Cinco propuestas sencillas para mejorar nuestro sistema electoral

blogeditor · 11 de junio de 2013

Cinco propuestas sencillas para mejorar nuestro sistema electoral

Por: Roberto Trad (@Trad_)

¿Para qué queremos las elecciones? Para renovar a nuestras autoridades o para transformar a México

La discusión sobre la reforma electoral corre el riesgo una vez más de convertirse en una eterna serenata de propuestas bien marketeadas pero poco útiles y lastimosamente aisladas (iniciativa ciudadana, iniciativa preferente, candidaturas ciudadanas, centralización/descentralización de las autoridades electorales, reelección, etcétera). La mayoría de ellas serían buenas si entendiéramos al sistema electoral como un mecanismo simple para renovar a nuestras autoridades periódicamente. Sin embargo, el estado actual de las cosas merece una reflexión mucho más profunda y radical. Tenemos que diseñar de cero nuestro sistema electoral, pensando que su función no se limita simplemente a renovar cada tanto a nuestras autoridades, sino que las elecciones también sirven al desarrollo democrático, económico, político y social de nuestro querido México.

Éste artículo pretende iniciar una discusión fuera de la caja, si te gusta, por favor promuévelo y si no estás de acuerdo, por favor discute. Urge mirar al problema desde otra perspectiva.

Dividí esta pieza en dos partes, la primera se llama ponte en mi lugar. Se trata de un juego en el que propongo a los ciudadanos ponerse en los zapatos de la gente que hace política y a la gente que hace política en el lugar de los ciudadanos comunes y corrientes. Aquí hago un breve recuento de cómo vivimos unos y otros al sistema electoral, qué padecemos y cómo nos beneficiemos de él. Descubrimos al final que hay muy pocos ganadores en el juego y que nuestros problemas y frustraciones, a pesar de ser diferentes, provienen del mismo lugar: un sistema desordenado e ineficaz, que promueve la concentración de poder en pocas manos, eleva el costo de la democracia y que carece de incentivos para la participación ciudadana y la rendición de cuentas.

La segunda parte inicia con una breve lista de los problemas que se pueden observar en nuestro sistema actual a la luz del ejercicio anterior y termina con una propuesta de 5 medidas sencillas para poner orden y que podrían cambiar radicalmente el rostro de nuestro sistema electoral, ofreciendo mejores incentivos para unir a ciudadanos y políticos en la búsqueda de un país más justo.

Ponte en mi lugar

Partamos de un principio de confianza; pensemos que todos, políticos y ciudadanos, queremos lo mismo: un país más justo, una mejor ciudad, una economía para todos, mejores leyes.

Ahora, pongámonos en los zapatos del otro: ciudadanos, por un momento imaginemos que somos suspirantes a un puesto de elección popular, por ejemplo, alcalde.

Primero, para lograr la candidatura, tienes que negociar al interior de tu partido y comprometerte con tus dirigentes o líderes tanto formales como informales. Una vez que logras la candidatura, tienes que comprometerte con un grupo de empresarios y con otros políticos que te van a apoyar para que puedas hacer tu campaña. Supongamos que hiciste un buen trabajo proselitista y logras ganar, comprometiéndote, ahora sí con vecinos y ciudadanos. Ya habiendo ganado, si eres del mismo partido que el alcalde anterior, puedes conversar con él o ella para más o menos darle continuidad a los buenos trabajos que haya hecho o bien para cambiar las cosas que te pidió la ciudadanía (o la gente con la que hiciste compromisos). Después de tomar protesta, llegas a tu oficina en la alcaldía y te encuentras que el presupuesto para tu primer año de gobierno ya está etiquetado por el gobierno anterior; aunque tienes un poco de margen de maniobra, tienes que cumplir compromisos con todos los electores y con todos tus benefactores y lo tienes que hacer rápido. El poco dinero que tienes para hacer tu proyecto, lo tienes que utilizar para parchar los compromisos legítimos o ilegítimos que obtuviste en tu campaña.

