De estrella mundial a títere espiritual: el derrumbe del Chicharito

Herminia Miranda · 25 de julio de 2025

Resulta que a Javier “Chicharito” Hernández lo sancionaron en la Federación Mexicana de Futbol no por su bajo rendimiento o sus interminables lesiones, sino por abrir la bocota [again].

En esta bendita oportunidad fue para soltar un comentario misógino más digno de una caverna que de una cancha. Y como si no fuera suficiente, Claudia Sheinbaum decidió subirse al tren del feminismo exprés AKA del mame, para “repudiar” lo dicho, como si su historial de omisiones y silencios frente a la violencia contra las mujeres no gritara más fuerte que todo lo que pueda opinar.

Para mí hay un factor importante que es sumamente revelador en toda esta ecuación; la codependencia emocional de un ídolo caído desde hace años: El Chicharito parece más discípulo de Diego Dreyfus que delantero profesional. Pero lo grave no es que haya encontrado en Dreyfus un guía espiritual, sino que esa guía haya derivado en una narrativa peligrosamente masculina: el “soy dueño de mi verdad” aunque mi verdad sea una cagada es taaaan limitado, ppl

Vamos por partes.

El coach

Diego Dreyfus y la industria de la superioridad emocional: Dreyfus, autodenominado coach, empresario, orador, filósofo [y pueke hasta sanador de chakras si le da el aire] se ha dedicado a venderle a hombres en crisis existencial una salida fácil: la culpa es de los demás, sobre todo de las mujeres. Su discurso se disfraza de autoayuda, pero transpira privilegio, clasismo [y un machismo con tintes de enano acomplejadón].

El “coach” ha transformado el machismo en un producto emocional perfectamente embotellado con frases que pretenden shockear a la banda tipo “te vas a morir”, para recordar a sus fans de lo efímero que es la vida.

Chicharito por su parte, compró el paquete “premium” al carajo y ni cuenta se dio.

El Chícharo, la feminista y el gurú

a) El Chícharo: el comentario sexista que no sorprende a nadie

En pleno 2025, y con más denuncias por violencia de género en el futbol mexicano que goles por jornada, el Chicharito decidió “opinar” que las mujeres no deberían OPINAR. Que no entienden de futbol, que no tienen la misma capacidad de análisis, que deben “encarnar su energía femenina cuidando, nutriendo, recibiendo…”, o “permitirse ser lideradas por un hombre”, claramente replicando discursos conservadores y tóxicos promovidos por las babas del wannabe número uno, Diego Dreyfus.

Desde su retorno a México, Hernández ha instaurado una narrativa motivacional que suena más a redpill que a remate de gol.

b) La “feminista”

Claudia Sheinbaum, presidenta -rancia- y eterna tecnócrata, saltó a condenar los dichos de Hernández con una rapidez sospechosa. Sheinbaum aprovecha – según su vieja costumbre- el tren del mame, califica al señoritingo de “muy machista” y afirma que “tiene mucho que aprender” sobre igualdad de género.

Tal vez olvidó que, como jefa de gobierno, minimizó la represión a colectivas feministas, invisibilizó víctimas y criminalizó protestas. Qué conveniente ahora hablar de “respeto a las mujeres” cuando ya no se trata de protegerlas, sino de capitalizarlas. Auxilio con la puta ironía: condena al Chicharito, pero no ha logrado eliminar las omisiones estructurales: falta implementar la Ley Malena (violencia con ácido), extender LUNAS en todo el país, crear refugios accesibles, capacitar policías con perspectiva de género y sancionar agresores de manera eficaz.

En contraste, en países como España o Suecia basta con que una ministra utilice estadísticas reales para dar paso a reformas concretas: desde refugios hasta líneas de atención 365 días al año, vigilancia policial con perspectiva de género y campañas permanentes en medios públicos. Allí, el feminismo no se pronuncia solo en declaraciones, se mide en resultados tangibles. Aquí, mientras Sheinbaum ensaya su feminismo en mañaneras, las mujeres siguen pagando con su vida y su seguridad la falta de acción REAL.

Y mientras eso sucede, el patriarcado juega tiempo extra con las mismas reglas pendejas que no abonan nada ni a un sistema de creencias rancio ni a factores de crecimiento que motiven a un sector cansado de ser vapuleado por cñoros acomplejados.

c) El gurú

En lo personal me parece que el ojo público debe de hacer un esfuerzo por ir más allá de lo evidente. Habría que analizar qué empuja a un personaje –con fervor alborozado– a querer controlar dinámicas sociales sumamente privadas y qué orilla a un individuo exitoso a dejarse arrastrar por motivadores de primera derivada, sin importar su historial social o académico. A qué me refiero: A LA CODEPENDENCIA EMOCIONAL de este par.

Sobre qué traumó a Diego Dreyfus y le dio esa visión tan retrógrada: él mismo ha compartido en entrevistas y charlas que ha lidiado con profunda depresión, sensación de vacío e incluso dos intentos de suicidio. En un video con Marco Antonio Regil confiesa: “No lo saben y tal vez nunca lo sepan, pero me acaban de salvar la vida. Tenía dos meses con depresión, ya llevo dos intentos de suicidio en…”. Créeme que no me burlo, sería la menos indicada, pero una cosa son mis traumas y otra muy distinta es reclutar famosos para darme un falso auto valor.

Dreyfus habla frecuentemente de “heridas de infancia” y la necesidad de “sana tus heridas y perdona a tus padres”, lo que sugiere que vivió una crianza complicada (abuso, negligencia o carencias afectivas) que lo marcó profundamente.

