Seis vueltas buscando lo invisible: ciencia y activismo en la refinería de Cadereyta

Redacción Animal Político · 13 de julio de 2025

Seis vueltas buscando lo invisible: ciencia y activismo en la refinería de Cadereyta

“Mayra, mejor no vayan por atrás de la refinería, puede ser peligroso”, le advirtió su esposo antes de salir. No era un comentario al aire: en México, defender el ambiente es, muchas veces, jugarse la vida. Esta vez solo iban a medir, pero incluso eso, cuando se trata de contaminación, se puede leer como un acto incómodo.

Esa mañana, en Monterrey, Claudia Rivera ya tenía todo listo: telescopios de medición, fibras ópticas, espectrómetros, GPS y un plan de ruta que, por respeto, evitaba los caminos que inquietaban a sus acompañantes en esta jornada de medición. Claudia no es activista ni regia, es científica y estudia la contaminación que emiten las industrias, refinerías, centrales termoeléctricas y volcanes de todo México desde el Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM, en la Ciudad de México, donde somos colegas. Su trabajo es detectar lo que los ojos no ven: los gases y partículas que pueden dañar el aire, la salud y el clima.

Esa conexión entre ciencia y personas no siempre ocurre. La idea me surgió durante un seminario en la UNAM —esos viernes donde nos reunimos colegas a compartir avances de proyectos de investigación. Claudia presentó sus mediciones en la refinería de Cadereyta, en Nuevo León, y me sorprendió ver datos que sugerían que las emisiones podrían estar subestimadas. Más me sorprendió darme cuenta de que, incluso siendo científico, no estoy tan familiarizado con estos datos ni sabría, de entrada, dónde conseguirlos o cómo se miden en campo.

Entonces recordé al Comité Ecológico Integral de Monterrey, un grupo de mujeres, muchas de ellas madres, que empezaron preocupadas por la salud de sus hijas e hijos y hoy son una de las voces más firmes por el aire limpio en la ciudad. Son mis amigas y compañeras de muchas batallas por el ambiente, así que sabía que si alguien aprovecharía al máximo un espacio de diálogo directo con la ciencia, serían ellas. Me pregunté si alguna vez habían escuchado de viva voz lo que mide alguien como Claudia. Las contacté y la respuesta fue no. La solución fue simple: presentarlas.

Unas semanas después, Mayra e Ivonne, dos integrantes del Comité, acompañaban a Claudia en una jornada de medición alrededor de Cadereyta. Montaron los equipos al amanecer, telescopios modestos a la vista, pero de precisión quirúrgica. Usan la luz del sol para detectar moléculas que el aire arrastra. Durante seis vueltas a la refinería compartieron más que datos: compartieron dudas, historias y hasta se encariñaron con una perrita aparentemente sin hogar que casi termina adoptada.

A pesar de que el aire parecía limpio, Mayra e Ivonne sintieron ese picor en la nariz que conocen de sobra. No necesitaban un aparato caro para saber que algo no estaba bien. Pero ahora, por primera vez, entendían el rigor detrás de los números, la complejidad de la técnica y también las limitaciones. “Ya me imaginaba comprándome un aparato para andar ruleteando y midiendo por toda la ciudad”, nos contó Mayra entre risas, “pero no es tan fácil”.

Lo valioso, quizás, no fue solo el aprendizaje técnico, sino lo improbable de la escena: una científica basada en Ciudad de México, dos activistas regias, todas recorriendo juntas el perímetro de una refinería que muchos preferirían evitar. En el auto, entre instrumentos y risas, se tejió algo más profundo: la certeza de que la ciencia también necesita salir de los artículos científicos, y que el activismo se fortalece cuando entiende el dato, el método y a la persona detrás.

Claudia suele cuestionarse si su trabajo importa, si sus mediciones no se pierden en artículos que casi nadie lee. Pero ese día, al escuchar a Mayra e Ivonne agradecerle por medir lo que afecta a sus familias, entendió que su labor puede tener eco más allá de la academia.

Hace unos días, Mayra e Ivonne compartieron su experiencia con todo el Comité. Ahora más integrantes quieren sumarse a futuras campañas de medición. Porque los datos no son solo números; son un puente. Y a veces, ese puente se empieza a construir dando vueltas a una refinería, en busca de moléculas invisibles, pero imposibles de ignorar.

* Berny Bastien (@capi_planeta) es investigador en el Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM y divulgador científico.