Termina tu primer año, te aprobaron tu presupuesto para llevar a cabo tu proyecto y si estás en un estado concurrente con elecciones federales (es decir, en el que hay elecciones al mismo tiempo que las presidenciales o de diputados federales), tienes tooooodo ese año para cambiar las cosas en tu ciudad.

Si estás en un estado no concurrente en el que se cruzan las elecciones federales, la propia dinámica de tu partido (que te hizo ganar y con el que estás comprometido) y de la arena política nacional, te van a orillar a distraerte y distraer recursos para la otra elección. No importa que seas un defensor del estado de derecho y que te niegues a hacer trampa, suponiendo incluso que todo se hace derechito y legal, vas a tener funcionarios de tu administración de todos los niveles incorporándose a la otra campaña, los candidatos de oposición cuestionándote absolutamente todo, a tu partido presionándote para que apoyes a tus candidatos… en fin, absolutamente todo va a estar alineado para distraerte de lo que tú querías o tenías que hacer como alcalde o alcaldesa y vas a perder tu segundo año.

Termina la elección federal y comienza a hablarse, justo a la mitad de tu gestión, de la sucesión. En ese momento comienzas a perder el control y el liderazgo, tus compromisos comienzan a buscar al o los/las posibles sucesores.

Con todo eso encima, logras el presupuesto de tu último año pensando en terminar las poquitas obras y proyectos que te permitió la coyuntura. El tercer año de tu gobierno, en todos los casos, te toca elección en tu municipio y se vuelve a repetir la historia.

Pensando bien y confiando unos en otros, de tus tres años de gobierno, sólo una tercera parte la pudiste dedicar cien por ciento a llevar a cabo el proyecto para el que fuiste electo, el resto del tiempo te la viviste defendiéndote o administrando la coyuntura. No es que tú quieras ser corrupto o que tengas la intención de pervertir el servicio público, es que el propio sistema tiene todos los incentivos alineados para que se pervierta el origen de tu deseo de hacer política: servir al público, cambiar las cosas, sembrar árboles.

A pesar de esto hay muchas alcaldesas y muchos alcaldes que logran hacer un buen trabajo, si tú fuiste uno de ellos, lo más lógico es que tanto tú como tus electores estén dispuestos a continuar con tu exitosa carrera política, lo que casi con seguridad te obligará a renunciar a la alcaldía para competir por una diputación, en el peor de los casos. De lo contrario, por más bien que hayas hecho las cosas, no tienes la certidumbre de que tu ascendente carrera política vaya a seguir adelante. Si mantienes la cabeza y el corazón enfocados en tu objetivo de vida (servir a tu pueblo), resistirás la tentación de pervertirlo todo y buscarás que el tiempo te dé otra oportunidad; sin embargo, la incertidumbre te pondrá en frente la tentación de hacer alianzas con otras personas que te permitan seguir viviendo dignamente durante los próximos años en los que quedarás desempleado. Te frustra un poco, pero aguantas; te frustra que aprendiste tanto en tres años sobre tu municipio y tu oportunidad para volver a aplicar esta experiencia es, en el mejor de los casos, remota.

Imagínate que en lugar de 3 años tuvieras 4 años y pudieras reelegirte. ¿Qué cambiaría?

Primero y de entrada, multiplicarías el tiempo útil de tu administración, se reduciría drásticamente la distracción de recursos orientados a ganar elecciones para otros.

Segundo, tu principal compromiso sería con los electores y no con tu partido o con tus patrocinadores, porque para repetir en el cargo tendrías que trabajar para ellos y hacerlo bien (no hay mejor publicidad que los buenos resultados de tu gobierno).

Tercero, podrás planear grandes obras y proyectos de largo plazo y los podrías inaugurar tú mismo y no forzar al siguiente a seguir con tu legado.

Cuarto, te especializarías en ser alcalde  y no tendrías que cambiar de chamba cada tres años.

Quinto, evitarías la corrupción al interior de tu equipo: ellos saben que si hacen bien su chamba se pueden quedar hasta 8 años y no sólo 2 ó 3 y no necesitarían “hacer un guardadito” ilegal.

Sexto, si lo haces mal, te vas a los cuatro años y llegaran otros a tratar de hacerlo bien.

