La soberanía nacional, esa bestia magnífica

Jorge Avila · 28 de abril de 2026

La soberanía nacional, esa bestia magnífica

El accidente automovilístico ocurrido el pasado domingo en Chihuahua, donde fallecieron el director de la Agencia Estatal de Investigación y otro integrante de este organismo, junto a dos agentes de la CIA, ha puesto en la mesa de discusión la cuestión de la soberanía. La presencia de dos agentes estadounidenses en territorio mexicano ha causado polémica, sobre todo porque parece que participaron en un operativo sin el conocimiento del gobierno federal. Sin embargo, lo que ha puesto de nuevo a la soberanía nacional en la mesa es el uso partidista que han hecho en Morena del caso para señalar como traidora y entreguista a la gobernadora panista del estado, Maru Campos.

La soberanía es uno de los conceptos centrales de la política, pues expresa que un poder no reconoce sobre sí otra autoridad que la propia, por lo que es un atributo fundamental de cualquier Estado. Es un principio que le permite a cualquier gobierno ejercer la autoridad sobre las personas en un territorio determinado, dictar leyes y ejercer la fuerza pública para hacer valer un orden, particularmente en temas de seguridad pública. La soberanía es un principio que también sostiene nuestros sistemas de justicia, pues define que nadie por encima o fuera del Estado puede sancionar o hacer valer las leyes que nos rigen ni disponer de las fuerzas de seguridad para lograrlo.

El caso es claramente polémico y debemos exigir públicamente una explicación y una investigación que nos diga las circunstancias de la participación de los agentes de la CIA en tareas de seguridad estatal. La gobernadora debe rendir cuentas y, en caso de tener alguna responsabilidad, ser sancionada por romper con el pacto federal y no informar o solicitar el apoyo del gobierno federal para que participaran agentes extranjeros en territorio nacional. Dicho esto, también debemos denunciar el uso partidista de este caso para que Morena se presente como protector o defensor de la soberanía, cuando lo último que ha hecho es eso.

Por ejemplo, bastan recordar las reuniones que tuvieron tanto Andrés Manuel López Obrador como Claudia Sheinbaum con Larry Fink, director ejecutivo de BlackRock, la firma de manejo de activos más grande del mundo y acusada de su creciente poder político y económico en los países donde tiene carteras de inversión. O también podemos tomar las declaraciones de Marcelo Ebrard ante la renegociación del T-MEC, diciendo que los aranceles de Trump se quedan, o incluso la imposición de aranceles a China ante el temor de represalias de su parte. Y cómo olvidar las políticas migratorias del gobierno mexicano, supeditadas a la externalización de fronteras estadounidense, ejecutada sin reservas tanto por AMLO como por Claudia y con el brazo armado de la Guardia Nacional.

A pesar de su tufo nacionalista y popular, lo cierto es que Morena no defiende la soberanía nacional ni como partido y ni como gobierno, si es que le importa en absoluto. Así como lo ocurrido en Chihuahua habla mal de la gobernadora al actuar unilateralmente con fuerzas de seguridad extranjeras, también habla mal de Sheinbaum y de Morena como gobierno cuando estas cosas ocurren bajo sus narices. Difícilmente pueden presumirse como soberanos si no están enterados de lo que pasa en el territorio que presumen gobernar. Defender la soberanía implica ejercerla, de otra manera, es claro que esta bestia magnífica no responde ni a su mando ni a su voluntad, sino a una fuerza externa que viene del norte.