Joel Aguirre · 31 de agosto de 2026
Uno de los temas más relevantes de la agenda global durante los últimos meses ha sido el comportamiento del precio del petróleo a nivel internacional. Esto, sobre todo a partir de los efectos del conflicto en el Golfo Pérsico y la subsecuente interrupción del tráfico a través del estrecho de Hormuz generaron uno de los mayores riesgos para la estabilidad energética mundial en años. Muchos de los análisis indicaban un aumento inminente del precio internacional del petróleo una vez que las reservas estratégicas fueran usadas, lo que, de acuerdo con algunas estimaciones, debió de pasar entre julio y agosto.
Sin embargo, aunque el mercado experimentó fuertes episodios de volatilidad y diversos países se vieron seriamente afectados, el aumento de precios no alcanzó las dimensiones que inicialmente podían esperarse, y una de las principales razones se encuentra en China.
China ha reducido drásticamente sus importaciones de petróleo y, dado el volumen de crudo que habitualmente importa, Beijing se ha convertido en un actor capaz de ejercer una influencia significativa sobre el equilibrio entre la oferta y la demanda a nivel internacional. Esto resulta particularmente relevante tras el cierre del estrecho de Hormuz: mientras los flujos de crudo se redujeron drásticamente, provocando una contracción de la oferta disponible en los mercados internacionales, China redujo simultáneamente sus compras de crudo. De esta manera, la disminución de la demanda china compensó parcialmente la reducción de la oferta, contribuyendo a contener las presiones sobre el precio internacional del petróleo.
Esto es posible debido a las enormes reservas de petróleo chinas. Beijing aprovechó los años de precios relativamente bajos para acumular reservas de petróleo. Si bien la información de los inventarios de las reservas estratégicas chinas no es publica, se estima que China posee cerca de 1,400 millones de barriles de petróleo. Debido a estas reservas, el gobierno chino ha podido reducir la importación de crudo sin comprometer de manera agresiva el abastecimiento de su mercado interno.
Vale la pena matizar que la explicación de la reducción de la demanda de crudo china no es únicamente coyuntural. No podemos decir que Beijing redujo la importación de crudo únicamente como medida enfocada en aliviar la volatilidad de los mercados internacionales. En realidad, la situación es más compleja; por un lado, China busca la autosuficiencia energética, por lo que busca evitar depender de importar petróleo, sobre todo en un contexto de alta volatilidad de los precios. En ese sentido Beijing lleva años preparándose para un escenario como el cierre del estrecho de Hormuz al almacenar sus reservas estratégicas.
Por otro lado, China está atravesando una transformación en su relación con el petróleo. Durante décadas, el crecimiento económico chino fue uno de los principales motores del aumento de la demanda mundial de crudo. Sin embargo, con la transición verde impulsada por Beijing, este patrón está cambiando. Factores como la expansión de los vehículos eléctricos, el transporte ferroviario de alta velocidad y los vehículos impulsados por gas natural han comenzado a limitar el crecimiento del consumo de combustibles, al punto que la lógica detrás de las importaciones de crudo responden cada vez más a la acumulación y reabastecimiento de reservas y no únicamente a las necesidades inmediatas de consumo.
Esto no significa que China haya dejado de ser altamente dependiente del petróleo importado; por el contrario, el crudo continúa siendo fundamental para su economía al punto que es uno de los principales importadores de petróleo. Sin embargo, la reducción de la intensidad petrolera de su crecimiento económico le proporciona un margen de maniobra cada vez mayor para decidir cuándo y cuánto petróleo comprar. Cabe matizar, no obstante, que el incremento de los precios del petróleo sí ha tenido efectos sobre la economía china en los últimos meses, particularmente a través de las presiones que los mayores costos energéticos han generado sobre la producción industrial, contribuyendo a una desaceleración de la actividad económica.
A la par, China también tomó medidas para blindar su mercado interno frente al shock energético. Sobre todo, el gobierno chino restringió las exportaciones de productos refinados como gasolina, diésel y combustible para aviación, ordenando a las refinerías priorizar el abastecimiento doméstico y limitando los permisos de exportación. De esta forma, Beijing evitó que una eventual escasez internacional se tradujera en una competencia adicional por el combustible dentro de su propio mercado. Aun cuando China ya ha relajado las restricciones a las importaciones de combustible, esta medida fue especialmente significativa porque China es uno de los principales exportadores de combustibles refinados de Asia.
Esto explica por qué la reducción de las importaciones chinas puede funcionar como una especie de amortiguador frente a una crisis de oferta. Pues la reducción de las importaciones de crudo chinas ha logrado amortiguar el aumento de los precios del petróleo. Aunque cabe mencionar que la reducción de las importaciones de petróleo chinas no serían permanentes e incluso Beijing ya ha aumentado la compra de crudo en el exterior.
Lo interesante es que aquí aparece una transformación particularmente importante de la economía política internacional del petróleo. Históricamente, la capacidad de estabilizar o alterar el precio estaba asociada principalmente con los productores y, particularmente, con la capacidad de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) para modificar la oferta. Sin embargo, China está demostrando que tiene la capacidad para modificar significativamente el equilibrio global debido a su impacto en la demanda de petróleo.
Esto no significa que China controle unilateralmente el precio internacional del petróleo. Sería exagerado atribuir a Beijing una capacidad que depende también de factores como productores, inventarios, transporte marítimo, crecimiento económico mundial y expectativas financieras. Sin embargo, no se puede negar que China ha demostrado que sí posee una capacidad de influencia excepcional.
Debido a esto, el precio internacional del petróleo puede convertirse así en un nuevo instrumento de poder chino. En una hipotética futura crisis, Beijing podría aumentar sus compras para sostener los precios y beneficiar a determinados productores, o reducirlas para impedir una escalada. Esa capacidad no equivale al poder coercitivo tradicional asociado con un embargo, pero sí representa una forma de influencia mediante la cual China puede alterar las condiciones bajo las cuales funciona el mercado global de energía.
Esta cuestión adquiere una dimensión geopolítica todavía mayor porque los intereses chinos parecen alinearse con la estabilidad de los precios internacionales. Un petróleo excesivamente caro puede perjudicar a la economía china. Más que buscar un precio específico, el interés de Beijing parece estar en mantener un mercado relativamente predecible y limitar una volatilidad que pueda afectar tanto a su economía como a su seguridad energética. El petróleo, al ser un producto del que depende el crecimiento industrial chino, deja así de ser únicamente una fuente de vulnerabilidad para China y comienza a convertirse en un instrumento potencial de influencia, no porque Beijing pueda fijar unilateralmente su precio, sino porque posee una capacidad cada vez mayor para determinar cuánto petróleo está dispuesto a comprar en el mercado mundial.
En última instancia vemos cómo la crisis del petróleo provocada por el conflicto en el Golfo Pérsico está revelando una transformación en la distribución del poder e influencia en el mercado energético mundial. China no necesitó intervenir directamente sobre la producción o la oferta para amortiguar el impacto de la crisis en el estrecho de Hormuz. En su lugar, redujo sus importaciones de crudo, recurrió a sus reservas estratégicas, limitó las exportaciones de combustibles y protegió deliberadamente su mercado interno. Esto le permitió amortiguar los efectos de una crisis externa sobre su propia economía, pero también y de forma deliberada o no, trasladar parte de esa estabilidad al mercado internacional.♦