Civilidad animal

blogeditor · 23 de febrero de 2012

Civilidad animal

 

Por: Alejandra Navarro, DHP* Distrito Federal (@DHP_DF)

Recuerdo haberme sorprendido sobremanera en el 2004 cuando me enteré de que en la Comunidad Europea sería obligatorio expedir un pasaporte para mascotas (perros, gatos y hurones) que les permitiera el tránsito entre países dentro de la propia Unión. Al principio me causó mucha gracia, me parecía un tanto ridículo. Después de informarme un poco al respecto de los motivos por los cuales se formuló esta ley, me hizo total sentido, pues lo que se buscaba era minimizar la porpagación de enfermedades entre países, puesto que el propósito de dicho pasaporte es llevar un control de la salud del animal, vacunas y algunos requerimientos especiales por país. Entonces me percaté que dicha regulación tenía una doble intención sobre el cuidado obligatorio de la mascota, así como salud, pues en Europa-Asia-África, debido a la cercanía, las enfermedades se propagan con mucha rapidez.

Por otro lado también me hizo reflexionar al respecto de que los animales, domésticos o salvajes, son poseedores de derechos, al igual que todo lo que conforma la naturaleza. Algunos argumentarán que si ni siquiera el ciudadano promedio es consciente de que tiene derechos y obligaciones por el simple hecho de existir, menos lo considerará así para el resto de las especies. Y es muy probable que sea esta misma falta de consciencia lo que provoca que algunos quienes poseen mascotas, no les procuren el debido cuidado y eso mismo haya llevado a la necesidad de este tipo de regulaciones.

Desde hace años corre por mi cabeza la idea de que mientras más “civilizado” se vuelve el ser humano, pierde sensibilidad del impacto de su paso por el mundo. Es irónico que la raza humana se considere superior a todas las demás especies con quienes comparte el planeta por la sencilla razón de que posee la capacidad de razonar, siendo que, en general, la utiliza en detrimento de su entorno. Y esto mismo lo hemos estado viviendo, y a últimas fechas sufriendo, por el cambio climático y todo lo que representa. Creo que esta es una lección que estamos aprendiendo a favor de la naturaleza, pues nos hemos percatado de que mientras no cuidemos nuestro entorno, seguiremos dañándonos a nosotros mismos.

Seguramente recordarás de alguna clase de historia que una de las características de los pueblos que habitaban nuestro país antes de la conquista, era precisamente un respeto profundo por la naturaleza. Se dedicaban a observarla y adorarla, y toda su vida giraba en torno a ella. Creo que este es un legado de nuestros antepasados que debemos retomar en nuestra vida diaria.

¿Cuántos de nosotros no hemos recibido por correo electrónico numerosos reenvíos sobre ‘carnicería animal en lugares remotos’? Nos causa mucho enojo e impotencia saber que no podemos hacer nada al respecto del maltrato y matanza de especies que se encuentran en peligro inminente, sin pensar que hay otro tipo de animales, mucho más cercanos a nosotros a quienes sí podemos ayudar y cuidar. En principio responsabilizándonos de las mascotas que comparten nuestras vidas y que tanto amor nos dan y de igual forma respetar a aquellos animales con quienes compartimos el espacio urbano que habitamos, sean pájaros, ardillas, insectos, etc. Y en segundo lugar, haciendo y generando consciencia sobre aquellos animales que terminan viviendo en la calle, pues si ellos están ahí, es culpa y responsabilidad de nosotros mismos. ¡Dejemos de Hacernos Pendejos, y hagámonos responsables!

Si quieres aprender más sobre“Los Derechos de los Animales en Espacios Urbanos” y cómo puedes ayudarlos, te invitamos a participar hoy jueves 23 de febrero del próximo #CafeDHP.