Ese trasfondo emocional podría haberlo empujado a construir un discurso de autoempoderamiento tóxico: un mecanismo de defensa que, en lugar de sanar colectivamente, lo llevó a reproducir estructuras de poder y género tradicionales. En otras palabras, una herida personal convertida en receta para otros y válida justificación para reproducir machismo.

Es decir, el Chicharito y Dreyfus representan un manual escandalosamente visible de masculinidad tóxica.

Ahora bien –dicho lo anterior– para que haya un sádico debe existir un masoquista, así que vayamos a revolotear en la psique del Chícharo:

Desde una perspectiva clínica, para que un individuo desarrolle una dependencia tan intensa y perjudicial como la de Javier “Chicharito” Hernández con Diego Dreyfus, deben confluir varios factores psicológicos y de personalidad que lo vuelven especialmente vulnerable a este tipo de vínculos. A continuación te explico las características más relevantes:

  1. Baja autoestima crónica. una autoestima deteriorada lleva al individuo a buscar validación externa constante, especialmente de figuras que percibe como más sabias, exitosas o iluminadas. Si esa figura se presenta como alguien que tiene “las respuestas”, es muy fácil idealizarla y volverse emocionalmente dependiente. En el caso del Chicharito pienso que esa baja autoestima pudo verse acentuada tras el declive de su carrera futbolística en Europa, su divorcio, y la presión de mantener una imagen pública “exitosa”. Dreyfus entra justo ahí, como figura de rescate.
  2. Personalidad dependiente. El Trastorno de Personalidad Dependiente (según el DSM-5) se caracteriza por:
  • Dificultad para tomar decisiones sin consejo o reafirmación de otros.
  • Necesidad excesiva de que otros asuman la responsabilidad en áreas importantes de su vida.
  • Miedo profundo al abandono o a ser dejado solo.
  • Tendencia a idealizar a figuras de autoridad o “líderes”.

No hace falta tener el trastorno clínico completo para mostrar rasgos de este tipo. Chicharito ha mostrado signos públicos de indecisión, rigidez emocional y dependencia afectiva, al grado de alinear su lenguaje, estilo de vida, y creencias públicas al discurso de Dreyfus.

  1. Vulnerabilidad situacional. El futbolista ha atravesado crisis existenciales, rupturas amorosas, pérdida de estatus deportivo, aislamiento emocional y la presión de reinventarse como figura pública más allá del deporte. Este tipo de vulnerabilidad aumenta el riesgo de engancharse con “salvadores”, coaches o gurús que prometen claridad, control y sentido.
  2. Disonancia cognitiva no resuelta. Cuando alguien empieza a seguir a un gurú como Dreyfus y sacrifica relaciones, credibilidad o empleos, la mente trata de justificar esas pérdidas como “necesarias para crecer”, lo que genera una disonancia que solo se resuelve profundizando más en la relación. Cuanto más pierde, más se convence de que “está en el camino correcto”. Esto explica por qué no sólo no se aleja, sino que redobla su lealtad incluso cuando pierde oportunidades profesionales como su lugar en Chivas, o es cuestionado por sus constantes comentarios misóginos.
  1. Necesidad de control ante un mundo caótico. Los coaches como Dreyfus ofrecen una narrativa cerrada, binaria, de “si haces esto, obtienes éxito”. Esta simplicidad se vuelve adictiva para personas que no toleran la ambigüedad emocional, el fracaso o la pérdida. La dependencia no es solo afectiva, también es epistemológica: necesitan que alguien les diga qué pensar, qué sentir y cómo vivir.
  2. Aislamiento autoinducido. Cuando una figura como Dreyfus se convierte en el centro del sistema de creencias, es común que el individuo empiece a aislarse de amigos, parejas, colegas o familiares que cuestionen ese vínculo. Se genera una cámara de eco donde sólo lo que refuerza al gurú es válido. Eso destruye relaciones personales —como le ha ocurrido a Chicharito con varias parejas— y eventualmente también relaciones laborales.

¿Y cómo afecta esto al rendimiento profesional?

Profundamente. Un futbolista depende no sólo de su físico, sino de su estabilidad emocional, foco mental y relaciones saludables. La dependencia hacia una figura que impone dogmas emocionales puede fragmentar su capacidad para:

  • Tomar decisiones autónomas en el campo.
  • Mantener concentración sin la necesidad de validación externa.
  • Procesar críticas o fracasos sin desmoronarse emocionalmente.

Es posible que, al perder contacto con su entorno real y volcarse en una narrativa espiritual tóxica, el Chicharito haya sacrificado la conexión con su propio instinto deportivo, lo cual deteriora inevitablemente su rendimiento.

La sumisión del macho alfa: Chicharito, el discípulo que lo perdió todo

Chicharito encontró en Dreyfus no a un guía, sino a un espejo. Y como en todo juego de poder, para que haya un sádico hace falta un masoquista dispuesto. El problema es cuando ese vínculo deja de ser privado y empieza a permear discursos públicos, justificar misoginia, destruir relaciones y, eventualmente, costarte tu lugar en la cancha. Porque cuando un adulto elige renunciar a su criterio, a su autonomía y a su voz, no solo se convierte en esclavo voluntario: se vuelve un amplificador peligroso de ideologías dañinas.

Es por eso que ante un periodo de vulnerabilidad debemos ser vigilantes con lo que consumimos, porque hay semillas envenenadas de rencor y complejos que no van a germinar más que en la desesperanza.

Todo esto se trata de masculinidades rotas, discursos vacíos y el silencios incómodos de los medios.

Pero.

Lo más preocupante no es el Chicharito hablando desde su pedestal espiritual, ni Sheinbaum haciendo campaña con los cuerpos de otras. Es el silencio cómplice de la industria deportiva, los patrocinadores y los medios que apenas se atreven a levantar la voz. Porque cuando el dinero habla, los principios callan…