Ciencia y seguridad ciudadana, medio siglo atrás

blogeditor · 19 de abril de 2021

Ciencia y seguridad ciudadana, medio siglo atrás

Es tan grande el extravío generalizado del Estado mexicano y de la sociedad en materia de seguridad ciudadana, que es ínfimo el interés respecto a si las políticas públicas y las decisiones en la materia tienen o no fundamento científico.

Si la inseguridad y las violencias crecen sin freno casi nunca habrá quien, desde las instituciones públicas o desde la sociedad, discuta dónde está la ciencia. Lo mismo si se reducen. ¿Y para qué queremos a la ciencia? Van un par de ejemplos.

En 1974 se publicó el primer estudio basado en evidencia que demostró que el patrullaje preventivo aleatorio no necesariamente ayuda a reducir la delincuencia ni mejora la percepción de seguridad (ver el timeline de investigaciones aquí).

A casi 50 años de esa publicación, Miguel Garza, experto del Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde), organización de la sociedad civil líder en América Latina en la promoción de la mejora policial, me confirmó que hoy en México el patrullaje aleatorio “es la constante”. Comentó, además: “en una reciente evaluación a 37 municipios, solo uno tiene metodología para el despliegue operativo y los demás nada”.

Por su parte, Gerardo Palacios Pámanes, Secretario de Seguridad Pública de Guadalupe, Nuevo León -muy probablemente el mando policial con el más alto perfil de especialización que ha tenido este país-, me contestó: “siendo muy optimista, el ochenta por ciento de la policía hace patrullaje aleatorio y táctico el veinte por ciento”.

Segundo ejemplo. En 1976 se publicó evidencia de que el tiempo de respuesta policial no está relacionado con la probabilidad de hacer arrestos o localizar a testigos. Llegar lo más pronto posible ante un llamado es justamente uno de los principales esfuerzos en muchas policías en México, pero es prácticamente imposible encontrar fundamento científico donde demuestren qué logran con eso.

Según el criminólogo Lawrence Shermann, lo que debe aportarse a lo que ya se sabe en la prevención del delito “se resume en una sola palabra: comprobación”. Se trata de “desarrollar y comprobar innovaciones para fomentar la seguridad ciudadana usando la mejor evidencia disponible”.

Cuando en 1995 nació el Sistema Nacional de Seguridad Pública, intentamos incluir la creación del Centro Nacional de Investigaciones, pero se negaron a instalarlo. Se trataba de habilitar el cerebro del sistema, de manera que el Estado dejara atrás gradualmente la improvisación.

A cinco décadas de la publicación de aquellas evidencias y a un cuarto de siglo del intento de creación de ese cerebro institucional de Estado, Garza me confiesa sobre el patrullaje: “sienten que si no dan vueltas y vueltas, no funciona”.

Cuando hoy, mañana o al día siguiente vuelva usted a escuchar alguna noticia sobre la inseguridad y las violencias, cuando sepa de una experiencia de victimización o desafortunadamente le toque vivirla, lo más probable es que a nadie o a casi nadie le importe dónde está la ciencia ante esta prolongada tragedia.

La pregunta entonces es muy clara: ¿qué hacemos para conectar la seguridad ciudadana a la comprobación científica?

La otra es seguir mirando que el Estado sigue dando vueltas y vueltas, opción preferida, por cierto, igualmente por la vía policial y militar.

@ErnestoLPV