Redacción Animal Político · 18 de octubre de 2023
En pocos días la noticia sobre la presencia en espacios universitarios de Cimex lectularius, comúnmente conocida como chinche (o chinche de cama) se apoderó de los medios. Se esparcieron con rapidez noticias, comentarios, memes y fotos en redes sociales, que daban cuenta de la supuesta presencia de las chinches en aulas universitarias, una presencia tan desdibujada como el coco de la estrofa de García Lorca: “La fuerza mágica del Coco es precisamente su desdibujo. Nunca puede aparecer, aunque ronde las habitaciones. Y lo delicioso es que sigue desdibujado para todos”. 1
No escribimos estas líneas para negar la presencia de las chinches entre nosotros; estos insectos han estado conviviendo con el ser humano desde la época de los faraones 2 y quizá mucho antes. Viven en todos los países templados, 3 y en zonas tropicales viven especies hermanas con características similares, incluidos sus hábitos de alimentación.
Escribimos estas líneas para hablar de la racionalidad científica y de las explicaciones y análisis que como universitarios deberíamos estar acostumbrados a construir, aunque esto parece, todavía, alejado de nuestra vida cotidiana. Honestamente, pensamos que las chinches en la UNAM parecen una leyenda como la del coco. Como si el coco hubiera traspasado las barreras de la imaginación, los espacios y recovecos de la responsabilidad científica y se hubiera transformado en… chinche.
Hasta el momento no se ha presentado el conjunto de evidencias que muestren o den cuenta de que hay una sobrepoblación de chinches en las aulas universitarias. Diversos informes, publicados a través de los Boletines de la UNAM señalan que “después de revisiones realizadas por expertos, no se han encontrado chinches en los espacios universitarios”. En el último comunicado (Boletín unam-dgcs-759) se notificó que, después de la revisión, se encontró “un insecto” que al ser clasificado resultó ser Cimex lectularius. Es importante aclarar que no es extraño que no se encuentren en grandes cantidades, lo que podría significar una plaga. Las aulas universitarias no tienen la comodidad y calidez de una cama, de un sofá o de un armario, o de cualquier sitio donde pueda haber ropa acumulada, lugares preferidos por las chinches de cama. Por supuesto que pueden llegar a un salón de clases, pero difícilmente se quedarían a vivir allí, ya que no tendrían su fuente de alimento cotidiano que consiste en sangre fresca de mamíferos o como comúnmente se les llama: animales de sangre caliente; esto incluye seres humanos y animales de compañía, perros y gatos, aunque prefieren la sangre de humanos. En los hogares, las chinches ocasionalmente también incluyen en su dieta la sangre de las ratas y ratones (que pueden llegar a formar parte de los habitantes de una casa) y es común que las aves formen parte de sus fuentes de alimentación.
Es cierto que los salones están llenos de personas durante las horas de clase, pero aquí hay tres hechos estudiados por expertos en chinches que hacen poco probable que las chinches de cama se alimenten de universitarios.
En primer lugar, el comportamiento de alimentación de las chinches de cama sucede durante la noche, cuando su fuente de alimentación está dormida (Araujo, et al., 2009). Esto no significa que no intenten alimentarse de día, pero su comportamiento regularmente es nocturno; durante el día permanecen escondidas.
En segundo lugar, el tiempo que dura su proceso de alimentación no es muy rápido; las hembras, en particular, necesitan mayor tiempo de contacto con su fuente de alimento (entre 5 y 10 minutos), dependiendo de su estado ninfal y tipo de adulto. 4 Dado que su alimento es la sangre, el proceso consiste en perforar la piel “con dos tubos huecos que posee en su aparato bucal. Con uno de ellos extrae la sangre y con el otro le inyecta su saliva la cual contiene anticoagulantes y anestésicos”, 5 así la chinche puede alimentarse con tranquilidad. Este comportamiento adaptativo ha evolucionado en el contexto de una presa dormida fácil de controlar (a menos que durante nuestras clases los estudiantes se queden dormidos, entonces podríamos hablar de una posibilidad). Esa lentitud para alimentarse contrasta con la rapidez de los mosquitos cuyo proceso resulta mucho más rápido, por lo que pueden hacerlo con un individuo despierto.
En tercer lugar, aunque son animales pequeños, son visibles a simple vista, y pueden detectarse sin aparatos especiales, y cuando llegan a formar una plaga es posible encontrar varios individuos juntos. Cuando hay sobrepoblación despiden un característico olor a chinche: un aroma ferroso, derivado de exudados que producen por su tipo de alimentación, particularmente el alto contenido de hierro de la sangre. Es comprensible que, en las grandes ciudades, donde los olores se sobreponen unos a otros, la mayoría de las personas jóvenes no tengan la habilidad de reconocer el olor a chinches. 6
No hay evidencia de que haya existencia masiva que muestre que estamos ante una plaga de chinches; sin embargo, y a pesar de la falta de datos, se han suspendido clases en varias Escuelas y Facultades. Se han expresado mensajes de inconformidad y de preocupación, e incluso se han realizado encuestas y votaciones con el fin de decidir si hay “condiciones” para regresar a clases. Asimismo, se han tomado acciones (fumigación) que podrían eliminar a depredadores naturales de las chinches como algunas especies de arañas.
Se ha argumentado que las acciones de fumigación son acciones preventivas, “por si acaso”. No negamos que debemos tener la capacidad de prevenir, pero consideramos que tanto las inconformidades por la “existencia de chinches” como las tomas de decisiones para “acabar con las chinches” deben estar fundamentas y basadas en evidencias, en hechos, en datos y en la construcción de una explicación racional que fundamente nuestras quejas, peticiones y acciones. Probablemente nos equivocamos, y en este momento se esté preparando un informe documentado al respecto, o tal vez nos equivocamos al no comprender que la opción más cómoda para nuestra vida sea seguir viviendo sumergidos en la etapa del desdibujado coco que ronda por la habitación. Sumergidos —como escribe García Lorca— en ese miedo cósmico en el cual los sentidos no pueden poner sus límites salvadores.
* Ricardo Noguera Solano es profesor de tiempo completo de la Facultad de Ciencias, miembro del Programa Universitario de Bioética y, actualmente, secretario técnico del Seminario Universitario de Evolución, UNAM. Diana Buzo Zarzosa es profesora de la Facultad de Ciencias, bióloga y psicoanalista; participa en el Programa Universitario de Bioética.
Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.
1 García Lorca, Federico. Obras completas. Recopilación y notas de Arturo del Hoyo, prólogo de Jorge Guillén, epílogo de Vicente Aleixandre. Madrid: Aguilar, 1962.
2 Panagiotakopulu E. Buckland P. C. “Cimex lectularius L., the common bed bug from pharaonic Egypt”. Antiquity 73 (1999): 908–911.
3 Sakamoto, J. M., y J. L. Rasgon. “Geographic distribution of Wolbachia infections in Cimex lectularius (Heteroptera: Cimicidae)”. Journal of Medical Entomology, 43(4) (2006): 696-700.
4 Araujo, R. N. et al. “The feeding process of Cimex lectularius (Linnaeus 1758) and Cimex hemipterus (Fabricius 1803) on different bloodmeal sources”. Journal of Insect Physiology, 55(12) (2009): 1151-1157.
5 Masciocchi, M. Chinche de la cama. Cimex lectularius. Barriloche: EEA, 2018.
6 Reinhardt, K. y M. T. Siva-Jothy. “Biology of the bed bugs (Cimicidae)”. Annu. Rev. Entomol 52 (2007): 351-374.