ernestoramos · 3 de marzo de 2011
De haber sabido que así lo iban a tratar ni siquiera lo hubiera puesto.
Pero lo hice sin pensarlo dos veces. Lo puse dormido con los ojos cerrados, tapado con periódicos por aquello del frio. Momificado hombre de yeso, acostado bajo la banca durante todo el día. De haber sabido, no lo hubiera puesto.
Desde el primer día empezó a molestar a los policías, así es la colonia. Rechazan a los pordioseros apestándolo todo y aunque éste ni huele, ni se mueve, ya las narices de los encopetados prestas se erizaron enjutas. Aun sin verlo reparan en su presencia invisible.
Lo que pasa es que no se mueve, y como no gasta, es un no existente más, y por eso no les gusta.
El otro día unos chicos salieron de la escuela, y al verlo tirado, le escupieron y le aventaron colillas, sin moverlo un centímetro. Se aprovecharon de su apariencia frágil y abandonada. De sus ropas roídas y de sus barbas crecidas. De su silencio. De que la justicia es para otros.
Menos mal lo puse en esa posición fetal. Así se tiene sólo a sí mismo y sólo sus brazos lo protegen de la lluvia.
Menos mal que le puse ese gorro de yeso de líneas rojas. Sus pelos sucios asquearían a los encopetados y entonces seguro vendrían los azules a retirarlo. Lo esconderían inmóvil en otro lado.
Menos mal que lo hice discreto pareciendo real. Así por lo menos causa lastima y así por lo menos causa indiferencia y así por lo menos nadie le hace caso, y puede quedarse más tiempo recibiendo lluvia con sus ropas blancas ya manchadas.
***
A veces lo veo desde mi ventana y me parece una mancha blanca desolada y encogida en la banqueta.
Si. Encogida.
Algunos peatones saben que no respira, que no participa, que no se enfada, y como creen que también es uno de otros tantos, sin reservas le dan patadas.
A veces pienso que es mejor que sea así… o, por lo menos, es más humano. Si él tuviera los ojos abiertos, y si acaso intentara hablar, seguramente le escupirían aún más, por andar tratando de ganar espacios. Mejor me conformo con que sea uno más entre tantos otros destinados a la invisibilidad. Aunque lo sea de otra forma. Aunque nunca coma ni beba ni respire. Mejor me conformo con que todos los peatones pasen y le den la vuelta y regresen y vuelven a irse y siempre invisible allí, dormido bajo la banca generando indiferencia.
***
Han pasado semanas y tan humano se ha vuelto, que ya ni siquiera reparan en su existencia. Es el rio retomando su cauce.
Menos mal que lo puse bajo una banca y que es de cemento cubierto de yeso.
Porque, sin duda, de ser verdadero, ya se hubiera marchado a otro lado, muerto del aburrimiento.