blogeditor · 18 de enero de 2021
¿La DEA y los fiscales en Nueva York mienten? ¿Su mentira fue tan bien montada que logró convencer a la justicia para iniciar un proceso penal por cuatro acusaciones graves, sin fundamento alguno? ¿El gobierno de México miente? ¿La SEDENA, la SRE, la FGR y el presidente mienten? Porque no hay de otra: allá o acá están mintiendo. No puede estar fundada la acusación en un país y completamente infundada en el otro, sin que en uno de los dos casos se esté mintiendo.
¿Alguien cree posible que la información es tan distinta y lejana allá y acá sobre la trayectoria de Salvador Cienfuegos, que sus versiones son irreconciliables? Yo no. Alguien miente y quien lo esté haciendo se ha tomado la molestia de construir un engaño descomunal y cuyas consecuencias serán mayores.
Si leemos las versiones de la prensa, la noticia del no ejercicio de la acción penal contra Cienfuegos tendría un impacto negativo mayor en la confianza entre los países. También hay versiones periodísticas según las cuales el expediente de la DEA dado a conocer por el gobierno mexicano no convence de la responsabilidad penal del exsecretario de la Defensa Nacional. En Twitter la periodista Dolía Estevez escribió: “Tanto violó EEUU Tratado de Asistencia Jurídica Mutua al no informar a México sobre investigación criminal de la DEA sobre Cienfuegos, como el gobierno de México en divulgar un documento confidencial cuya confidencialidad está protegida por dicho acuerdo. No hay confianza”.
Otros destacan que el expediente incluye “evidencias circunstanciales que no necesariamente constituyen hechos probatorios de la comisión de un delito, que dejan entrever que la presunta relación del exsecretario de la Defensa Nacional (2012-2018) fue tejida con el aval y apoyo de personalidades políticas estatales y federales”.
Más versiones sugieren que el regreso de Cienfuegos a México fue resultado de la amenaza que nuestro país hizo a Estados Unidos de expulsar a los agentes de la DEA y que el vecino del norte aceptó enviar al anterior secretario porque esperaba que en efecto se le investigara aquí.
Y el 14 de enero, justamente el día que la FGR informó que no acusará a Cienfuegos, se publicaron las reformas a la Ley de Seguridad Nacional que imponen inéditos controles sobre la operación y la información de los agentes extranjeros acreditados en México. Un día después, en entrevista radial que Denise Maerker hizo a Mike Vigil, exdirector de operaciones internacionales de la DEA, preguntándole por qué colaboraban con la SEDENA si esa agencia tenía información que apuntaba a responsabilidades penales de Cienfuegos, él respondió que a veces trabajan con el diablo y que su principal vínculo de colaboración es con la Secretaría de Marina.
El mismo día Vigil declaró que la exoneración de Cienfuegos “podría ser la gota que derramó el vaso en cuanto a la cooperación entre Estados Unidos y México en actividades antidrogas”; agregó, refiriéndose a la “justicia mexicana”, que la decisión de la FGR “manchará enormemente la integridad de su sistema judicial y, a pesar de la retórica política de querer eliminar la corrupción, evidentemente no es el caso. El estado de derecho ha sido violado de manera importante”.
También el 15 de enero el Departamento de Justicia de los Estados Unidos informó que “se reserva el derecho de iniciar una nueva investigación contra el general”.
Vigil habla de la “gota que derramó el vaso” mientras López Obrador habla de “inventar delitos”. De ese tamaño. Mirar el expediente dado a conocer por la SRE sin tratar de revisar la historia que está detrás de esto, es como enfocar en el árbol incendiándose, cuando el bosque está en llamas.
Con lo que se sabe públicamente, cada persona puede creer lo que quiera, no creer nada o acreditar la versión de un país y desacreditar la del otro. Toda mi trayectoria he observado y escuchado atentamente a operadores mexicanos y extranjeros de eso que llaman comunidades de inteligencia. La desconfianza no es la novedad. En la relación binacional se han tejido vínculos de confianza entre personas en contextos de desconfianza entre instituciones.
La novedad es que el caso Cienfuegos podría haber desfondado los mínimos de colaboración binacional. Por lo demás, aquí no se juega la transparencia ni el Estado de derecho. La política prohibicionista de las drogas no tiene que ver con eso ni aquí ni allá. Aquí la disputa es de hegemonías para administrar la delincuencia y las violencias.
Pongamos atención, tal vez alcanzamos a ver algo del verdadero tamaño de esa disputa y de sus consecuencias.