Todo esto también aplicaría para los diputados.

En el lugar de los ciudadanos

Ahora vámonos al otro lado, señoras y señores gobernantes, pónganse en los zapatos de los ciudadanos. Las elecciones son el momento cumbre de la participación ciudadana. Es la oportunidad para decirles que tienen que cambiar de rumbo si no están dando buenos resultados o de premiarlos si van bien.

Tú como ciudadano comienzas a vivir la elección desde varios meses antes, cuando los partidos comienzan a definir sus procesos internos. En ese momento, como seis o siete meses antes de la elección, te preguntas ¿cómo le hago para participar? La respuesta es lamentable: no hay manera de hacerlo. Tú no tienes acceso al proceso interno y generalmente, desconoces las reglas del juego para apoyar a un precandidato. No puedes ni quieres participar, porque no sabes cómo se van a decidir las candidaturas. Intuyes que si mucha gente apoya a un precandidato o proyecto de gobierno, esa persona será elegida al interior de su partido para representarte, pero no tienes la certidumbre de que eso suceda, por lo tanto, al primer pretexto que tengas para desvincularte del proceso interno, lo vas a hacer.

En otras palabras, así como el candidato no tiene incentivos para hacer una alianza con la gente, la gente tampoco tiene incentivos para hacer alianza con los partidos y precandidatos.

Comienza el proceso electoral y si vives en un estado con elecciones concurrentes tienes que elegir entre 5 y 6 dignidades de forma directa. En el resto de los casos tienes que elegir entre 2 y 3, aunque en algunos estados es tal el desorden que un día eliges gobernador, otro día presidentes municipales y legisladores locales y un día diferente a los anteriores eliges presidente y legisladores al Congreso Federal. Además tienes una serie de listas extrañas en las que aparecen los candidatos a legisladores y en algunos casos regidores plurinominales por los que estás votando y no lo sabes.

Si quieres hacer bien tu trabajo ciudadano, tendrías que informarte sobre más de 400 diferentes personas, sus propuestas, sus agendas, sus historias, su imagen… te llaman por teléfono, se anuncian en la tele, te entregan propaganda, cuelgan espectaculares, invaden tu Facebook, tus cuates los retuitean… la neta, es imposible informarse bien y establecer un diálogo con todos ellos (400, tomando en cuenta las interminables listas de plurinominales que también aparecen en la boleta).

Además los legisladores prometen cosas que no tienen que ver con el trabajo legislativo, la persona por la que hace tres años votaste para alcalde hoy se postula como diputado y te dice que debes votar por él por su buen trabajo al frente de la ciudad (¡nada que ver! ser un buen alcalde no garantiza que seas un buen legislador), el que era senador y lo conociste hace seis años hoy se postula de Gobernador… en una palabra, la cantidad y la calidad de la información que recibes sólo te confunde, te aleja de la democracia.

Si vives en un estado con elecciones concurrentes, el proceso vuelve a comenzar en dos o tres años, si vives en un estado con elecciones no concurrentes, toda tu vida transcurre de elección en elección.

Al final y a pesar de todo, cumples cabalmente con tu deber ciudadano, votas y ya no quieres saber nada de elecciones hasta dentro de seis años. Gana quien sea, tu candidato u otro y para ti como ciudadano la cosa es borrón y cuenta nueva. Ya para estas alturas se te olvidó si votaste para que las cosas sigan su rumbo o para cambiarlas.

Termina la elección y tienen que pasar 5 meses para que llegue el nuevo presidente. Tú como ciudadano vives directa o indirectamente de algo que tiene que ver con el gobierno (esto es casi irremediable con nuestra petrolizada economía). Durante estos 5 meses todo queda parado, los que se van se están acomodando para no quedar tan mal y los que llegan están apenas conociendo el estado de las cosas. Los créditos, las políticas públicas, los programas sociales, las compras de gobierno, toda la economía que tiene que ver con la actividad gubernamental se queda absolutamente congelada y en el mejor de los casos entorpecida durante este periodo y tú como ciudadano te quedas chiflando en la loma esperando a que se reactiven las cosas.

