blogeditor · 4 de agosto de 2015
Al momento de escribir esto ya un gran número de mexicanos se han enterado de lo ocurrido el viernes pasado en la Colonia Narvarte del DF: se encontraron los cadáveres de 5 personas en el interior de un departamento. Cuatro mujeres y un hombre, con huellas de tortura, abuso sexual y, finalmente, disparos de arma de fuego. Cinco personas, entre ellos una activista y un periodista.
Algunos han preguntado la razón de la distinción, “¿no es este hecho, por sí mismo, sin distinguir la profesión de las víctimas, una tragedia merecedora de primeras planas?” o “¿por qué se enfocan tanto en él y en ella y hacen a un lado a las otras víctimas?”
La razón es muy simple: Nadia Vera era activista y Rubén Espinosa era activista y periodista.
Más en concreto: Nadia Vera era activista, participó en el movimiento #YoSoy132. Rubén Espinosa era fotoperiodista, colaboraba en la Agencia Cuartoscuro y la revista Proceso, y el pasado 15 de junio huyó hacia el DF. Ambos, como lo muestran algunos videos, eran férreos críticos del gobierno de Javier Duarte en Veracruz.
Periodistas de a Pie -09 de julio 2015- Amenazas contra periodistas en Veracruz y libertad de expresión from Rompeviento Televisión on Vimeo.
[contextly_sidebar id=”g7aMasInj5gGlZ8HVkTkMDuZNOS95rN1″]Esto, por supuesto, no exime a las autoridades de realizar una investigación a fondo; más bien, al contrario: se deben de agotar todas las líneas de investigación para resolver los deplorables feminicidios y homicidio. Así también, de lo poco que sabemos, el hecho de que Rubén Espinosa y Nadia vera fueran activistas en alto riesgo y que este riesgo, además, estuviera documentado por distintas organizaciones que defienden la libertad de expresión y de prensa, es algo que no podemos pasar por alto.
¿Qué hace especial a un periodista para merecer este tipo de atención?
Los periodistas juegan un papel fundamental en una democracia seria: son, por así decirlo, una especie de termómetro que ayuda a medir el estado de salud de un Estado. La vulnerabilidad inherente del periodismo radica en que, por el simple hecho de realizar su trabajo, en muchas ocasiones, van en contra de intereses muy poderosos.
Que un periodista sea amenazado, acosado, exiliado, secuestrado o asesinado nos hace vulnerables a todos como sociedad, ya que ayuda a que los puntos ciegos de los que se alimentan los grandes problemas que enfrentamos (corrupción, impunidad y deficiente acceso a la justicia) se hagan más grandes.
La única forma de contrarrestar estas vulnerabilidades es unirnos y formar una voz que, activamente, denuncie este tipo de atrocidades.
Es parte del círculo de complicidades quien se lave las manos pensando que un periodista asesinado no le afecta, que es algo muy pequeño o lejano. La falta de compromiso en contra de estos actos solamente permite que crezcan en todos los sentidos y se vuelvan más comunes y más cercanos.
Es por lo anterior que tenemos que trabajar activamente en hacer visibles y denunciar estas atrocidades, tanto los feminicidios, el homicidio, así como el atentado en contra de la libertad de expresión de los que estamos hablando pues, si pretendemos ignorarlas, simplemente, formaríamos parte del problema.
* Paola Villarreal (@paw) se dedica al desarrollo de sistemas desde 1999. Ha trabajado en diversas entidades gubernamentales, ONGs y empresas siempre promoviendo la apertura como forma de hacer las cosas. Actualmente colabora con la American Civil Liberties Union de Massachusetts como parte del Ford-Mozilla Open Web Fellowship en temas relacionados a derechos y tecnología.