ChilanGuiños

blogeditor · 1 de agosto de 2012

ChilanGuiños

 

Apenas llevo unos meses viviendo fuera del Distrito Federal y me basta volver a poner un pie en esta ciudad para sorprenderme nuevamente: de lo bella que es, de lo horrible que es, de lo odiosa y entrañable que es, de que funcione, de que milagrosamente no colapse. Debe haber una fuerza superior que consigue mantener la caótica capital del país no sólo a flote, sino encantadora, adictiva.

A veces creo que es una inteligencia indescifrable, pregrabada en nuestros genes, la que logra que no choquemos unos con otros los cientos de personas que nos movemos a toda velocidad en los alrededores del metro, como si conociéramos perfectamente una coreografía ancestral que nos permitiera movernos como peces, sin estamparnos cada tres brazadas; avanzar como ajolotes, sin apetito por convertirnos en otra cosa, algo diferente, otra especie, sin ese afán de “evolucionar” (como lo llaman los demás), porque somos lo que somos, a mucha honra y algo de pesar.

Otras veces estoy seguro que es la saliva de los besos y la fuerza compresora de los abrazos lo que impide que el D.F. se caiga a pedazos; los brotes de solidaridad entre tanta suciedad son los alfileres que lo detienen, apenas, pero siempre.

En medio de este peculiar hervidero, de este caldo que puede caer pesado, pero cuyo picante sabor se extraña a la distancia, siempre se encuentran guiños que nos hacen recordar lo que somos, ser lo que somos, guiños que nos definen y nos forman, nos enderezan, nos deforman.

He aquí algunos que me he topado en mi visita al DeFectuoso (cuya juguetona imperfección porta orgulloso en este apodo, uno seguramente inventado por un chilango y su innegable ingenio forjado en horno smog y camaradería):

 

 

Tendría que revisar la historia, pero me da la impresión de que eso último no lo dijo María Montessori…

 

 

Acá entre nos, me parece menos perturbador el póster ya con la “intervención artística metalera”.

 

 

No sé si pretendía ser un “¿Qué, no entienden…?” o nomás un acuse de recibo onda “que no hay tortillas”.

 

Claro, tanta exigencia es porque a cambio se recibe un servicio de primerísima… ajá…

 

Ternuritas… ¿Quién tendrá el valor de romperles el corazón a estos recién llegados a la Colonia Roma (y seguramente al país)? Dolerá, pero es emportante

 

“¿Llevará hache intermedia?… Quién sabe… Pero al fin que es muda… Y seguramente mi jefe lo va a revisar… Y alguien más antes de imprimirlo… Y también el que los cuelga…”

 

¡Ups! Creo que olvidé borrar las placas (441 USP) de este coche que circulaba por el carril del Metrobús… Y yo que no quería hacer quedar mal a la mujer que conducía el Nissan plateado con placas 441 USP… Cabe señalar que el policía la alcanzó y la regañó. No la multó… pero bien que la regañó…

 

Para cuando ya no puedes confiar en tus vecinos, en tus autoridades, en el Chapulín Colorado, ni siquiera en que le pongan acento a “México”…