reiteró la importancia de la apertura para la prevención, reacción y recuperación en situaciones de riesgo para contar con información veraz y oportuna que permita conocer y evaluar las acciones que se desarrollan en situaciones de emergencia.
Desde el equipo de Estado Abierto del Info CDMX mediante un ejercicio de cocreación multiactor, multinivel e interdisciplinario, con 61 personas pertenecientes entes públicos locales y nacionales, órganos garantes, organizaciones de la sociedad civil, academia, sistemas locales anticorrupción, iniciativa privada, expertas internacionales, se co-creó el Protocolo. Es un instrumento colaborativo de un modelo de gobernanza centrado en los principios de innovación abierta, en el que participó el Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED) y GIZ México.
Contribuye a que las instituciones públicas, órganos garantes de acceso a la información, iniciativa privada, personas y comunidades cuenten con los elementos de apertura y de transparencia para realizar y monitorear la planeación y organización que permita hacer frente a cualquier situación de riesgo. El Protocolo busca contribuir a la #PrevenciónConApertura, mitigar los impactos negativos que una emergencia pueda ocasionar, en detrimento de las personas y sus derechos.
Su utilidad radica en que incentiva el desarrollo de acciones para que, desde los distintos sectores de la sociedad, las comunidades y ciudades se encuentren mejor preparadas para enfrentar situaciones de riesgos y fomentar la resiliencia.
El Protocolo es replicable y adaptable a diferentes contextos y situaciones; ninguna comunidad, ciudad o país está exento a las situaciones de riesgo. Al adoptar el Protocolo, los actores de la sociedad tendrán al alcance las recomendaciones para que, a través de la apertura y la transparencia, se propicie certeza y confianza sobre las decisiones, reacciones y recuperación ante situaciones de emergencia.
En la construcción del Protocolo se consideraron los cinco elementos de la apertura: 1) transparencia y rendición de cuentas; 2) participación y co-creación; 3) integridad y prevención de conflicto de intereses; 4) lenguaje sencillo y formatos abiertos y accesibles; 5) memoria y archivo, y las previsiones básicas para atender los diferentes momentos de una situación de emergencia (la preparación, el momento de la emergencia y la situación posterior).
Los diferentes actores pueden conocer qué medidas tomar antes de una emergencia como la digitalización de documentos, identificar qué información deben publicar y difundir durante la situación de emergencia y cómo realizar el seguimiento y evaluación a las acciones de apertura, al tiempo que pueden apropiarse del documento para desarrollar respuestas locales, con capacidad de ser replicables en diferentes contextos, para mejorar la resiliencia y, así, construir un mundo más sostenible.
El Protocolo contempla diversidad e igualdad de oportunidades con el compromiso de no dejar a nadie atrás, a la vez que se alinea a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 de Naciones Unidas, específicamente al ODS 5 Igualdad de género, ODS 11 Comunidades y Ciudades Sostenibles y ODS 16 Paz, Justicia e Instituciones Sólidas.
Ahora que a la pandemia se sumó la lamentable emergencia del derrumbe de un segmento de la Línea 12 del Metro en la Ciudad de México, es en extremo necesario activar este Protocolo. Acercamos un Exhorto para tener #PrevenciónConApertura a sujetos obligados de la Ciudad de México; también compartimos con actores nacionales, internacionales y locales de México.
¿Cómo reconstruirnos? #OpenGovWeek
En los Coloquios por una #ReconstrucciónAbierta de 2019 y 2020 se han concentrado voces plurales que reiteran que la apertura es un estado de operación cotidiana y que apremia su aplicación. Merece recordar en esta semana de la #OpenGovWeek, algunas de las ideas expuestas en seis bloques. Que sean nuestros faros orientadores, para que no nos tomen por asombro los interminables casos de corrupción o los pozos sin fondo por falta de información.
1) Repensar el Estado Abierto en situaciones de emergencia
2) Apertura y derecho a la privacidad en emergencias
3) Apertura y anticorrupción en COVID-19
4) Paz y Justicia Abierta en emergencias
5) Derechos humanos importan en emergencias. Protocolos de apertura y transparencia
6) ¿Cómo reconstruimos una sociedad abierta, sostenible, resiliente y pacífica?