Los cinturones de paz son una provocación de guerra

Joel Aguirre · 23 de junio de 2026

Los cinturones de paz son una provocación de guerra

Entre las lamentables imágenes que nos ha brindado el “mundial social” del gobierno federal y de la Ciudad de México están los mal llamados cinturones de paz. Son personas vestidas de civil colocadas entre quienes se manifiestan y los no-granaderos. Son funcionarias o funcionarios públicos de distintas dependencias y secretarías del gobierno de la ciudad que, bajo amenaza de represalias y sin ninguna preparación previa, enfrentan una situación tensa con un alto riesgo de violencia.

Como se filtró en redes, la decisión de implementarlos fue improvisada. La propuesta inicial era que el personal del gobierno local sirviera de apoyo turístico en varios puntos de la ciudad, una decisión de suyo cuestionable. Pero de la noche a la mañana, ante las protestas anunciadas para la inauguración del Mundial, decidieron disponer del personal para crear esta medida de “contención”, más bien de provocación.

La medida de Clara Brugada fue implementada por Tomás Pliego, secretario de Apoyo Ciudadano de la Ciudad de México, quien presionó a los titulares de varias dependencias cuando no entregaban la lista del personal que proporcionarían. Las indicaciones dadas eran que acudieran vestidos con playeras o camisas blancas y jeans azules, sin ningún distintivo del gobierno de la ciudad. ¿Por qué ocultarlo y facilitar una situación tensa que escalara el conflicto con las y los manifestantes?

Además, reitero que no hubo capacitación alguna para quienes formaban los “cinturones de paz”. A sabiendas de que las manifestaciones de madres buscadoras y profesores de la CNTE eran de riesgo ante posibles enfrentamientos (como ocurrió durante la inauguración en las afueras del Estadio Azteca), arriesgaron al personal público. Por eso lo digo sin reservas: más que un cinturón de paz fue una provocación de guerra.

Negligencia criminal

Los problemas son muchos. Disponer de personal público para funciones ajenas a su puesto es una violación de sus derechos laborales. Ponerlos en una situación de riesgo bajo amenazas de perder su empleo es violentar sus derechos humanos. Si a ello sumamos el descuido absoluto de la ciudad por Clara Brugada para complacer a la FIFA con obras a modo y mal hechas, la negligencia es criminal.

El desgaste de la calidad de vida en la Ciudad de México es claro desde que inició el gobierno de Brugada. El abandono de la infraestructura pública, junto a los constantes despojos y expropiaciones de vivienda y otros edificios en favor del capital privado, aumentó los motivos de resentimiento social y el reclamo ante el abandono de la población. Los preparativos para el Mundial empeoraron estas tendencias y solo agudizaron el descontento.

Clara Brugada demuestra nuevamente incompetencia política y administrativa al disponer de funcionarios públicos así. El Mundial se va, pero el descontento se queda. La percepción es Clara: Brugada está en guerra contra la ciudad y su población. Una guerra que inició para salvar una carrera política asediada. En lugar de confrontar a quienes han minado su carrera, dentro y fuera del oficialismo, va contra una ciudad siempre combativa.

Nicolás Maquiavelo advirtió en El Príncipe sobre los riesgos de gobernar una ciudad acostumbrada a vivir en libertad. Aunque entre los consejos que daba estaba el destruirla para poder poseerla, reconocía que era mejor contar con el apoyo de sus ciudadanos para conservarla, antes que destruirla. Me queda claro que Brugada y su equipo van en sentido contrario, por eso tratan de cercar la paz provocando la guerra.