#CiudadesHumanas

blogeditor · 11 de marzo de 2014

#CiudadesHumanas

Conforme las ciudades crecen sin planeación ni orden (como sucede en nuestro México bronco), se hace cada vez más urgente y necesario pensar en opciones novedosas que nos permitan no sólo movernos de un lugar a otro de manera rápida, cómoda y segura, sino también que hagan posible compartir los espacios públicos de una forma más o menos ordenada y eficiente.

Por ejemplo, en nuestro México lindo y querido el crecimiento de las ciudades hacia los lados, en vez de pensar en la reutilización de espacios urbanos desocupados o con poca gente (redensificación), benefició únicamente a los grandes desarrolladores de viviendas. Esto afectó a un gran número de personas que ante su limitado presupuesto no tuvieron más remedio que adquirir una casa o un departamento a decenas de kilómetros de su lugar de trabajo, con efectos negativos en su productividad laboral o académica y por tanto, en su calidad de vida.

Además, estos desarrollos inmobiliarios, cuyos constructores fueron beneficiados con inmensos subsidios gubernamentales, por lo general carecen de la infraestructura urbana y los espacios públicos mínimos necesarios para promover una convivencia sana entre sus habitantes, además de los servicios de transporte que se requieren para que sus pobladores puedan llegar a su lugar de trabajo de una manera cómoda, rápida, económica y segura.

Por otro lado, las políticas de movilidad que se habían estado impulsando tanto a nivel federal como local habían privilegiado en su mayoría el uso de los coches como modo de transporte sobre otras alternativas, como el transporte masivo (camiones de pasajeros, metros, trolebuses, trenes ligeros) o el unipersonal no contaminante, como la bicicleta o inclusive, la caminata.

[contextly_sidebar id=”b1023aa1ec108282eef61c7585521021″]Al respecto, los recursos presupuestarios disponibles para la movilidad urbana por lo general se invertían en la construcción de infraestructura que fomentaba el uso de los coches, como las vías rápidas (viaductos, periféricos, libramientos, ejes viales), los segundos pisos (tan populares en nuestro país) y pasos a desnivel, como lo demuestra el Reporte de la Gestión del Fondo Metropolitano elaborado por la organización ITDP en el 2012. Así, a la mínima provocación y sin más ni más, un político o un funcionario público, con tal de quedar bien con sus electores (o bases políticas) mandaba construir grandes avenidas o imponentes puentes porque decían que “es lo que la gente realmente valora”, pagado por supuesto, con nuestros impuestos.

Sin embargo, después de décadas de obras faraónicas que servían más como culto a la personalidad, es interesante ver cómo comienzan poco a poco a proliferar ideas novedosas respecto a la manera en cómo se debe mejorar la convivencia de las personas en las ciudades en cuanto al uso de los espacios públicos (calles o vialidades, banquetas, parques) y la manera de moverse en las ciudades.

Por ejemplo, en la Chilangolandia se creó en el 2010 el Sistema de Trasporte Individual mejor conocido como ECOBICI. Este sistema, responsabilidad de la Secretaría del Medio Ambiente del Distrito Federal (que debería ser más bien de la Secretaría de Transporte y Vialidad), es una verdadera alternativa de movilidad para viajes cortos y como complemento a los distintos sistemas de transporte masivos, como el metro y el microbús.

Sin embargo, y a pesar de contar con políticas ejemplares en materia de movilidad urbana en el país, éstas representan un garbanzo de a libra, ya que no forman parte de una estrategia de movilidad urbana sustentable a nivel nacional, lo que hace que sean esfuerzos aislados y carentes de una visión estructural o sistémica, en donde se privilegia el uso de los recursos para infraestructura urbana (alrededor del 65%) en obras que benefician el uso del coche. Esto quiere decir que para no variar, sólo nos estamos fijando en la Cheyenne y no en “el todo”.

A pesar de todo, parece que empieza a haber una pequeña luz al final del túnel y el Gobierno Federal está empezando a ponerse las pilas al respecto. La semana pasada, la Subsecretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda de la nueva Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU), organizó un taller de planeación estratégica que le permitiera darle estructura y coherencia a la instrumentación del nuevo Programa de Movilidad Urbana Sustentable (PMUS), es decir, armar una lluvia de ideas entre expertos o geeks (funcionarios públicos federales y locales, académicos, consultores y representantes de algunas organizaciones de la sociedad civil especializadas en el tema) para determinar más el “cómo” que el “qué”, tanto a nivel federal, como local.

Al parecer, lo que busca la SEDATU es cambiar la tendencia en el uso de los recursos públicos por parte de los gobiernos locales en cuanto al financiamiento de infraestructura urbana, y pasar de construir grandes vialidades y segundos pisos, que sólo hacen que más gente use sus coches, a invertir en estrategias de movilidad urbana sustentables, que incluyen la oferta de servicios de transporte públicos masivos de calidad y adecuadamente integrados (metro, metrobús, tren ligero, tren suburbano y bicicletas), el uso más razonable de espacios públicos (espacios peatonales y para ciclistas) y, por qué no, de la reducción de la demanda de transporte público a través de la promoción de esquemas laborales novedosos en los que sí sea posible trabajar más cerca del lugar en donde se vive o inclusive, trabajar desde casa (homeoffice), todo esto para promover ciudades más humanas.

Movilidad Urbana Df by Mayra Zepeda Arriaga

@marco_cancino