China: de patrimonio privado a referencia de cambio

Simón Levy · 4 de enero de 2012

China: de patrimonio privado a referencia de cambio

Ha culminado la etapa de la vigencia de las cuotas compensatorias y medidas de transición y parece que el país asiático sigue convirtiéndose en un ícono “trendy”; un tema que comercializa a granel recetarios para hacer negocios, que es referencia obligada como fuente de mal económico para México y Sudamérica, o ilusamente concebida como una catedral consagrada del consumo y de competitividad.

Pero, independientemente de lo que sea, la lógica de la urgencia requiere de sumar esfuerzos y de manera colectiva edificar planteamientos profundos ligados a líneas de acciones empresariales, gubernamentales, políticas y sociales para construir la arquitectura de interacción con el país asiático en los próximos veinte años. Si no logramos este objetivo, el impulso económico y comercial del mundo, nos llevaría a ser no mucho más que una servidumbre de paso en el mundo, sobre todo si consideramos la metamorfosis que hemos sufrido dejando de ser un país productor, para convertirnos en una engrane de comercialización.

Es cruel que un empresario de 50 años comente que lo único que sabe hacer es fabricar tela o zapatos, y aunque su estabilidad económica ya no está en juego, sufre de una crisis existencial porque sus paradigmas de trabajo comienzan a morir, pero se niega al retiro; está en el apogeo de su vida. Es igualmente doloroso pensar en las consecuencias que ésto le generará a decenas de trabajadores que perderán sus empleos.

El presente es la consecuencia de la manufactura de nuestras acciones y omisiones del pasado. China -vista para México y Latinoamérica- como un centro de consumo, sigue siendo una utopía; para Europa y Estados Unidos, una realidad emergente y que comienza a aparecer después de más de veinte años.

Nos arraigamos a la vieja versión de la globalización; los paradigmas de progreso de México se siguen anclando en reformas estructurales, pero la verdad es que la realidad los convierte en mitología con fecha de caducidad. Latinoamérica debate geometrías filosófico-políticas, rumbos de izquierdas o derechas, mientras que Asia acuerda sobre los puentes de progreso social y económico.

El estado de derecho, apuesta de nuestra competitividad, es una pieza de museo. La facilitación y competitividad de los costos, comienzan ser elementos no irrelevantes para atraer al comercio global. Nos gobierna la soberanía de la apariencia y no de la eficacia. China no está en el reinado de la urgencia para México.

El vencimiento de la llamada “clausula de paz” entre México y China bajo el marco de las reglas de la Organización Mundial de Comercio (OMC) parece convertirse en el “tiro de gracia”; el picaporte de una metamorfosis agresiva, furiosa y tajante de las fuerzas del mercado y de la movilidad de bienes que esperan ser comercializados en México, orientando a la etapa moribunda de una dócil fuerza productiva nacional.

Poco aprovechado fue para los empresarios de textiles, prendas de vestir, productos metálicos, maquinaria y equipo, sustancias químicas, productos minerales, minería e industrias metálicas básicas, el que esta cláusula de paz se tradujera en que China no impugnaría en el marco del Mecanismo de Solución de Diferencias de la OMC hasta diciembre de 2011, las cuotas compensatorias previamente establecidas. Teníamos el tiempo para ponernos de acuerdo, para construir un plan alterno. El tiempo se acabó.

Y aunque China no es todavía la opción de rentabilidad inmediata que parece confeccionarse en nuestras mentes, dado que oculta muchos problemas de competitividad, tampoco es la fuente de inoperatividad del aparato mexicano. China es y debe ser el factor decisivo de impulso del México que habremos de construir en este siglo. La construcción del México del siglo XXI y la confección de la realidad social, no pueden esperar más.

¿Estamos realmente condenados a convertirnos, por nuestra geografía económica, en servidumbre de paso para Estados Unidos?

Uno de los grandes motivos que orientarán a México a la pandemia de la comercialización, es el grado de complementariedad y de similitudes económicas que guarda con China. Hacemos lo mismo, vendemos lo mismo, al mismo mercado… a menos que reinventemos nuestro modelo económico aprovechando la nueva oportunidad política que se presenta este año.

Lo que China ha venido a decirnos a los mexicanos es que nuestra apuesta comercial de modelo de ser la mejor maquiladora de América Latina se ha acabado y que requerimos encontrar urgentemente un modelo que además de la maquila internacional atraiga Inversión Extranjera, pero más conocimientos y capacitación extranjera que creen competitividad.

El modelo económico de China ha gravitado en la internacionalización: Primera fase, atracción agresiva de inversión extranjera directa, segunda fase generación de empleo capacitado, tercera fase, fabricación de emprendimientos con gran liquidez de créditos, cuarta fase la exportación de sus bienes para crear sus redes de distribución internacional, quinta fase, la colonización empresarial china en el extranjero.

El andamiaje del aparato público de México es caduco y China se encargará de hacerle un mausoleo. Sin embargo, el modelo chino de desarrollo, no es la receta para combatir lo que nuestra falta de acuerdos ha causado.

El problema tampoco es tan grave como parece, todo estriba en la inmovilidad, en la falta de acuerdos. A nuestro país le urge migrar de una agenda de debate y legitimaciones políticas, a un país de construcción de infraestructura, de modelo económico y social. No hay futuro, porque no hay plataforma que nos permita crecer.

Sin embargo, no necesitamos saber más estadísticas condenatorias para México, o la espectacularidad del crecimiento chino, tampoco debemos tener memorandos que nos recuerden las oportunidades que tenemos con ese país. Ahora es momento de institucionalizar la necesidad de construir una agenda estratégica con China -alejada del espectáculo y el oportunismo- para así crear un marco de referencia útil. Requerimos volverlo un tema de todos, y no de unos pocos, requerimos puentes entre los mexicanos en China, entre los empresarios, entre los académicos, y entre el gobierno. Es momento de construir estrategias en conjunto.

Urge entender que ese país es una referencia de lo que es urgente para nosotros; mucho de lo que queremos para los próximos años, y cómo lo lograremos está en entender y abordar la forma en que interactuaremos con esa mercancía dogmatizada por el marketing llamada China.