Llega el nuevo presidente, alcalde, gobernador o legislador, y tú ya no puedes decir nada sino hasta dentro de seis o tres años. No tienes ningún instrumento para incidir verdaderamente en la agenda pública.

Contrario a lo que sucede con los alcaldes, los puestos de presidente, senador y gobernador duran muchos años. Un mal gobernante en 6 años puede derrumbar a un estado o incluso a un país. Sin personalizar esto, pregunto ¿cuántos de nosotros no hubiéramos querido que el sexenio de algún gobernante hubiese durado sólo 4 años? 2 años menos de muertos, errores, atracos, uso de la fuerza pública en contra de adversarios políticos, violaciones de derechos humanos, deuda, desorden. 2 años menos de un mal gobierno. Y, el contrario, supongamos que ese presidente o gobernador está haciendo bien su trabajo, ¿por qué no darle otros 4 años para que termine la obra?

Imagina lo siguiente: el presidente, los senadores y los gobernadores sólo duran 4 años y pueden reelegirse, igual que los alcaldes y diputados. Además tú como ciudadano tienes la certidumbre de cómo fueron electos los candidatos de todos los partidos, imagínate también que hay una elección sólo de legisladores (Senado, diputados federales y diputados locales) y otra sólo para presidente, gobernador y alcalde, o bien, una elección sólo local (gobernador, alcalde y legisladores locales)  y una sólo nacional (presidente, diputados federales y senadores). Imagina que tu voto, en lugar de premiar indirectamente a la interminable lista de desconocidos –los pluris–, está premiando (a través del sistema de repechaje) al candidato o candidata por quien sí estás votando. Y ya para ponerle la cereza al pastel, imagina que la transición entre un gobierno y otro sólo dura dos meses.

Sin lugar a dudas, el mundo sería mucho mejor.

Primero, con reglas claras de competencia interna en los partidos, tú como ciudadano tienes la certidumbre de que tu participación con el partido político de tu preferencia está protegida por una serie de derechos y sabes de antemano las consecuencias y alcances de tu participación. Si el partido decide que su mecanismo de selección interna es el dedazo o una encuesta o a través de convenciones, tú ya sabes si quieres o no participar y cuales son tus derechos, incluso puedes, si así es tu deseo, cruzar la línea y convertirte en un aspirante a representante popular porque sabes que hay una serie de derechos que te protegen en tus aspiraciones.

Segundo, con periodos de 4 años con una reelección (como sucede en la mayoría de las democracias modernas), tú como ciudadano eres el principal objeto de beneficios del funcionario público que aspira a reelegirse. ¿A poco no los políticos son mejores personas en campaña? Escuchan, dialogan, saludan, responden, se cuidan, hacen bien las cosas… imagínate si gobernaran con esta misma actitud.

Tercero, con elecciones separadas por localidad (Estatales y Federales) o tipo de cargo (Ejecutivo y Legislativo) la información que generan todos los candidatos durante las elecciones sería mucho más clara y congruente. Todos los aspirantes a legisladores estarán trabajando por un mismo tema y te estarían proponiendo leyes para resolver tus problemas y no obra pública o acciones ejecutivas como sucede actualmente.

Cuarto, con elecciones alternadas cada dos años (como en Estados Unidos), no tienes que esperar 6 o 3 años para que se discutan los asuntos públicos y tener una verdadera oportunidad de incidir en la agenda pública.

Quinto, con los pluris por repechaje, se mantiene el espíritu democrático y representativo que supone un sistema plurinominal y eliminamos la perversión que constituye que votas por alguien indirectamente sin realmente saber que votaste por él o ella.

Y finalmente, si todas las elecciones se celebran el mismo día del año y el relevo en el gobierno sólo dura dos meses, quienes salen del poder tienen menos tiempo para ocultar sus tranzas y hacer el año de hidalgo, quienes llegan, lo hacen con una agenda definida de transición sin tener que perder el tiempo en politiquerías y tú sigues recibiendo los beneficios de un buen gobierno o cambian las cosas que hizo un mal gobierno mucho más rápido que antes.

