Chapo Underwood

blogeditor · 7 de marzo de 2014

Chapo Underwood

Por: Julio Juárez Gámiz (@juliojuarezg)

Lo que más me gusta de House of Cards es la ficción. Lo que más me gustó de la aprehensión del Chapo Beltrán también. Cada episodio de ambos dramas cuenta su narrativa como mejor parece a los productores y directores.

Cualquiera podría decir que comparar una serie de ‘televisión’ acerca de la corrupción política estadounidense con la realidad de la corrupción política mexicana es un disparate partiendo de lo más obvio. La primera es un producto de consumo en el mercado del entretenimiento (sin duda bien manufacturado y distribuido ingeniosamente –vía Netflix exclusivamente-) que impacta el tiempo de ocio de millones de personas. La segunda es un chabacano amasijo de fachadas, impresiones y simulaciones con un impacto real en la calidad de vida de millones de personas.

O tal vez no. Quizá la detención del Chapo no sea más que una nueva efeméride en el calendario de la historia nacional (nuestra gran mini-serie). Tan inútil como el día de la bandera o la recreación de la Batalla de Puebla.

En una reciente entrevista televisiva, Kevin Spacey, al actor que encarna al ambicioso Francis Underwood de la serie decía, respondiendo a la pregunta sobre la investigación actoral acerca del comportamiento de los políticos, que si bien la política es una gran puesta en escena los políticos estadounidenses son muy malos actores. Y qué decir de sus colegas mexicanos.

La ficción es posible siempre y cuando exista una realidad contra la cual se pueda contrastar. El chaparro concepto de la ‘política ficción’ es un engaño precisamente porque en la política mexicana no existe la realidad. Todo análisis sobre la detención del Chapo ha sido producto de conjeturas, filtraciones, venganzas o pura y retorcida clave morse. El origen de la inteligencia para la captura, las supuestas donaciones a la campaña de Enrique Peña Nieto, el proceso de extradición a los EUA.

Y qué ingrata es la vida del capo. Un día eres uno de los hombres más ricos del mundo para la revista Forbes y al siguiente un reportero de tvynovelas da a conocer al mundo, agárrense, la cama destendida en donde pasaste la última noche con tu esposa. Vives atrapado en la gigantesca paradoja de manejar un lujoso auto de tres millones de pesos que sólo puede lucirse en su trayecto de Badiraguato a Culiacán y, ya en plan grande de fin de semana, hasta Mazatlán.

[contextly_sidebar id=”93699d313d1038f3ccee05515d838039″]La sociopatía es un potente cóctel que sólo sabe bien cuando mezcla en dosis adecuadas la ficción con la realidad. El político que juega al poder descabezando enemigos (figurativamente) o arrojando periodistas a las vías del metro (literalmente) es atractivo para la audiencia en proporción directa a la posibilidad de que, en verdad, exista alguien así de macabro en los pasillos del Congreso o la Casa Blanca. No dudo que más de un político mexicano moje las sábanas soñándose la versión local de Francis Underwood.

Y el mito del Chapo anida en el alambre que va de la realidad a la fantasía. Una mezcla de esquizofrenia altruista y monografía de papelería. Con una mano acaricia a sus hijos y con la otra manda colgar de un puente a los hijos de otros. Un Monte de Piedad vengativo e impredecible. Cantan los corridos que con la droga ataranta a los gringos y procura el bienestar de sus paisanos. Es un emprendedor mexicano que ha conquistado al mundo, el Cuarón del narcotráfico internacional. Viva México cabrones.

Pero todo es mentira ¿no es cierto? La farsa del mito que, como mierda de pájaro, mancha la estatua de cada uno de nuestros próceres. Y como en todo comportamiento esquizoide la relación causa-efecto no es uno de sus fuertes. Todo ascenso en una carrera criminal es, en realidad, un descenso en caída libre. Una vez iniciado nada lo puede detener.

Hasta el reajuste de fuerzas entre los grupos políticos cercanos a Peña Nieto gira en torno a su captura. El procurador Murillo le pone el cascabel al enviado Alfredo Castillo y, con sobriedad y beneplácito, anuncia a cuadro, que el capo más buscado ha caído. La mancha más negra de los dos sexenios panistas recibió su dotación de cloro tricolor. Quién sigue. Qué importa.

* Julio Juárez Gámiz es es investigador del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH-UNAM)