Redacción Animal Político · 21 de enero de 2026
Hace meses, una lluvia convirtió la Calzada Zaragoza, al oriente de la Ciudad de México, en un río ingobernable. Autos flotando, coladeras colapsadas y personas colgadas de la reja del Metro que querían cruzar charcos nos recordaron que intentar “domar” el agua con tubos y concreto ya no funciona.
Construimos nuestras ciudades para climas que ya no existen. Según el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), casi 70 % de los municipios en México tienen vulnerabilidad alta y muy alta ante los impactos del cambio climático, afectando principalmente zonas urbanas.
Por eso el libro de Miguel Treviño, Contracorriente, llega en un momento tan necesario. Aunque surge de su experiencia como alcalde independiente en San Pedro Garza García, ofrece enseñanzas clave para quienes trabajamos en la agenda de ciudades sustentables: rescatar nuestro entorno urbano requiere, ante todo, la voluntad de desafiar la inercia.
La sustentabilidad urbana no es un concepto abstracto, se mide en algo sencillo como la calidad de vida al caminar. Es la diferencia entre una calle donde te quemas bajo el sol y una con sombra de árboles que refresca el barrio. Se mide en qué tan segura se siente una ciudad cuando llueve fuerte o en si las niñas y niños pueden jugar tranquilos y respirar aire limpio en el parque de su colonia.
Esta cotidianidad es la que Treviño pone sobre la mesa en su libro, en el que narra cómo la recuperación de parques y ampliación de banquetas suelen enfrentar la resistencia de sectores acostumbrados al automóvil. Sin embargo argumenta, con mucha razón, que el espacio público es lugar donde todos somos iguales y el cimiento desde el cual se construyen las ciudades.
Para nosotros, ese espacio es también donde las ciudades respiran, el agua se infiltra al subsuelo para evitar inundaciones y se restaura parte de esa vida natural que perdimos.
Ir “a contracorriente” es entender que un parque no es un adorno, sino infraestructura vital para el clima y el tejido social. La visión del libro coincide con la urgencia de transitar de un modelo de “pavimentar y entubar” a uno de “regenerar y conservar”.
Es preciso reconocer que ya existen gobiernos locales en México que dan pasos valientes en esta dirección, impulsando proyectos de movilidad activa y rescate de ríos urbanos que rompen con la inercia del siglo pasado. Sin embargo, ante la velocidad de la crisis climática, estos esfuerzos todavía son insuficientes.
El autor es realista: para que estos avances dejen de ser aislados, se requieren capacidades institucionales sólidas, servidores públicos profesionales y datos precisos. No basta con el entusiasmo ambientalista; la transformación urbana exige rigor técnico, transparencia y equipos que antepongan el bien común a cualquier inercia política.
Un punto que resuena con nuestra misión en WWF México es la participación ciudadana. Treviño enfatiza que “entrarle al reto” implica que la ciudadanía sea corresponsable, algo que comprobamos en el trabajo con las ciudades mexicanas.
Lo vimos en Hermosillo, donde nuestra campaña We Love Cities, que fomenta la comunicación entre los gobiernos y ciudadanos, movilizó miles de personas que retroalimentaron el trabajo de su gobierno en el cuidado de recursos naturales, parques y espacios públicos y movilidad.
Hoy también los vemos en Guadalajara con la iniciativa “Puntos Verdes Metropolitanos”, donde los vecinos participan activamente en la valorización de residuos y promueven la sostenibilidad en sus colonias. Cuando la ciudadanía se organiza para proteger su entorno, construye en la práctica la gobernanza que el libro propone como antídoto a la apatía tradicional.
Contracorriente es un recordatorio de que el tiempo de las soluciones de corto plazo se agotó. Con temperaturas extremas (muy bajas o altas) y ciudades cada vez menos habitables, el costo de hacer lo mismo es muy alto.
Hoy, las ciudades mexicanas están en un punto crítico: seguir el flujo de una urbanización desmedida o nadar contra corriente para rediseñar su relación con el entorno.
La transición hacia ciudades sustentables y resilientes no sucederá por accidente; será el resultado de conversaciones, algunas difíciles, y liderazgos valientes que, como sugiere Treviño, se atrevan a reconstruir la ciudad desde su fibra más básica: la calle, el árbol y el ciudadano. Es momento de entrarle al reto, porque en la salud de nuestras ciudades nos jugamos, literalmente, nuestro futuro. La meta es traer la naturaleza de vuelta.
* Álvaro Rodríguez es Oficial de Ciudades Sustentables en WWF México.