blogeditor · 16 de diciembre de 2016
“Si Trump abandona la política de una sola China,
Pekín no tendría por qué anteponer la paz a la fuerza para recuperar Taiwán”.
Las palabras son un mapa de significados ocultos y más aún cuando quien las dice es Trump ya no como empresario o negociante, sino como el presidente electo de Estados Unidos.
Esas palabras que buscan negociar realidades del futuro ponen en jaque todos los esfuerzos estabilizadores del pasado. China no se queda como México a la espera de observar el horizonte de expectativas, ordena de inmediato el desembarco de Yang Jiechi, ex ministro de Relaciones Exteriores de China y profundo conocedor de la relación del país asiático con América Latina.
En China especialmente nada de lo que se hace suena a coincidencia. Más por su fuerte insistencia hacia México que por nuestra propia convicción, queriendo mostrar prudencia, hemos provocado un acuartelamiento temeroso; en lugar de asomar nuestra personalidad de una visión clara, titubeamos y nos vemos timoratos. Lo que a México no termina de quedarle claro es que China está en el horizonte inmediato y no es de hace mucho tiempo un asunto de voluntad sino de necesidad. Llevamos 13 años diciendo lo mismo.
Taiwán, isla que sostiene relaciones diplomáticas todavía con 22 países y que China considera -si bien no como una provincia, sino como parte del mismo país- con otro sistema, ha sido mencionado por Trump en al menos 10 ocasiones.
El gran peligro del inicio de las guerras son los pretextos comerciales. Un asunto que debiera resolverse en un entorno de disputas comerciales puede terminar en un entorno militar.
La influencia de China es cada día más impactante en las decisiones de Trump. El primero fue el anuncio sobre la salida del TPP, el segundo es la amenaza de renegociar el TLCAN, el tercero traer al centro de la mesa de atención a Taiwán.
La fuerza de las palabras se va imponiendo ante el pacifismo de la pax americana que intentó impulsar Obama. Para Trump no es la paz sino la fuerza verbal y la violencia militar lo que verdaderamente trae paz duradera. Sin embargo, hoy las victorias se fincan más que en el número de tanques en la inteligencia de los datos; no está en el movimiento de mercancías sino en la inteligencia de la producción de valor. Mientras él tendría que impulsar el libre comercio con fuertes incentivos para fabricar productos de valor agregado en Estados Unidos, seguir impulsando el liderazgo tecnológico, y como nunca establecer un programa de infraestructura logística que termine convirtiendo a tres países localizados en Norteamérica como la región escudo frente a Asia, sigue en cambio creando más frentes de batalla mientras construye en silencio sus alianzas.
Trump, al querer aislar a Estados Unidos, está creando un frente poderosamente común. México, sin personalidad diplomática y sin una agenda clara, se acerca a China más como una provocación a las declaraciones de Trump que por contar con una estrategia de cooperación.
Los escenarios próximos
En el marco de la Cátedra México-China que desde hace tres años se realiza en la UNAM, Susan Shirk, profunda conocedora de la defensa de los intereses norteamericanos en China, mostró su visión sobre el antinacionalismo americano en el país asiático.
Mientras la escuchaba hablar imaginamos a un Trump que buscará negociar con provincias chinas y con países satélites asiáticos para debilitar la unidad de China.
Buscará asestar golpes importantes a las ganancias de empresas paraestales chinas y veremos el fuerte aumento de cuotas compensatorias, barreras no arancelarias a insumos de China lo mismo que de México.
Sin querer, Trump va a unir a México con China y en el intento de modificar el TLCAN fuertemente vendrá un próximo TLCH.
Un conflicto militar entre las Coreas buscará distraer la atención de China sobre Estados Unidos y lo llevará a cuidar las disputas sobre los límites marítimos y su relación con Taiwán.
No es la salida del TPP sino es el nuevo Club de países aliados de producir para Estados Unidos lo que estaremos viendo. Centro y Sudamérica jugarán un papel decisivo.
Rusia sin duda será fundamental y Japón mucho más. El próximo gran conflicto militar puede desembocar en el mar Amarillo.
Los enemigos históricos se reúnen para transformar batallas en alianzas. El proteccionismo se antepone al conservadurismo liberal. El mundo sigue en trauma.
Sin duda Trump usará la estrategia de Sun Tzu contra la propia China. Pero ojo, ni Trump podrá utilizar sus métodos negociantes en la presidencia ni China es un casino con el que se pueda jugar.