Joel Aguirre · 1 de julio de 2026
Por Raúl Jiménez Piña*
Suele decirse que las leyes en México son emitidas con objetivos legítimos, que son buenas normas y excelentes declaraciones de principios. Sin embargo, llevarlas a la práctica en las dimensiones individual y colectiva es una tarea que no siempre logra cristalizarse. La publicación del nuevo Código de Bioética para el Personal de Salud, presentado el pasado 27 de mayo en la sede de la Academia Nacional de Medicina, constituye una oportunidad para proyectar que, más que una actualización documental, este instrumento da cuenta de una transformación cultural del Sistema Nacional de Salud.
Lo anterior supone una alta calidad técnica en la redacción del documento, pero no podrá entenderse sin la voluntad de las instituciones para convertir sus postulados en criterios efectivos de organización de los servicios, formación profesional y toma de decisiones clínicas.
El Código sustituye al instrumento expedido en 2002, elaborado en un contexto sanitario muy distinto al actual. Hace poco más de dos décadas, la bioética mexicana se encontraba todavía fuertemente anclada en la relación médico-paciente y en la deliberación sobre los temas considerados clásicos que hicieron voltear los reflectores hacia la bioética como un espacio de reflexión privilegiado, pero que parecía exclusivo para el gremio médico.
Hoy, el escenario se ha configurado radicalmente distinto; por ejemplo: la pandemia de covid-19 exhibió las desigualdades estructurales del sistema; la digitalización de la salud parece no tener freno; la inteligencia artificial comienza a afianzarse en la práctica clínica como una herramienta cotidiana; la investigación biomédica enfrenta desafíos inéditos y la sociedad exige cada vez mayor reconocimiento de la autonomía, la diversidad y los derechos humanos.

En este contexto, uno de los mayores aciertos del nuevo Código es trascender la óptica que privilegia la corriente clásica principialista, para ofrecer un nuevo enfoque centrado en las personas y basado en los derechos humanos, que considera la perspectiva de género, la interculturalidad y la inclusión de poblaciones históricamente vulneradas. Muestra de ello es que la autonomía deja de entenderse como la mera obtención de una firma en un formato de consentimiento informado para convertirse en un proceso continuo de comunicación, acompañamiento y construcción compartida de decisiones.
Es de destacarse que la expansión de las fronteras de la bioética también se expresa en el documento, ya que si bien está dirigido al quehacer en los entornos clínicos, se incorporan aspectos que, a principios del siglo XXI, apenas formaban parte de los debates en la arena pública: protección de datos personales en entornos digitales, integridad científica, investigación responsable, salud comunitaria y ambiental, bienestar animal, atención al final de la vida, reproducción humana asistida y objeción de conciencia. La bioética aparece como algo que va más allá de una disciplina aplicada a casos complejos: se presenta como un instrumento de gobernanza ética de los sistemas de salud.
La participación del Secretario de Salud, doctor David Kershenobich, en la presentación oficial del Código en la Academia Nacional de Medicina de México, presidida por el doctor Raúl Carrillo Esper, así como la representación de amplios sectores de instituciones públicas de salud, universidades, órganos reguladores y asociaciones profesionales, reviste de un significado que no debe soslayarse: el reconocimiento de que los desafíos éticos contemporáneos desbordan las competencias de cualquier disciplina o agrupación profesional aislada.
Las intervenciones de las autoridades sanitarias insistieron en una idea fundamental: la bioética no es un conocimiento confinado al ámbito teórico o a la discusión académica, sino que, por su propia naturaleza, debe considerarse como una herramienta operativa para mejorar la calidad de la atención y fortalecer la confianza social en las instituciones de salud, así como en el personal que las conforma.

Para el comisionado Nacional de Bioética, doctor Patricio Santillán Doherty, el Código tiene la virtud de ser un documento que se podría considerar inconcluso, pero dinámico y susceptible de enriquecerse con nuevas aportaciones, toda vez que la bioética no alcanza su cristalización en la formulación de códigos cerrados o respuestas definitivas, ya que su naturaleza es deliberativa, plural y crítica. En una época marcada por innovaciones tecnológicas aceleradas, tensiones distributivas y cambios en las expectativas sociales respecto de la salud, la bioética requiere instrumentos flexibles que permitan revisar continuamente sus fundamentos y aplicaciones.
Quizás el principal desafío sea evitar que el Código se convierta en un texto de consulta ocasional. Su verdadera eficacia dependerá de que sea interiorizado por los profesionales de la salud en su conjunto y que sus pautas permeen los programas académicos de pregrado y posgrado de las licenciaturas asociadas a las ciencias de la salud.
La bioética mexicana ha alcanzado una etapa de madurez institucional que hace dos décadas parecía difícil de imaginar, pero esa madurez solo será auténtica cuando las personas usuarias de los servicios de salud puedan percibir que la atención clínica como competencia técnica, viene acompañada por sensibilidad moral, deliberación plural y toma de decisiones informadas, bajo la premisa de un compromiso genuino con los derechos humanos.
El nuevo Código de Bioética para el Personal de Salud ofrece un marco prometedor para avanzar en esa dirección. La pregunta que permanece abierta es si el sistema de salud mexicano está listo para asumir las implicaciones organizacionales, educativas y culturales que supone tomarse la bioética en serio. ♦
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*Raúl Jiménez Piña es cirujano dentista por la Universidad Autónoma Metropolitana, maestro en Bioética por la UNAM y doctor en Cultura de Derechos Humanos por el Centro Universitario Columbia; cuenta con estudios en Filosofía por la máxima casa de estudios y con amplia experiencia en bioética, educación y gestión académica. Es editor de la Gaceta CONBIOÉTICA desde 2020, miembro de la International Association of Bioethics, de la Red Mexicana de Educación en Bioética e investigador asociado de la Universidad Anáhuac. Actualmente funge como director del Centro del Conocimiento Bioético en la Comisión Nacional de Bioética. Redes: @rauljp2003
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