CNDH, el fin de la inocencia

blogeditor · 19 de noviembre de 2019

CNDH, el fin de la inocencia

En mi cuenta de Twitter (@ErnestoLPV) apunté cuatro preguntas que a mi parecer debía contestar el Senado de la República en la sucesión de la Presidencia de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH): ¿qué institución se tiene?, ¿qué institución se quiere tener?, ¿qué atributos personales y competencias profesionales son idóneos para conducir la ruta? y ¿quién cumple los requisitos para ocupar el cargo? Es decir, primero el diagnóstico (fortalezas y debilidades), luego el proyecto, después el perfil y solo al final la persona.

Todo menos eso. Luego de mirar las imágenes del Senado sucedidas el pasado 12 de noviembre durante la toma de protesta de Rosario Piedra Ibarra, leer los relatos periodísticos de los antecedentes y de la sesión misma, y consultar a personas que la vivieron en carne propia, concluyo que mejor haríamos si declaramos el fin de la inocencia. Vaya emboscada.

La artimaña funcionó. Hubo quien concursó a la Presidencia y, hasta antes de la selección de la terna, calificó el proceso como “el mejor que había visto”, justamente porque se construyeron acuerdos precisos que incluso elevaron el estándar legal para llevar la sucesión al nivel más profesional, equitativo y transparente posible.

Luego se desnudó la monumental tomadura de pelo que engañó a tantas y a tantos. El toque grotesco corrió a cargo de los senadores que reían en medio del vergonzoso zafarrancho. Faltaba más.

Mal haría quien no haya entendido a cabalidad el tamaño del mensaje y quiera aún darle respiro a la ingenuidad. Aquí tenemos un antes y un después. Revisar a fondo la comprensión de dónde estamos parados y reconstruir las estrategias políticas, desde toda posición auténticamente a favor de los derechos humanos, parece lo mínimo indispensable.

En fin, una descomunal estratagema que bien vale para declarar el fin de la inocencia.

@ErnestoLPV