Diagnóstico: ¿Qué es lo que no funciona hoy?

1.- Todos los incentivos están alineados para que los políticos sirvan a sus partidos, líderes y patrocinadores antes que servir a la ciudadanía, como consecuencia, hay una mayor concentración del poder político en pocas manos y un menor interés de la ciudadanía para participar en lo público por esta vía:

a) La definición de candidaturas es la puerta de entrada al poder. Quien controla la llave es el que manda. La rendición de cuentas real es con los dueños de la puerta, no con los ciudadanos.

b) No hay claridad ni certidumbre en los procesos internos, y por lo tanto, no hay incentivos para que exista una participación ciudadana genuina en la vida de los partidos políticos.

c) Los políticos tampoco tienen certidumbre sobre sus legítimos proyectos personales ni sobre sus carreras, no pueden especializarse en un tipo de actividad o área, tienen que buscar una nueva chamba y reinventarse cada tres años en la gran mayoría de los casos.

2.- El esquema actual de elección plurinominal acelera el círculo vicioso de distanciamiento entre los partidos y la sociedad: premia la grilla y los acuerdos, no la representatividad ciudadana.

a) La permanente renovación de funcionarios de gobierno y competencia electoral distrae recursos y funcionarios públicos, así como a la sociedad civil, lo que resta eficacia y eficiencia a todo nuestro sistema de gobierno. En otras palabras, el gobierno por estar permanentemente renovando sus recursos humanos a través de la competencia electoral, no puede maximizar su capacidad para obtener los resultados para los que fue electo.

b) Los periodos de duración de los alcaldes y diputados son muy cortos y de los gobernadores, senadores y presidente muy largos.

c) El desvío o la distracción de recursos (legal e ilegal) se multiplica: invertimos como sociedad más en posicionar nuevas personas para las elecciones que nuevos proyectos para dar resultados de gobierno.

d) Los tiempos de campaña y gobierno desincentivan la discusión ordenada, constructiva y eficaz de los asuntos públicos, provocando un distanciamiento entre los ciudadanos y lo público.

f) Los gobiernos están secuestrados por el calendario electoral; la irregularidad en los calendarios electorales contribuye al desorden.

g) La mezcla de temas legislativos, locales y federales en una misma elección genera demasiada información social, lo que en lugar de enriquecer el debate democrático, confunde y ciega. (mucha luz tampoco deja ver: deslumbra).

Propuesta

Cinco medidas sencillas para tener una mejor democracia y, como dice el Secretario de Gobernación, “consolidar un sistema de partidos con mayor participación ciudadana y revisar nuestra forma de gobierno… Impulsar mecanismos que nos lleven a alcanzar un balance apropiado entre equidad y libertad”:

1.- Duración de los cargos públicos: 4 años con una oportunidad de reelegirse.

2.- Frecuencia de las elecciones: cada 2 años, alternando elecciones a puestos legislativos y ejecutivos o locales y federales (2018 presidente, gobernadores y alcaldes, 2020 diputados federales, senadores, diputados locales y asambleístas del DF ó 2018 federales y 2020 estatales).

3.- Fecha de las elecciones: el primer domingo de octubre para acortar el tiempo de transición.

4.- Plurinominales: por sistema de repechaje, no por listas.

5.- Método de selección de candidatos: reglas claras y equitativas en los procesos internos para la selección de candidatos (cada partido tiene la libertad de definir las propias, pero que tengan la obligación de tenerlas y hacerlas públicas).

 

Nota personal:

Mi principal actividad laboral es electoral, a mí y a toda la industria vinculada a elecciones nos conviene mucho el esquema actual, tenemos trabajo todos los años, todo el año. En el otro esquema tendríamos trabajo un año sí y un año no. Lo digo para evitar sospechosismos.

 

* Roberto Trad es un consultor político especializado en elecciones y campañas políticas, con más de diez años de experiencia académica y profesional en México, Estados Unidos, Centroamérica, Sudamérica y El Caribe. Es coautor del libro El Arte de la Guerra Electoral, publicado por Grijalbo en 2012.